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martes, 4 de noviembre de 2014

Primer año de Daño Universal



Cuando Reikiavik montó un crowdfunding en febrero del 2013 para su primer largo, no lo dudé ni un momento. Adiós ahorros, a pesar de tener la gira del propio Mark Owen a la vuelta de la esquina. Pero era cuestión de prioridades y relevancia. Hacía realmente poco que conocía en persona a los chicos de Reikiavik, y eso de los crowdfundings era también algo relativamente nuevo en mi mundo. Hubo gente, bastante, que me dijo que estaba loca, que era demasiado confiada, que te van a tomar el pelo, te están engañando, es un timo... Pero esas personas no sabían ni comprendían lo mucho que me habían calado sus canciones. La música que ellos hacían había llenado los últimos meses, unos meses llenos de cambios, música que había ayudado a superarlos a una que tenía fobia a los cambios. Además, sabía por todos los conciertos y charlas previas que aquel disco iba a merecer la pena, y mucho. Muchísimo. No podía quedarse en el tintero, me negaba rotundamente a aquello.

Y tras una larga espera, casi de un año, por fin llegó Daño Universal. Cuando vi las fotos que me enviaron, recién desempaquetados, no lo creía. La felicidad me duró meses, pues por otro lado todos los medios hablaban del grupo y decían maravillas (menos uno) del disco. No veía el momento de tener por fin mi vinilo y comprobarlo con mis propios oídos.

Y de eso hace ya un año. Un año en el que ha ido asentándose mi opinión sobre el disco, un año donde se ha convertido en el disco que más ha sonado en casa, en el trabajo, en vacaciones, en los mejores momentos, en los peores...

Y aunque yo soy más de “este disco me gusta, éste no, aquel pseee...”, es imposible no desgranar uno que te ha encantado. A pesar de haber escuchado ya algunos temas en concierto, eran sólo unas demos en el sentido que casi nada tenían que ver con el disco final. Después del disco, esas mismas canciones volvieron a ser modificadas para el directo, más similares al vinilo que las primeras. Era como escuchar tres versiones de la misma canción, con lo cual mi cabeza no sabía por cuál decantarse. Al principio me gustaban todas, pero como he dicho, tras un año las opiniones van variando y cimentándose.

El disco se abre con Plan De Despedida 1 (Plan 1, como ponían en los setlists para abreviar). Antes del disco ya la tocaban pero por entonces para mí pasó desapercibida totalmente. En el disco queda más que demostrado que han sabido sacarle todo su potencial y hacerla más suya. Si tuviera que describirla en una palabra: potente. Otros músicos para abrir un disco hubieran escogido una canción con ritmo pero sin pasarse. Pero ellos no, ellos pusieron su tarjeta de presentación sincera y sin tapujos. Marcando la diferencia desde el principio. Y en directo, tras el lanzamiento del disco, impresionante, aunque dependió mucho del local, pues durante la gira de presentación hubo algunos sitios donde parecía que le daban más protagonismo a las guitarras que a la voz, y eso tampoco es, aún a pesar de que la letra sea tan metafórica.

La segunda canción es mi favorita de todo el disco. Me costó decidirme pues había otras dos que me volvían loca, pero desde el primer momento que escuché Aquellas Calles, no voy a decir que me gustó tanto como Primavera del 90, pero casi. Y no puedo decantarme por su versión anterior al disco, ni la del disco ni la del directo, pues tanto en acústico con sólo tres guitarras, donde gana mucho, como en eléctrico, es para quitar el hipo. Será todo lo ñoña que digan algunos, pero es que me van las canciones deprimentes. Y si además tienen un ritmo de esos que se te meten en la cabeza, para qué más decir. Y es que de este tema me gusta todo, desde el ambiente urbano del principio como del final, donde se desvanece con unos acordes de guitarra que ya quisiera yo aprender, hasta unas letras llenas de nostalgia y tristeza: "Aquellos trazos que tus manos describían por mi piel son fobia al olvido", "Fuimos tan ingenuos que que toda realidad nos descubrió y nos empujó a crecer" o "Y todo ha sido tan deprisa que no puedo agarrarte y detener el tiempo".

El siguiente corte sirve para hacer de Aquellas Calles un paréntesis de calma, pues Daño Universal es de nuevo una canción bastante cañera, tanto o más que Plan 1. Fue una de las que apuntaban a ser de mis favoritas pero que al final se ha quedado con un muy respetable tercer puesto en mi lista. Creo que es de las que menos han sido modificadas en ese espacio de dos/tres años desde que la tocaron por primera vez hasta después en la gira de presentación. Desde mi punto de vista antes era como más lenta, adquiriendo la fuerza más de la voz que de las guitarras. Así que cuando escuché la versión del disco, en concreto del último estribillo ("Ya no puedes silenciarnos, son eternos nuestros lazos") lo primero que pensé es: "fijo que Javi ha estado cantando con una botella de oxígeno junto al micro", y temí seriamente por su versión en directo (pero son chicos listos y no ocurrió nada catastrófico). Quizás en comparación con Plan 1 es menos cañera en el sentido que a lo largo de la canción va alternando ritmos más pausados como más rápidos, pero toda la energía parece explotar al final (momentos previos al "pero yo sigo luchando"). Por otro lado, creo que ha sido de las primeras canciones que he escuchado de ellos con ciertos toques que podrían tildarse de políticos, pero en la justa medida y un poco ambiguos, con lo cual siempre quedarán sometidos a la subjetividad del oyente.

Alrededor De La Tierra, otra vieja conocida. De ésta siempre recordaré aquel ensayo y la actuación del día siguiente. Contagiosa se queda corto en aquella ocasión; estuve con la canción metida en la cabeza semanas enteras y no había forma de despegarme de aquel naaaanananaaaaa (o laaaalalalaaaaa, no lo tengo claro, pero prefiero la N que es menos Masiel). Posteriormente en el disco, exceptuando un par de cosas, no la veo tan diferente pero para mí ha perdido algo de gancho. Uno de los cambios más significativos es la intro, muy étnico, una mezcla extraña de sonidos que me hacen pensar en Arabia y en India a partes iguales (de viaje, como el título). Pero el cambio que más me llamó la atención fue al llegar a la trompeta, todo un WTF en letras de neón. Y es que nunca sabes por dónde van a tirar estos chicos, que lo mismo le dan a la pandereta, que tocan un ukelele que te meten una trompeta al final de una canción.

Cuando tuve el disco entre mis manos y me senté a escucharlo, reconozco que hubo dos canciones que fueron directamente a los últimos puestos de mi lista. Puede Ser es una de ellas, y sigue ocupando el penúltimo puesto, a pesar de que tras este año he sabido valorar esa guitarra del final, y el cambio en el estribillo ("Ya no puedo soportar un día entero más. Ya no entiendo este lugar como lo hacía ayer") que no pintan tan mal. Pero por el resto de canción, sin comentarios. Quizá necesite un año más para valorarla, pues está claro que la letra es de las que me deberían de gustar: deprimente, agonía, nostalgia; la combinación perfecta. Pero de momento, permanece en ese puesto, justo al mismo nivel que El Gran Perdedor.


Pasando la mitad del disco está Abismo, la hermana de Alrededor De La Tierra. Y digo hermana en el sentido que surgieron en los conciertos al mismo tiempo, y más de una persona me ha comentado lo parecidas que son. Sin embargo, si me dieran a elegir, me quedo con Abismo, a pesar de haberla aborrecido un poco (bastante) de tanto escucharla. Pero ese toque sensual que le han dado en el disco fue otra grata sorpresa que para mí hizo que ganara muchos puntos. Jamás imaginé que pudieran hacer canciones de este estilo, y fíjate por dónde...

La canción con el título más largo del disco, Tú El Dictador Y Yo El Revólver, otra de mis favoritas. Simbiosis perfecta de guitarras, teclados, sintetizadores (y mira que me gustan poco), letras con mensaje casi político estilo Daño Universal (subjetivo, siempre subjetivo), y el ambiente, efectos que caracterizaban sus directos a finales del 2012. Es mi canción de los lunes, he de reconocerlo. Y es que esos sonidos tan rutinarios como son el reloj, la alarma, servirse café y la cucharilla, son muy de madrugar para ir al curro. Es una de mis canciones analgésicas: si estoy de mal humor y/o asqueada, esta canción consigue animarme de una forma asombrosa e instantánea. ¡Y qué decir del directo! Brutal, pura energía que invita a bailar hasta al más parado. El solo que hay de teclados, seguido por el de la guitarra, son extraordinarios. Y lo bueno del directo, que pueden explayarse un poco más, y lo hacen, y se agradece.

Volvemos a una balada, pero quizás la que más ritmo tiene de todas las del disco. De igual modo que marcaron la diferencia con Plan 1, la octava canción del disco, Acróbata, supuso hacer las cosas distintas al resto del mundo. La canción fue variando levemente antes del disco pero cuando la estrenaron en Corrientes Circulares, puedo asegurar que mi barbilla tocó suelo. Impresionante la canción y el sonido en general. Noté a la legua que aquello marcaría un antes y un después en la trayectoria de Reikiavik al igual que lo hizo Salto Mortal. Aunque, desde mi punto de vista, me pareció algo arriesgado sacar una balada como primer single. Y lo digo por este ejemplo práctico: escuchas un single, en este caso Acróbata, dices “¡Oh, qué bonita! Me voy a comprar el disco” y en cuanto pones el disco te reciben guitarras eléctricas a todo meter. Es un poco brusco desde mi perspectiva, pero también es cierto que ya la gente no se compra discos, y menos basándose en el primer single, así que seguramente esté totalmente equivocada. Acróbata por todo lo que supone siempre será especial para mí, razones tanto relacionadas por ser el primer single y todo lo que ello significa, como personales, y es que a veces las canciones ponen letra a esos momentos que no podemos exponer en palabras. ¿Es una canción de amor? ¿De desamor? No queda muy claro, igual que el vídeo, que da pie a múltiples interpretaciones (y qué risas me he echado haciéndolas). Pero si hay algo con lo que me quedo de esta canción, si pudiera sólo quedarme con una cosa, sería con estos acordes, que cuando hicieron el vídeo para el crowdfunding no sé cuántas veces lo vi tan sólo para escuchar ese final. Pagaría lo que fuera por escuchar una versión sólo instrumental de Acróbata, cosa que no debe de ser muy difícil de conseguir si aún conservan las pistas previas a la mezcla (cough, cough).

Siguiendo en la línea de romanticismo, está Septiembre. Fue de las que menos me gustaron al principio, la voz me parecía del estilo de Puede Ser y los efectos que le habían dado no terminaban de convencerme (hay un teléfono por ahí que no consigo ignorar y que me raya cuando voy con los auriculares porque creo que suena de verdad). Pero todo cambió cuando llegó el directo en La Boîte, donde hicieron una modificación que a muchos les parecerá una tontería pero que a mí me ha hecho cambiar la perspectiva y la opinión radicalmente sobre este tema. Y es que a partir de la segunda estrofa, en los conciertos le meten o acentúan algo, aún no sé muy bien el qué, la batería o el compás de la guitarra acústica quizá, haciendo que Septiembre suene distinta, con más ritmo, más rápida. En cuanto a la letra, ahora que le he prestado más atención, creo que es la que más carga nostálgica tiene, muy bien acompasada con el solo que hay antes de los últimos "los días inmortales son". De cierta manera tiene aire a Aquellas Calles, pero no exageremos.

Por último, Plan De Despedida Número 2, la canción que lo cierra todo, y sobre la cual mi opinión no ha cambiado ni un ápice en todo este tiempo. Y no sé si será porque es la última y no quiero que se acabe el disco, o será porque simplemente es "no". La verdad es que cada vez que empiezan a sonar los pájaros y esa voz enlatada típica de estación, seguido por el efecto-electro-que-no-sé-cómo-se-llama y la guitarra acústica, directamente pulso el botón ffwd para pasar a la siguiente (es decir, de vuelta a Plan 1) antes de que entre la voz. Y es que de ésta no me gusta nada. ¿Por qué la metieron? Imagino que porque les gustará, o por el juego de Plan 1 y Plan 2. Pero mi opinión es que ocupa un bonito lugar que pudiera haber ocupado alguno de los dos bonus, Cápsula (aunque ésta merezca otra posición, u otro disco si nos ponemos) o Velocidad. Creo que pocas veces la han usado como final de concierto, pero recuerdo que una vez lo hicieron, y me deprimí más de lo que suelo hacerlo después de salir de una actuación.


En resumidas cuentas, parece mentira que haya pasado un año desde la publicación de Daño Universal, un disco que he esperado como agua de mayo, como suelen decir los viejos del lugar, un disco que ha significado muchas cosas, que ha llenado muchos vacíos, al igual que  es inseparable ya de algunos recuerdos, ¿o fue el recuerdo primero? Qué más da. A veces cuando se cree en algo, hay que creer a ciegas, y en mi caso, acerté de pleno, rara vez mi intuición me ha fallado. ¿Volvería a repetir? Por supuesto, todas las veces que hicieran falta. Por ellos sí.




Reikiavik estarán presentando su nuevo EP el próximo jueves 27 de noviembre en la sala El Sol, y las entradas se pueden adquirir en Ticketea.

domingo, 26 de octubre de 2014

Head Towards The Dawn

Los mejores discos de mi colección, aquellos que guardo con más recelo, porque son mi favoritos, pero no necesariamente lo que un crítico de música calificaría de buenos, pueden contarse con una mano. ¿Soy exigente con la música? No con todos por igual, reconozco que cuanto más me gusta un artista o grupo, más quisquillosa soy, pero es lo que tiene ser fan. Podemos sacarle punta a todo pero otros de fuera del "círculo", que ni se atrevan.

Uno de estos discos “intocables” es Head Towards The Dawn, de Budapest. El disco previo, Too Blind To Hear, reconozco que tiene muy buenas canciones, algunas mejor que éste que menciono (por ejemplo la canción Censored Memories, el himno del grupo, no hay fan que no la adore), pero no es mi disco favorito de Budapest. Pero para aquellos que se han hartado de leerme y oírme hablar de su música, empecemos por ¿quiénes fueron Budapest?


Las raíces de Budapest se basan en cuatro chavales (John Garrison, Mark Walworth, Adrian Kelly y Paul Possart) que decidieron montar un grupo, Red Fridge, el cual luego pasaría a llamarse Budapest con la incorporación del quinto miembro, Chris Pemberton (Pembers), sin olvidar al amigo de siempre y mánager, Smurf (el primer mánager que me ha caído bien). Y todo esto, como fan que soy, lo digo de memoria, así que seguramente haya algún dato que esté mal, lo lamento si es así. De 4 pasaron a ser 5 y entonces grabaron el Too Blind To Hear, del cual no recibieron ni un penique de la discográfica, Easy Street. Como nota más agravante, poco antes de mezclar el disco, Mark Walworth se quitó la vida, siendo un golpe tan duro que John, amigo muy cercano de Mark, no lo superó del todo hasta años después.


Así que entre unas cosas y otras, la banda se disolvió a pesar del relativo éxito que había tenido el disco, sobre todo canciones como Is This The Best It Gets o la aclamada Censored Memories que hicieron mella en la escena tanto británica como española (quizá más la española) de lo que ahora denominan indie (discrepo, pero en fin, eso da para otra entrada de blog...). Pero por alguna extraña razón que no he alcanzado a saber, y nunca sabré, se volvieron a reunir Chris y John, y decidieron resucitar Budapest. Tanto Ade como Paul se negaron así que buscaron miembros para esta nueva etapa. De este modo se incorporaron a la formación un jovencísimo Tom Visser (creo recordar que no era ni mayor de edad cuando empezó con ellos), Jimmy Lapworth, Pete Wilson y Mark Seabridge. Es decir, primero fueron cuatro, luego cinco, y finalmente seis, sin olvidar al loco de Smurf, el miembro extra que se oculta en las sombras. Con esta nueva formación publicaron Head Towards The Dawn, con nueva discográfica por supuesto: Sinnamon.


Y aquí es cuando un chaval de Sinnamon fue el que me dio de gratis el single de presentación, Clock Face, a la salida de un concierto de Keane (Barcelona, marzo de 2005. Imposible olvidarlo). La canción correcta en el momento oportuno, como ya comenté en otro post. Recuerdo lo escéptica que me mantuve al principio, pero nunca hay que juzgar un libro por su portada, y un disco, menos. Porque además si te metes con que es un nombre poco imaginativo para una banda, el destino te juega mala pasadas (coff, coff). El escepticismo sobre el nombre de la banda despareció tan pronto sonaron los primeros acordes de la canción, la cual se convertiría en mi favorita, y en mucho más meses después.

Cuando por fin el disco cayó en mis manos, el 99% del resto de mi colección de CD's desapareció. ¿Cómo había podido estar todo este tiempo sin escucharles? ¿Por qué no llegaron a mí antes? Desde la primera canción, Say Something Wonderful, o Get Me Home que sonaba muchísimo mejor en directo, hasta la desgarradora Questions, todo era un mezclum de nostalgia, tristeza profunda, disconformidad y rabia. La excepción que confirma la regla: All This Time, que creo que es la canción más alegre que ha escrito John Garrison en toda su carrera. Podría pensar que el ritmo del siguiente corte, Oh Yeah, suena también bastante alegre, pero sigue la constante del disco acerca de huir, de alejarse, de marcharse porque donde está estacionado le está destrozando por dentro ("I will show my light upon you, it's time for me to go").

Pero la que se lleva la palma en canción deprimente, como comentaba, es Questions, dedicada a Mark Walworth, canción que da qué pensar. Como bien indica el título, es una canción consistente en una retahíla de preguntas ("All I want to know, did it cross your mind what you'd leave behind" o "Did you give a clue, I swear I never knew") a las que desgraciadamente no hay respuesta. Frases como "We talked of our tomorrow but you never came." o "And do you know, the thing that just won't lie, You never said goodbye." que te emocionan y te hace ver cómo de frágiles son las personas y cómo de la noche a la mañana tu vida puede cambiar sin esperarlo.

Quizás en mi lista de favoritas, tras Clock Face está Questions, pero muy de cerca le sigue Something Somewhere, porque con el paso del tiempo ha terminando siendo la canción que me recuerda a ellos, a Budapest, a todas las charlas que jamás pensé tener, al foro donde tan bien nos lo pasamos, a los dos únicos conciertos que asistí de ellos, a todos los amigos que hice, a todo lo que aprendí del mundo musical, tanto bueno como malo, el punto y aparte que supuso su música, y tantas cosas más que no caben en un blog. Porque aunque se separaran, aún quedan sus discos ("I know you'll always be there, I know you'll stay near") a los que recurro siempre que lo necesito. En Instagram me dio por crear el hashtag #cancionescomomantitaseninvierno para definir esas canciones en las que rebozarse y regocijarse, y dejar pasar el tiempo mientras las escuchas en bucle. Pues bien, la gran mayoría de este disco podrían definirse con ese hashtag.

Así que no me importa cuando la gente me pregunta quiénes son ésos cuando en realidad no les interesa, porque lo realmente importante es que sé quiénes fueron para mí, y a pesar del transcurso de los años, y del distanciamiento "social" que ha existido entre nosotros, su música siempre será parte de mí.


jueves, 2 de mayo de 2013

Reikiavik


De izq. a dcha.: Javi (voces), Miguel (guitarra), Raúl (guitarra), Ernesto (batería)  e Isma (bajo)


Reikiavik es un grupo de Madrid que, como aquel quien dice, "están empezando". Afirmación que comparto en cierta medida, no del todo, pero de eso ya hablaré más tarde. Por otro lado, no soy de poner etiquetas, pero si tuviera que describrir su música, diría que se acercan más al rock que al pop, aunque constantemente están probando y lo mismo te saltan con una canción romanticona que con una electrónica y oscura.

Pero empecemos por el principio. Conocí a Reikiavik hace dos años, en el 2011, por uno de esos anuncios que salen en la parte derecha del Facebook. "Influencias de Oasis... Indie brit rock...", o algo así decía. "Y yo que me lo creo", pensé para mí misma. Oasis nunca han sido santo de mi devoción, no tengo ninguno de sus discos y podría decirse que ni siquiera he escuchado todas sus canciones, pero las pocas canciones que me gustan de ellos, no me gustan, me encantan. Además, los considero una parte importante de la historia musical de los noventa pues desde mi punto de vista hay un antes y un después de ellos. Y por eso mismo, y por la curiosidad y el hambre de música nueva, me metí en su página y escuché las pocas canciones que mostraba. Reconozco que tengo (o tenía hasta hace unos años, poco antes de conocer a Reikiavik) ciertos prejuicios contra la música cantada en castellano, pero cuando todo lo que escuchas en ese idioma es una bazofia, se tiende a generalizar. Por suerte para mí, les di una oportunidad y me decidí a escucharlos. Lo que en aquel momento se me estaba pasando por la cabeza era "¿cómo pueden osar compararse a Oasis? Y encima, a saber por esos títulos, cantan en español". La cosa no pintaba bien.


Las canciones que mostraban eran la primera demo. Creo recordar que la primera que escuché fue Cristal, una canción con ritmo constante y letra extraña. Seré sincera, en ese momento no me gustó nada de nada. Luego estaban Satélites, canción con la que es fácil identificarse, Partículas De Mí que ya me convenció un poco más en la parte del estribillo que cambia el ritmo, y Luna, que llamó mi atención por la historia que la letra contaba, y frases como "el final de tu vida no está escrito en ningún guión" o la imagen de "Luna no ríe, Luna ya no baila y queda una melodía ahora desgastada" encendieron una chispa de creatividad en mi mente, dándome múltiples ideas para posibles relatos y algunos montajes de vídeos. "Ché, pues no suenan mal, me molan...".

Pero entre esas primeras canciones, la que me enganchó y me dejó con ojos y boca bien abiertos fue Primavera Del 90. De una primera oída ya me cautivó completamente, en gran parte por ese toque nostálgico mezclado con la energía de las guitarras. Y luego, lo que me gusta de mis canciones favoritas, el rasgo común entre ellas, el subidón del final, de esos que notas cómo va subiendo y en el último estribillo el cantante aumenta el volumen de su voz para ponerle más empeño y pasión. Han pasado ya dos años y, a pesar de todo, es una canción que me anima, me ayuda a reiniciar y a coger fuerzas para seguir adelante.



Al poco de aficionarme a a su música, supe que ese verano darían un concierto en un local, y entre lo barato de la entrada, que regalaban CD's y las ganas de comprobar cómo sonaban en directo, allí nos plantamos mi partenaire y yo. El lugar era un pub normal, me recordaba mucho a los de El Barrio, en Alicante: pequeño, más parecido a un piso de protección oficial que a un pub, con poca luz y la música sonando bastante alta. Cogimos nuestra consumición incluida en la entrada y nos colocamos a la derecha del escenario (extrañas costumbres/manías que tengo sin darme cuenta). Ahora mismo no recuerdo si alguien más tocó aquella noche, ni qué canciones tocaron y cuáles no (soy malísima para recordar los setlists), sólo me acuerdo de que empezaron con Cristal. Sí que recuerdo que quedé impresionada, y mucho, primero por la diferencia de cómo sonaban las canciones en directo, muchísimo mejor, con mayor fuerza, y en concreto Cristal en vivo para mí no tenía nada que ver con la demo. Y en segundo lugar, en plan anécdota, porque cuando empiezas a escuchar a una banda, te "inventas" el aspecto que tendrán, y mi intuición acertó en todos menos en uno, en el cantante, que no me imaginaba para nada que tuviera ese aspecto o estilo entre grunge y rockero de los 80. Después del concierto se dedicaron a repartir CD's de la demo, que hoy guardo como oro en paño ya que es el único donde está Primavera del 90.

Después de aquel día empecé a prestarles atención por el Facebook, comprobando que no sólo eran apariencia y cuatro canciones sin más, sino que no paraban quietos un segundo: cuando no estaban organizando el próximo evento, promocionaban sus canciones, componían nuevas... Y así fue como fui a más conciertos, escuchando bandas nuevas para mí, conociendo no sólo de oídas más sitios de la noche madrileña, y ante todo corroborando que lo de aquella noche de junio no era casualidad y que Reikiavik no sólo mejoraban muchísimo en directo, sino también en el tiempo, comprobando que cada vez tenían mejores cosas que ofrecer y que cada vez sonaban mejor.

De hecho, después de esa primera demo, en el 2012 sacaron el EP Instantes (como siempre, gratuito y hecho por ellos mismos), donde yo me quedo con Habitación de Juegos, una canción de las lentas pero con ritmo, y por supuesto, el temazo que para mí les puede dar ese pequeño empujón para hacerse notar, porque no he oído nada igual. Salto Mortal. Guitarras por doquier, una de ellas con el ritmillo que se te mete dentro de la cabeza, contagioso a más no poder, al igual que la letra, sencilla, directa, un estribillo fácil de recordar. Son de esas canciones con las que es imposible no moverse. Y en busca de opiniones más objetivas, he ido pasando la canción a gente que no les conoce de nada, y a todo el mundo le ha gustado. De hecho, una conversación que empezó con "¿de quién son todos esos conciertos a los que vas?" pasó por un "me recuerdan a The Smiths." o "¿Qué guitarras usan?" y acabó en un comentario que nunca olvidaré, más que nada porque no me lo esperaba: "Están bien, la suerte/desgracia es que les hace falta un Alan Parsons que les dé un toquecito comercial a sus canciones. Pero la frescura que tienen es muy buena". Yo ahí lo dejo, por mi parte puedo decir que no he escuchado mucho a Alan Parsons, y que las comparaciones son odiosas, pero a veces inevitables.

Pero parece ser que la suerte de momento les roza pero no les toca. Pero ellos siguen trabajando, grabando nuevos temas, participando en concursos... Currándoselo como no se lo he visto currar a otros que están en el estrellato. Y además, prueban con estilos nuevos. Ahora por ejemplo se han puesto algo más sentimentales y tienen temas como "Aquellas Calles" o "Acróbata" de los que te hacen suspirar. Eso sí, experimentar pero sin perder esos rasgos que tanto les caracterizan. Y para seguir subiendo, se han decidido a lanzar su primer LP, pero esta vez necesitan financiación externa así que han hecho un crowdfunding que están a punto de conseguir.



Como decía al principio, Reikiavik para mí no acaban de empezar, llevan casi tres años como banda, más todos los años anteriores en los que pertenecieron a otros grupos, y la experiencia es un grado como se suele decir. Puede ser una opinión cargada de subjetividad, y no me canso de decirlo, pero yo pienso que estos chicos prometen, y creo firmemente que en algún momento, ojalá que pronto, se les reconozca sus ganas y su trabajo. La verdad es que en estos dos años se han convertido en una de mis bandas favoritas, y al igual que mis otros cantantes favoritos, me da rabia pensar en que un material de tal calidad se quede en el tintero. Tan sólo hace falta "un punto de suerte", como dice el propio Javi.