When the tears fall away
And there's no conversation
There's nothing left to break
That's not already broken
You're staring into space
And every inch of silence
Been standing here for days, and days
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Haven't we heard enough?
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Doesn't matter any more
In the sudden light of day
The weight of expectation
Hurt begins to fade
As you find a new direction
Been talking here for days and days and days
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Haven't we heard enough?
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Doesn't matter any more
All of the miles of words we've spoken
All of the lines that got away
Didn't we take the time to say them all?
All of the miles of words we've spoken
All of the lines that got away
Didn't we take the time to say them all?
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Haven't we heard enough?
Said it all
Nothing to say at all
Nothing to say that matters
Haven't we said it all?
Podría contar que They Do es una canción de Mark Owen. Podría hablar de que es el primer corte de su tercer disco en solitario, How The Mighty Fall, cuya fecha de lanzamiento fue el 18 de abril de 2005. Podría decir quién la compuso, quién la produjo, quién tocaba qué instrumento, cuántas versiones en directo distintas hay, dónde se grabó, dónde se mezcló, qué posición alcanzó en las listas de ventas, cuántas copias vendió, etc. Podría copiar y pegar la Wikipedia entera o tirar de memoria directamente sobre datos fríos y tangibles sobre este disco. Pero no.
Choose a song
So that your heart can sing
Is it how it is?
How you make it?
No one knows everything
And if you're wondering
Do the years fly by too soon?
They do
And if you're wondering
If the skies look down?
It's true,
They do.
They all look out for you.
¿Qué importan todos esos datos cuando una canción te cala tan hondo que sin importar tu estado de ánimo, te anima cuando estás alegre, te motiva cuando fallan las fuerzas, te eleva cuando estás de subidón, te consuela cuando estás triste? ¿Qué importa que haya alcanzado la máxima gloria o que no haya vendido muchas copias cuando la canción se convierte en un himno de tu vida, una manera de resumir todos tus temores y sueños, la mejor banda sonora que puede existir en tu vida, ésa que la escuchas y te sientes tan sumamente identificado que te sientes como si te hubieran robado algo preciado y secreto?
Make your vote
Buy a drink
Get a job
Learn to drive
Kiss a girl
Or a man
When you can
Find the one you love who you walk with side by side
And you might live in a house
And you may fall out
But you might watch your children grow
Este 2015 han hecho 10 años desde la primera vez que la escuché. Como dice otra canción "...and the feeling is still the same...". Ya sea en aleatorio o buscándola, algo se me mueve por dentro cada vez que empieza a sonar ese piano, tan cansino que dirían algunos pues es la misma nota repetida una y otra vez, y esa voz, la voz de Mark que podría distinguir entre miles, una voz que a fuerza de escucharla durante estos 19 años he conseguido entender a pesar de que hable un inglés de lo más cerrado.
And if you're wondering
Do the years fly by too soon?
They do
And if you're wondering
If the skies look down?
It's true,
They do.
They all look out for you.
Y luego está cuántas cosas me recuerda la canción, desde mi primer encuentro con el propio Mark hasta todas las amistades nuevas que pensé que nunca encontraría, todo lo que supuso personalmente el 2005, tanto bueno como malo, lo que aprendí, lo que descubrí... En definitiva creo que fue un año donde vi más claro todo. No es que se lo deba todo a la canción, pero es la canción que resume todo. Tengo muchas canciones favoritas pero ésta sin duda se merecía una entrada aparte, para ella sola.
Nunca había sido gran seguidora del folk, hasta que años después de escuchar Damien Rice, descubrí que ese tipo de música acústica y tranquila se llamaba folk. Había confundido el folk con el country, bieeen... Pero dejando a un lado el hecho de que hay excepciones en el contry, y que no considero que lo de Damien sea folk, hoy voy a hablar de un músico que sí entra de pleno en mi concepto de folk.
Conocí la música de Stylusboy de rebote. John Garrison tocó en Coventry allá por el 2010, en una cafetería llamada Esquire Coffee Shop. Sí, en una cafetería estilo Starbucks. En EEUU es bastante común, John solía tocar en los cafés durante su etapa Above The Cosmos en Nueva York. Pero en Reino Unido se me hacía raro. Me pareció un sitio donde nunca le habría imaginado tocar, así que no creía que se volvería a repetir. Me equivoqué y Stylusboy volvió a organizar el mismo evento meses después. Y dado que la ocasión de verle en Nueva York había pasado, decidí ir a verle a Coventry ese mes de octubre. La ciudad en sí no me llamaba demasiado, lo poco que conocía de ella era gracias a John y sus antiguos compañeros de banda. Busqué información turística y preparé el viaje. Primero Londres y de ahí a Coventry, a apenas una o dos horas en tren.
Poco antes de comenzar la actuación, alguien nos dio un papel con las actuaciones de aquella tarde: John, Stylusboy y Jess Morgan. El ciclo de actuaciones comenzó con ésta última, también dentro del estilo acústico-folk-country-nosécómollamarlo-estoeramásfácilconelMySpace. Después de Jess, la cual no nos convenció mucho, dio paso al entonces dúo Stylusboy: un chico flacucho con guitarra acústica y gafas, y una chica morena, Rachel Grisedale, cuya voz unida a la de Steve nos encandilaron desde la primera nota.
A partir de ahí a seguirles la pista en todos los sitios web habidos y por haber. La música a diferencia de lo que solía escuchar, no tenía tanto de nostalgia, e incluso en las canciones tristes percibo un poco de optimismo, lo cual me pareció curioso. Aunque la verdadera sorpresa es ver cómo se lo curra aquí el amigo. El matiz retro de su música también ha sido impregnado en cada EP y disco que ha publicado, cuatro hasta la fecha: Fingerprint (EP), Whole Picture (EP), Lantern (EP) y Hospitality For Hope. Cada caja donde vienen los CDs son de cartón y en lugar de mandarlos a una imprenta, tiene sus propios sellos de caucho con los que han hecho las imágenes de portada y contraportada. No sólo eso, sino que su stant de merchandising es una maleta antigua, que deja abierta en modo expositor de CDs decorada con lucecitas. Muy boho.
Primero me hice con Whole Picture, título también de mi canción favorita de él (junto con Love's Tale), y tras una larga espera, compré Hospitality For Hope tan pronto lo publicó. Cuando este disco me llegó a casa, aquello parecía Navidad. No sólo el CD con su caja de cartón, sino miles de pequeñas cosas, como notas de agradecimiento y el autógrafo con dedicatoria. Nunca me habían mandado un CD con tanto detalle, y se veía que era totalmente hecho a mano, lo cual requería su esfuerzo y empleo de tiempo.
Ahora mismo Stylusboy se encuentra trabajando en algo que aún no ha desvelado, después de pasarse todo el verano tocando en todo festival que ha podido y haciendo versiones de canciones conocidas que pueden escucharse en su Soundcloud bajo el título de The Duvet Collection No tienen desperdicio. Mis expectativas crecen día tras día, y con ellas mis ganas de descubrir de qué se trata.
Es difícil aparentar que estás bien cuando no es así, más tras recibir un golpe bajo. Rápido, inesperado, de los que te atraviesan el pecho abriéndose paso hasta la columna.
Pero lo que a ti tanto te afecta y te duele, a los demás les parece una tontería. Y por eso lo ocultas. Intentas recibir el golpe y que no se note ni un ápice en tu mirada, que no te tiemble la voz y evitar desahogarte en un llanto sin fin. Porque no quieres que nadie, alarmado, te pregunte qué te sucede, porque sabes que en ese momento de debilidad lo único que recibes es incomprensión o, en el mejor de los casos, gente que con toda su buena fe no sabe cómo reaccionar.
Ninguna fan está preparada para el momento de decir adiós a su banda favorita. Te mentalizas, es de dominio público que toda carrera musical tiene su final, ya sea con punto y aparte, puntos suspensivos o punto final. Y en la actualidad (no sé por qué razón) usan los puntos suspensivos cuando en verdad es un punto final. Pero por mucho que digamos eso de "les quedan dos telediarios" o "esto huele a despedida", cierto es que nunca se está suficientemente preparada para recibir el puñetazo en la boca del estómago. Es una cosa que sólo l@s fans podemos llegar a comprender, aunque no seamos seguidores del mismo grupo disuelto. Cuando le sucede a otra, es inevitable ponerse en su lugar y pensar en cómo reaccionaríamos si nuestro grupo fuera el disuelto.
Es verdad que se puede llegar a ser fans de varios grupos al mismo tiempo, pero no todos nos calan igual. Unos más, otros menos, pero esos primeros son los que realmente duelen. Duelen porque en el caso de que sea un grupo y no un solista, a pesar de ser diferentes miembros, lo conceptuamos como uno, como banda, grupo, etc. Es una combinación de varios músicos que pasan a ser un ente, un ente que muere, porque esa combinación de cabezas pensantes no volverá a darse porque ya no "trabajan" para el mismo objetivo. Cualquiera dirá que luego vuelven, que después uno colaborará con otro, porque a veces el fin del grupo no significa que termine la relación personal entre los miembros.
Pero aún volviendo, aún colaborando algunos, no es lo mismo, no lo será porque ya no se ve del mismo modo. Ya no tocan por un mismo objetivo, tocan juntos porque les apetece, como algo puntual. Y si vuelven para hacer ese punto y aparte, no sigue viéndose igual que antaño. Yo he tenido inmensa la suerte de ahorrarme la disolución y disfrutar de la vuelta de una de mis bandas favoritas como si empezaran de cero; han creado temas y discos nuevos para todos los gustos y opiniones, y aún así, cuando escucho esos discos y veo las fotos actuales, no los identifico como los que fueron. No es la misma banda que conocí antaño.
¿Se puede llegar a hacer comprender a la gente cómo afecta esta "pérdida"? Nunca. Ni siquiera los propios artistas lo entienden, así que ¿para qué luchar y gastar saliva en explicaciones que sólo van a reafirmar lo que ellos piensan, que son tonterías? Chiquillerías, como también he oído en numerosas ocasiones. Cosas que les enerva a los que te rodean, o te compadecen "ay qué penita, cómo llora la cría". Pero eso cuando tienes quince; si pasas la veintena, te tienes que aguantar, callar y mantener la compostura para que la reacción no sea peor, y te tilden de imbécil, o de psiquiatra.
Y si aún así preguntan, sonríe aunque tus ojos lloren, y responde "nada" que tiene las sílabas justas para que no perciban el temblor en tu voz. Porque para el resto no se acaba el mundo, ni ha fallecido nadie, para ti han muerto esas horas de colas, la emoción de escuchar el directo de tu canción favorita; se acabaron esas charlas con la banda sobre proyectos venideros que nunca verán la luz; esa pugna por tener un single o un disco antes que nadie, poder escuchar lo nuevo cuanto antes; se acabó dar el palique a amigos, conocidos, compañeros y familiares para conseguirles más ventas; el ahorrar para lo venidero, porque ya no hay futuro en el que invertir.
Porque se han acabado esas horas llenas de música que te llenaba, que te acompañaba en los peores momentos y que te animaba, que te reforzaba la felicidad cuando estabas alegre, o que simplemente te motivaba a luchar, a levantarte cada día de la cama, a afrontar tus miedos y tus impedimentos, a batallar en el trabajo hasta la hora de salida, a acompañarte en un día de relax con un libro y la música de fondo, o dándote múltiples ideas creativas que puedes plasmar en dibujo o escritura, por poner un ejemplo. Canciones que han sonado y que han marcado momentos cruciales, pasando a ser la banda sonora de tu vida. Música que, aunque el resto no lo vea ni comprenda, han hecho de tu mundo un sitio mejor.
Por suerte las canciones son eternas y siempre estarán ahí, aún cuando, recién disuelta la banda, no puedas escucharlas porque te parten el alma, y porque es inevitable hacerlo sin emocionarse, sin recordar todos los buenos momentos y toda la gente maravillosa que has conocido gracias a ese grupo. Pero una vez pasado ese tramo de "duelo", pondremos de nuevo nuestro disco favorito con una sonrisa agridulce y agradeciendo que un día se hubieran juntado para formar el grupo, agradeciendo todos y cada uno de los recuerdos que, directa o indirectamente, nos han dejado formando un bonito pasado.
Cuando Reikiavik montó un crowdfunding en febrero del 2013 para su primer largo, no lo dudé ni un momento. Adiós ahorros, a pesar de tener la gira del propio Mark Owen a la vuelta de la esquina. Pero era cuestión de prioridades y relevancia. Hacía realmente poco que conocía en persona a los chicos de Reikiavik, y eso de los crowdfundings era también algo relativamente nuevo en mi mundo. Hubo gente, bastante, que me dijo que estaba loca, que era demasiado confiada, que te van a tomar el pelo, te están engañando, es un timo... Pero esas personas no sabían ni comprendían lo mucho que me habían calado sus canciones. La música que ellos hacían había llenado los últimos meses, unos meses llenos de cambios, música que había ayudado a superarlos a una que tenía fobia a los cambios. Además, sabía por todos los conciertos y charlas previas que aquel disco iba a merecer la pena, y mucho. Muchísimo. No podía quedarse en el tintero, me negaba rotundamente a aquello.
Y tras una larga espera, casi de un año, por fin llegó Daño Universal. Cuando vi las fotos que me enviaron, recién desempaquetados, no lo creía. La felicidad me duró meses, pues por otro lado todos los medios hablaban del grupo y decían maravillas (menos uno) del disco. No veía el momento de tener por fin mi vinilo y comprobarlo con mis propios oídos.
Y de eso hace ya un año. Un año en el que ha ido asentándose mi opinión sobre el disco, un año donde se ha convertido en el disco que más ha sonado en casa, en el trabajo, en vacaciones, en los mejores momentos, en los peores...
Y aunque yo soy más de “este disco me gusta, éste no, aquel pseee...”, es imposible no desgranar uno que te ha encantado. A pesar de haber escuchado ya algunos temas en concierto, eran sólo unas demos en el sentido que casi nada tenían que ver con el disco final. Después del disco, esas mismas canciones volvieron a ser modificadas para el directo, más similares al vinilo que las primeras. Era como escuchar tres versiones de la misma canción, con lo cual mi cabeza no sabía por cuál decantarse. Al principio me gustaban todas, pero como he dicho, tras un año las opiniones van variando y cimentándose.
El disco se abre con Plan De Despedida 1 (Plan 1, como ponían en los setlists para abreviar). Antes del disco ya la tocaban pero por entonces para mí pasó desapercibida totalmente. En el disco queda más que demostrado que han sabido sacarle todo su potencial y hacerla más suya. Si tuviera que describirla en una palabra: potente. Otros músicos para abrir un disco hubieran escogido una canción con ritmo pero sin pasarse. Pero ellos no, ellos pusieron su tarjeta de presentación sincera y sin tapujos. Marcando la diferencia desde el principio. Y en directo, tras el lanzamiento del disco, impresionante, aunque dependió mucho del local, pues durante la gira de presentación hubo algunos sitios donde parecía que le daban más protagonismo a las guitarras que a la voz, y eso tampoco es, aún a pesar de que la letra sea tan metafórica.
La segunda canción es mi favorita de todo el disco. Me costó decidirme pues había otras dos que me volvían loca, pero desde el primer momento que escuché Aquellas Calles, no voy a decir que me gustó tanto como Primavera del 90, pero casi. Y no puedo decantarme por su versión anterior al disco, ni la del disco ni la del directo, pues tanto en acústico con sólo tres guitarras, donde gana mucho, como en eléctrico, es para quitar el hipo. Será todo lo ñoña que digan algunos, pero es que me van las canciones deprimentes. Y si además tienen un ritmo de esos que se te meten en la cabeza, para qué más decir. Y es que de este tema me gusta todo, desde el ambiente urbano del principio como del final, donde se desvanece con unos acordes de guitarra que ya quisiera yo aprender, hasta unas letras llenas de nostalgia y tristeza: "Aquellos trazos que tus manos describían por mi piel son fobia al olvido", "Fuimos tan ingenuos que que toda realidad nos descubrió y nos empujó a crecer" o "Y todo ha sido tan deprisa que no puedo agarrarte y detener el tiempo".
El siguiente corte sirve para hacer de Aquellas Calles un paréntesis de calma, pues Daño Universal es de nuevo una canción bastante cañera, tanto o más que Plan 1. Fue una de las que apuntaban a ser de mis favoritas pero que al final se ha quedado con un muy respetable tercer puesto en mi lista. Creo que es de las que menos han sido modificadas en ese espacio de dos/tres años desde que la tocaron por primera vez hasta después en la gira de presentación. Desde mi punto de vista antes era como más lenta, adquiriendo la fuerza más de la voz que de las guitarras. Así que cuando escuché la versión del disco, en concreto del último estribillo ("Ya no puedes silenciarnos, son eternos nuestros lazos") lo primero que pensé es: "fijo que Javi ha estado cantando con una botella de oxígeno junto al micro", y temí seriamente por su versión en directo (pero son chicos listos y no ocurrió nada catastrófico). Quizás en comparación con Plan 1 es menos cañera en el sentido que a lo largo de la canción va alternando ritmos más pausados como más rápidos, pero toda la energía parece explotar al final (momentos previos al "pero yo sigo luchando"). Por otro lado, creo que ha sido de las primeras canciones que he escuchado de ellos con ciertos toques que podrían tildarse de políticos, pero en la justa medida y un poco ambiguos, con lo cual siempre quedarán sometidos a la subjetividad del oyente.
Alrededor De La Tierra, otra vieja conocida. De ésta siempre recordaré aquel ensayo y la actuación del día siguiente. Contagiosa se queda corto en aquella ocasión; estuve con la canción metida en la cabeza semanas enteras y no había forma de despegarme de aquel naaaanananaaaaa (o laaaalalalaaaaa, no lo tengo claro, pero prefiero la N que es menos Masiel). Posteriormente en el disco, exceptuando un par de cosas, no la veo tan diferente pero para mí ha perdido algo de gancho. Uno de los cambios más significativos es la intro, muy étnico, una mezcla extraña de sonidos que me hacen pensar en Arabia y en India a partes iguales (de viaje, como el título). Pero el cambio que más me llamó la atención fue al llegar a la trompeta, todo un WTF en letras de neón. Y es que nunca sabes por dónde van a tirar estos chicos, que lo mismo le dan a la pandereta, que tocan un ukelele que te meten una trompeta al final de una canción.
Cuando tuve el disco entre mis manos y me senté a escucharlo, reconozco que hubo dos canciones que fueron directamente a los últimos puestos de mi lista. Puede Ser es una de ellas, y sigue ocupando el penúltimo puesto, a pesar de que tras este año he sabido valorar esa guitarra del final, y el cambio en el estribillo ("Ya no puedo soportar un día entero más. Ya no entiendo este lugar como lo hacía ayer") que no pintan tan mal. Pero por el resto de canción, sin comentarios. Quizá necesite un año más para valorarla, pues está claro que la letra es de las que me deberían de gustar: deprimente, agonía, nostalgia; la combinación perfecta. Pero de momento, permanece en ese puesto, justo al mismo nivel que El Gran Perdedor.
Pasando la mitad del disco está Abismo, la hermana de Alrededor De La Tierra. Y digo hermana en el sentido que surgieron en los conciertos al mismo tiempo, y más de una persona me ha comentado lo parecidas que son. Sin embargo, si me dieran a elegir, me quedo con Abismo, a pesar de haberla aborrecido un poco (bastante) de tanto escucharla. Pero ese toque sensual que le han dado en el disco fue otra grata sorpresa que para mí hizo que ganara muchos puntos. Jamás imaginé que pudieran hacer canciones de este estilo, y fíjate por dónde...
La canción con el título más largo del disco, Tú El Dictador Y Yo El Revólver, otra de mis favoritas. Simbiosis perfecta de guitarras, teclados, sintetizadores (y mira que me gustan poco), letras con mensaje casi político estilo Daño Universal (subjetivo, siempre subjetivo), y el ambiente, efectos que caracterizaban sus directos a finales del 2012. Es mi canción de los lunes, he de reconocerlo. Y es que esos sonidos tan rutinarios como son el reloj, la alarma, servirse café y la cucharilla, son muy de madrugar para ir al curro. Es una de mis canciones analgésicas: si estoy de mal humor y/o asqueada, esta canción consigue animarme de una forma asombrosa e instantánea. ¡Y qué decir del directo! Brutal, pura energía que invita a bailar hasta al más parado. El solo que hay de teclados, seguido por el de la guitarra, son extraordinarios. Y lo bueno del directo, que pueden explayarse un poco más, y lo hacen, y se agradece.
Volvemos a una balada, pero quizás la que más ritmo tiene de todas las del disco. De igual modo que marcaron la diferencia con Plan 1, la octava canción del disco, Acróbata, supuso hacer las cosas distintas al resto del mundo. La canción fue variando levemente antes del disco pero cuando la estrenaron en Corrientes Circulares, puedo asegurar que mi barbilla tocó suelo. Impresionante la canción y el sonido en general. Noté a la legua que aquello marcaría un antes y un después en la trayectoria de Reikiavik al igual que lo hizo Salto Mortal. Aunque, desde mi punto de vista, me pareció algo arriesgado sacar una balada como primer single. Y lo digo por este ejemplo práctico: escuchas un single, en este caso Acróbata, dices “¡Oh, qué bonita! Me voy a comprar el disco” y en cuanto pones el disco te reciben guitarras eléctricas a todo meter. Es un poco brusco desde mi perspectiva, pero también es cierto que ya la gente no se compra discos, y menos basándose en el primer single, así que seguramente esté totalmente equivocada. Acróbata por todo lo que supone siempre será especial para mí, razones tanto relacionadas por ser el primer single y todo lo que ello significa, como personales, y es que a veces las canciones ponen letra a esos momentos que no podemos exponer en palabras. ¿Es una canción de amor? ¿De desamor? No queda muy claro, igual que el vídeo, que da pie a múltiples interpretaciones (y qué risas me he echado haciéndolas). Pero si hay algo con lo que me quedo de esta canción, si pudiera sólo quedarme con una cosa, sería con estos acordes, que cuando hicieron el vídeo para el crowdfunding no sé cuántas veces lo vi tan sólo para escuchar ese final. Pagaría lo que fuera por escuchar una versión sólo instrumental de Acróbata, cosa que no debe de ser muy difícil de conseguir si aún conservan las pistas previas a la mezcla (cough, cough).
Siguiendo en la línea de romanticismo, está Septiembre. Fue de las que menos me gustaron al principio, la voz me parecía del estilo de Puede Ser y los efectos que le habían dado no terminaban de convencerme (hay un teléfono por ahí que no consigo ignorar y que me raya cuando voy con los auriculares porque creo que suena de verdad). Pero todo cambió cuando llegó el directo en La Boîte, donde hicieron una modificación que a muchos les parecerá una tontería pero que a mí me ha hecho cambiar la perspectiva y la opinión radicalmente sobre este tema. Y es que a partir de la segunda estrofa, en los conciertos le meten o acentúan algo, aún no sé muy bien el qué, la batería o el compás de la guitarra acústica quizá, haciendo que Septiembre suene distinta, con más ritmo, más rápida. En cuanto a la letra, ahora que le he prestado más atención, creo que es la que más carga nostálgica tiene, muy bien acompasada con el solo que hay antes de los últimos "los días inmortales son". De cierta manera tiene aire a Aquellas Calles, pero no exageremos.
Por último, Plan De Despedida Número 2, la canción que lo cierra todo, y sobre la cual mi opinión no ha cambiado ni un ápice en todo este tiempo. Y no sé si será porque es la última y no quiero que se acabe el disco, o será porque simplemente es "no". La verdad es que cada vez que empiezan a sonar los pájaros y esa voz enlatada típica de estación, seguido por el efecto-electro-que-no-sé-cómo-se-llama y la guitarra acústica, directamente pulso el botón ffwd para pasar a la siguiente (es decir, de vuelta a Plan 1) antes de que entre la voz. Y es que de ésta no me gusta nada. ¿Por qué la metieron? Imagino que porque les gustará, o por el juego de Plan 1 y Plan 2. Pero mi opinión es que ocupa un bonito lugar que pudiera haber ocupado alguno de los dos bonus, Cápsula (aunque ésta merezca otra posición, u otro disco si nos ponemos) o Velocidad. Creo que pocas veces la han usado como final de concierto, pero recuerdo que una vez lo hicieron, y me deprimí más de lo que suelo hacerlo después de salir de una actuación.
En resumidas cuentas, parece mentira que haya pasado un año desde la publicación de Daño Universal, un disco que he esperado como agua de mayo, como suelen decir los viejos del lugar, un disco que ha significado muchas cosas, que ha llenado muchos vacíos, al igual que es inseparable ya de algunos recuerdos, ¿o fue el recuerdo primero? Qué más da. A veces cuando se cree en algo, hay que creer a ciegas, y en mi caso, acerté de pleno, rara vez mi intuición me ha fallado. ¿Volvería a repetir? Por supuesto, todas las veces que hicieran falta. Por ellos sí.
Reikiavik estarán presentando su nuevo EP el próximo jueves 27 de noviembre en la sala El Sol, y las entradas se pueden adquirir en Ticketea.
Los mejores discos de mi colección, aquellos que guardo con más recelo, porque son mi favoritos, pero no necesariamente lo que un crítico de música calificaría de buenos, pueden contarse con una mano. ¿Soy exigente con la música? No con todos por igual, reconozco que cuanto más me gusta un artista o grupo, más quisquillosa soy, pero es lo que tiene ser fan. Podemos sacarle punta a todo pero otros de fuera del "círculo", que ni se atrevan.
Uno de estos discos “intocables” es Head Towards The Dawn, de Budapest. El disco previo, Too Blind To Hear, reconozco que tiene muy buenas canciones, algunas mejor que éste que menciono (por ejemplo la canción Censored Memories, el himno del grupo, no hay fan que no la adore), pero no es mi disco favorito de Budapest. Pero para aquellos que se han hartado de leerme y oírme hablar de su música, empecemos por ¿quiénes fueron Budapest?
Las raíces de Budapest se basan en cuatro chavales (John Garrison, Mark Walworth, Adrian Kelly y Paul Possart) que decidieron montar un grupo, Red Fridge, el cual luego pasaría a llamarse Budapest con la incorporación del quinto miembro, Chris Pemberton (Pembers), sin olvidar al amigo de siempre y mánager, Smurf (el primer mánager que me ha caído bien). Y todo esto, como fan que soy, lo digo de memoria, así que seguramente haya algún dato que esté mal, lo lamento si es así. De 4 pasaron a ser 5 y entonces grabaron el Too Blind To Hear, del cual no recibieron ni un penique de la discográfica, Easy Street. Como nota más agravante, poco antes de mezclar el disco, Mark Walworth se quitó la vida, siendo un golpe tan duro que John, amigo muy cercano de Mark, no lo superó del todo hasta años después.
Así que entre unas cosas y otras, la banda se disolvió a pesar del relativo éxito que había tenido el disco, sobre todo canciones como Is This The Best It Gets o la aclamada Censored Memories que hicieron mella en la escena tanto británica como española (quizá más la española) de lo que ahora denominan indie (discrepo, pero en fin, eso da para otra entrada de blog...). Pero por alguna extraña razón que no he alcanzado a saber, y nunca sabré, se volvieron a reunir Chris y John, y decidieron resucitar Budapest. Tanto Ade como Paul se negaron así que buscaron miembros para esta nueva etapa. De este modo se incorporaron a la formación un jovencísimo Tom Visser (creo recordar que no era ni mayor de edad cuando empezó con ellos), Jimmy Lapworth, Pete Wilson y Mark Seabridge. Es decir, primero fueron cuatro, luego cinco, y finalmente seis, sin olvidar al loco de Smurf, el miembro extra que se oculta en las sombras. Con esta nueva formación publicaron Head Towards The Dawn, con nueva discográfica por supuesto: Sinnamon.
Y aquí es cuando un chaval de Sinnamon fue el que me dio de gratis el single de presentación, Clock Face, a la salida de un concierto de Keane (Barcelona, marzo de 2005. Imposible olvidarlo). La canción correcta en el momento oportuno, como ya comenté en otro post. Recuerdo lo escéptica que me mantuve al principio, pero nunca hay que juzgar un libro por su portada, y un disco, menos. Porque además si te metes con que es un nombre poco imaginativo para una banda, el destino te juega mala pasadas (coff, coff). El escepticismo sobre el nombre de la banda despareció tan pronto sonaron los primeros acordes de la canción, la cual se convertiría en mi favorita, y en mucho más meses después.
Cuando por fin el disco cayó en mis manos, el 99% del resto de mi colección de CD's desapareció. ¿Cómo había podido estar todo este tiempo sin escucharles? ¿Por qué no llegaron a mí antes? Desde la primera canción, Say Something Wonderful, o Get Me Home que sonaba muchísimo mejor en directo, hasta la desgarradora Questions, todo era un mezclum de nostalgia, tristeza profunda, disconformidad y rabia. La excepción que confirma la regla: All This Time, que creo que es la canción más alegre que ha escrito John Garrison en toda su carrera. Podría pensar que el ritmo del siguiente corte, Oh Yeah, suena también bastante alegre, pero sigue la constante del disco acerca de huir, de alejarse, de marcharse porque donde está estacionado le está destrozando por dentro ("I will show my light upon you, it's time for me to go").
Pero la que se lleva la palma en canción deprimente, como comentaba, es Questions, dedicada a Mark Walworth, canción que da qué pensar. Como bien indica el título, es una canción consistente en una retahíla de preguntas ("All I want to know, did it cross your mind what you'd leave behind" o "Did you give a clue, I swear I never knew") a las que desgraciadamente no hay respuesta. Frases como "We talked of our tomorrow but you never came." o "And do you know, the thing that just won't lie,You never said goodbye." que te emocionan y te hace ver cómo de frágiles son las personas y cómo de la noche a la mañana tu vida puede cambiar sin esperarlo.
Quizás en mi lista de favoritas, tras Clock Face está Questions, pero muy de cerca le sigue Something Somewhere, porque con el paso del tiempo ha terminando siendo la canción que me recuerda a ellos, a Budapest, a todas las charlas que jamás pensé tener, al foro donde tan bien nos lo pasamos, a los dos únicos conciertos que asistí de ellos, a todos los amigos que hice, a todo lo que aprendí del mundo musical, tanto bueno como malo, el punto y aparte que supuso su música, y tantas cosas más que no caben en un blog. Porque aunque se separaran, aún quedan sus discos ("I know you'll always be there, I know you'll stay near") a los que recurro siempre que lo necesito. En Instagram me dio por crear el hashtag #cancionescomomantitaseninvierno para definir esas canciones en las que rebozarse y regocijarse, y dejar pasar el tiempo mientras las escuchas en bucle. Pues bien, la gran mayoría de este disco podrían definirse con ese hashtag.
Así que no me importa cuando la gente me pregunta quiénes son ésos cuando en realidad no les interesa, porque lo realmente importante es que sé quiénes fueron para mí, y a pesar del transcurso de los años, y del distanciamiento "social" que ha existido entre nosotros, su música siempre será parte de mí.
Para continuar con la lista de mis videoclips favoritos, no podía faltar éste: Set The Fire To The Third Bar, de Snow Patrol.
Desde el primer momento la canción me enganchó y de eso hace tantos años que ni los cuento. Luego me cautivó la letra, sobre amores en la distancia, lo difícil que se hace no estar con la persona que amas, no poder compartir lo que el resto del mundo hace y que ves a tu alrededor, cosas tan simples como quedar en el centro de la ciudad, una despedida eterna en un portal, una cena con otras parejas...
El caso es que di con el videoclip porque me dio por buscar la letra, y cuando lo encontré, por fin le puse cara a Martha Wainwright, cuyo apellido me sonaba lejanamente y no sabía de qué. Pensé que al ver su cara me sonaría. Pues no. Al pasar los años supe que es la hermana de Rufus Wainwright (nunca lo hubiera dicho).
Pero volviendo al tema del videoclip, y comparándolo con el que ya comenté de James Blunt, a mí no me hace falta grandes escenarios, cambios de vestuarios, o planos espectaculares. Éste es de los vídeos más sencillos, dentro de lo que cabe, porque que te presten una sala de interrogatorio no debe ser fácil, ni montarla, que tampoco me parece tan fácil como montar una estantería de Ikea. Pero quitando eso, el videoclip está rodado al completo en el mismo sitio, claramente diferenciado tanto en color como en mobiliario: una silla a un lado, una mesa al otro. Unas paredes pintadas de blanco, las otras en oscuro. ¿Para qué más?
Lo que a mí me parece una genialidad es conseguir plasmar la letra en ese cubículo, tan sólo jugando con los planos y las superposiciones, al igual que con los gestos y el juego que da el cristal polarizado. Y el final, triste, como no podía ser de otra manera para terminar de gustarme del todo.
Por otro lado, tanto Gary Lightbody como Martha Wainwright tampoco lo hacen tan mal. ¿Sobreactuación? Sí, pero recordemos, no son actores, son cantantes. ¿Drama? Soy una dramalover tanto de pelis como de videoclips, así que no sé por qué no tendría que estar este vídeo aquí. :)
Me gusta saber qué discos compran los cantantes que suelo escuchar por el simple hecho que he comprobado a lo largo de estos años que sus recomendaciones suelen ser muy afines a mis gustos. Imagino que de una manera u otra ellos beben de sus artistas o discos favoritos, para crear luego los suyos propios, que son los que termino yo escuchando. Así que es de razonamiento lógico que me guste. No en el 100% de los casos pero normalmente sí. Por ejemplo un disco de Talk Talk recomendado por John Garrison o de quien voy a hablar hoy, de Damien Rice. No me considero fan, sino más bien una supporterde este hombre, principalmente porque hasta hace unos años no sabía ni cómo era físicamente.
Pero volviendo al tema, el saber de su música fue un poco por rebote. En una entrevista Mark Owen habló de él, una amiga escuchó la entrevista y se hizo con los discos 0 y 9 de Rice, amiga que después me los recomendaría fervientemente. Y qué acertado. La música de Damien Rice creo que fue mi primer paso hacia eso que llaman folk, aunque ahora me cuesta definir su música como tal (me cuesta definir un género específico para cada artista que escucho, en general). Relajante es lo que mejor la define para mí. Fue el primer cantante que sin importar el disco, sus canciones me transmiten mucha paz y tranquilidad. Será la voz, lo acústico, yo qué sé. Sé que cuando los nervios se apoderan de mí y surgen los primeros síntomas psicosomáticos, me pongo el disco de 9 y me acuesto un rato, me levanto como nueva. Ni chill out ni música relax ni ostias. Damien Rice en bucle.
Además sus letras son de las que podría hacerse un libro y no sabrías distinguir si son poesía o son canciones. Me encanta leerlas, pero más escucharlas, porque la voz que tiene, tan concreta, distintiva, suave, susurrante, con ese toque rasgado que sale en los momentos más desgarradores de la canción. Una combinación de voz y música que me encanta.
Still a little bit of your taste in my mouth
Still a little bit of you laced with my doubt
Still a little hard to say what's going on
En otros cantantes es fácil imaginarse las melodías cantadas por otros, y viceversa, casos donde la voz es asombrosa pero la música deja mucho que desear. Pero no en Damien Rice. Además, sabe cuándo y cómo rodearse de buenas voces. Es el claro ejemplo de todos los años que ha estado trabajando con Lisa Hannigan, cantante cuya trayectoria en solitario nada tiene que envidiar a la de Rice. Canciones como 9 Crimes o Cold Water sonarían bien con él a solas, pero combinándose con ella, las hace aún más conmovedoras.
Porque no sé si le pasará a más gente que escuche a Damien Rice, pero tiene algunos temas que hacen que se te estremezca algo por dentro, tiene esa capacidad de estrujarte las entrañas sin compasión. Además en mi caso sus canciones han sido el telón de fondo de muchos relatos que he escrito, y de los que luego la gente les ha gustado más sobre otros escritos sin su música, porque notaban algo distinto.
Obviamente, hay algunos temas de él que no son de mi agrado pero que tampoco me obligan a pasar a la siguiente canción. Por ejemplo, Unplayed Piano, Lonely Soldier o The Blower's Daughter. Ésta una de sus canciones más aclamadas y sin embargo yo prefiero quedarme con 9 Crimes, I Remember, o Cheers Darlin'. No tengo una favorita porque me es imposible escoger una, todo depende del humor que tenga el día que las escuche, pero ésta última, Cheers Darlin', me pareció sublime nada más escucharla. Los efectos para ambientar la letra, que bien podría ser una película, la voz tan pasional de la que hablaba antes, justo en los momentos de la letra tan desesperada, y una escena tan típica como el amor no correspondido y estar presente cuando la persona de la que te has colgado se va con otr@.
Y todos estos años desde aquel momento en que me pasaron sus discos, he estado escuchándolos día sí, día también. Cuando me acordaba, de vez en cuando investigaba por Internet si había sacado algo, si había algún tema nuevo, pero pocas o ninguna eran las noticias de él. Y de pronto de la noche a la mañana, apareció este clip (rodado en España):
Ocho años, y parece que no hayan pasado, pues de nuevo ese susurro en cada verso, en cada rasgada, y el caos en el momento justo para dejarte con la miel en los labios. El disco nuevo sale a la venta el 31 de octubre, y es de lo mejorcito que trae este otoño. Además, lo puedes pedir ya, y será por formatos que hay disponibles (a mí la caja de madera no me mata pero la litografía sí). Lo que tira más hacia atrás es que son sólo 8 canciones, pero si sólo te interesa la música, tienes la versión CD por 13€ (más gastos de envío, imagino). A primera vista me parece caro pero porque los últimos discos que me he comprado han sido con más canciones y menos euros (artistas poco conocidos con primer disco), o eran discos que no eran recientes. Así que al fin y al cabo no es tan caro. Pero no me decido entre tanto formato...
Además está de gira, sin pisar España de momento, pero las entradas volaron y me quedé sin verle en Berlín ¬¬ Otra ocasión será. De momento es una de mis alegrías de esta época, y estoy deseando escuchar el disco al completo. Aunque todo sea dicho, ya he escuchado el primer single, I Don't Want To Change You, y no me mata, me sigo quedando con los escalofríos que me proporciona My Favourite Faded Fantasy.
¿Los músicos son conscientes de lo que hacen cuando lanzan sus canciones al mundo? ¿Saben que, al igual que escritores, pintores y demás artistas, cuando sueltan sus obras al exterior, de cierta forma dejan de ser suyas? Porque la gente las coge, y a los que les gustan, las hacen suyas, encuentran mensajes totalmente distintos a los que quería transmitir el creador, pero ya es demasiado tarde para cambiar esa primera versión, esa primera escucha decisiva, desde la cual el oyente se cuelga de la manera más literal de un tema, y se siente reflejado en cada verso, en cada estrofa.
Hay músicos que odian que suceda eso, e insisten, insisten una y otra vez, que la canción no va sobre esto, sino sobre aquello. Y el oyente también ve el mensaje y lo comprende, pero sigue prevaleciendo el primero, el original. Es inevitable y en cierta manera, irreparable.
Nadie puede cambiar que se te pongan los pelos de punta cuando empieza la canción, esos primeros acordes que podrías distinguir entre un millón, y luego la voz, inconfundible también, en perfecta sintonía con el resto de instrumentos que se van incorporando. Porque aunque sea de manera inconsciente, cuando te gusta mucho una canción, terminas identificando cada instrumento, cada efecto, cada coro. Y el estribillo, eso que puedes tararear en el momento más inesperado, porque es lo contagioso, lo reiterativo. El método que siempre te decían para aprender: si repites mucho una lección, al final se te queda grabada a fuego en la memoria. Igual sucede con los estribillos.
Y cuando la canción va avanzando, va subiendo el ritmo, como si fueras en el carro de una montaña rusa y empezaras a subir, pero sin miedo, sino disfrutando del viaje, deleitándote con los acordes suaves de los teclados, estremeciéndote con cada guitarra que vaticina lo que vendrá, descubriendo pequeños detalles en los que no habías reparado antes, todo ello con el telón de fondo de batería y bajo acompasados de tal manera que son el latido del tema, como el latido humano que sólo escuchas cuando le prestas toda tu atención. No quieres que se acabe ese momento pero también tienes ganas de llegar a la cúspide, allá donde reina el silencio, un silencio de no más de dos segundos, pero perfectos, el silencio oportuno en el momento correcto, para luego sumergirte de golpe en el estruendo final, allí donde se combina todo de golpe: voces más agudas, batería más insistente, guitarras y bajo rasgados con energía, y los teclados que te han acompañado durante todo el viaje. Una sinergia redonda, el mejor broche de oro para cerrar un tema, previos segundos a la batería que es como el The End en las películas en blanco y negro, y una milésima más tarde, los teclados, volviendo a empezar mientras desaparecen poco a poco, y una cuerda perdida que desaparece sin ser vista.
Y se acabó la canción, dejándote un regusto agradable en la boca, el corazón comprimido en "un-puño.rar", pero sobre todo una sonrisa que pocas canciones pueden provocarte. Las canciones que realmente importan, aquellas que la gente hace suyas, porque sólo de esa manera perdurarán en el tiempo.
Un concierto es bueno cuando días después, al recordarlo, se te escapa media sonrisilla. En el caso del bolo de hace ya una semana, no es media sonrisilla, es una sonrisa que me da vuelta y media a la cabeza, justamente como empezó aquel show: se apagaron las luces, empezó a sonar una nueva música y allí salieron los cinco de Reikiavik, sonrientes como jamás de los jamases los había visto salir a un escenario. Brillaban. Aquello prometía.
Sabía que había sorpresas aquella noche, pero la primera no se hizo esperar demasiado. Un Javi peinado a lo Miles Kane pero con su propio estilo tan característico a la hora de vestir, comenzó el concierto como manda la rutina, a pelo, directamente la primera canción.
Un vuelco no, mil vueltas de campana dio mi corazón al reconocer Luna, una canción de sus inicios, de cuando tocaban en La Palma, de cuando los conocí. No era Primavera Del 90 (me hubiera muerto allí mismo) pero como ya dije, Luna es especial. Había cambiado, no era la misma canción de antaño, pero conservaba algo de sus raíces y aquello me hacía recordar con más fuerza, comparando el pasado y el presente que había visto en ellos, cómo habían evolucionado, cómo habían crecido encima del escenario.
Lagrimillas de orgullo aparte, el show continuó sin apenas percatarme hasta que empezaron las guitarras insistentes de Plan De Despedida 1, la canción con la que todo el mundo que ya los habíamos visto en directo esperábamos que iniciasen la noche. Le siguió Aquellas Calles y Tú El Dictador Y Yo El Revólver, con algún que otro percance de por medio pero que llevaron lo mejor posible.
Y de nuevo dos temas que nadie esperaba: Partículas De Mí y Sombras. Y yo como una idiota con la esperanza de escuchar mi favorita con tanto flashback sobre aquel primer EP. Imagino que su intención fue hacer un muestrario no sólo de Daño Universal, sino también rememorar el origen de la banda con estos temas que no tocaban en directo desde hacía dos años. Se me hizo raro sin embargo que no sonara El Gran Perderdor, un tema que solían tocar antes muy a menudo, pero que en esa noche yo particularmente no eché en falta para nada.
Para mí fue una actuación espectacular y fuera de lo común, se movieron y les vi muy sueltos, hasta el más tímido, Isma, se ganó a los fotógrafos pie en woofer y dando protagonismo a su bajo. Incluso hubo presentación de cada miembro por separado, olvidándose el propio presentador de sí mismo, pero ahí estaba Miguel para recordarle cuál era su nombre. Los que me acompañaban esa noche estaban ojipláticos, asegurándome que Reikiavik superaban a otras bandas en conciertos a los que también habían ido conmigo.
Quitando alguna que otra bloggera que estuvo más de una canción delante mía porque ella lo vale, fue una noche difícil de olvidar y de superar, un concierto de hora y media que se quedó muy corto, y así lo demostramos una gran parte gritando "otra, otra" cuando pusieron punto y final con Salto Mortal, el mejor cierre que tienen sus directos. Ahora tan sólo queda la larga y tortuosa espera hasta el próximo concierto, o quién sabe qué otras sorpresas guardarán en el bolsillo...
Como ya dije en mi anterior entrada de videoclips, me pirran los que son en plan minipelícula. En esta caso hablaré del tanto querido como odiado James Blunt. Que sí, que estamos de acuerdo que todo el mundo acabó hasta la coronilla del You`re Beautiful, así que no voy a hablar de ese videoclip, pero principalmente porque ni fu ni fa, no me dice nada ese clip.
Y al igual que en las películas, cada cual tiene sus gustos, y el videoclip de So Far Gone para mi gusto son de los mejores que he visto. Dejando a un lado el filtro Nashville que le pone la cara amarilla a James, y la sobreactuación del mismo en algunos planos, hay que reconocer que es un videoclip muy peliculero y ante todo romanticoempalagoso. ¡Y lo que me gusta!
La letra, para quien no la conozca, va de típica situación entre una pareja donde ya no hay más tu tía, el amor se ha acabado y el "si no lo dices tú lo digo yo", la hora del punto y final. Como letra es simple (sigo prefiriendo mil veces la de High On Getting By) pero el videoclip es una mejora.
El vídeo intercala escenas de un Blunt solitario cantando por ¿Londres? y flashbacks de Blunt con la prota, a modo de recuerdos de la relación de la que habla la letra. Y no me parecería tan fuera de lo común si no fuera porque han añadido breves tomas, de segundo y medio, de pequeños detalles de los que te hacen pensar e identificarte con lo que ves: unas caricias por debajo de la mesa, unas rosas, un café en una cafetería en un día de invierno, compartir los auriculares durante un paseo...
Y las escenas entre los dos, escenas cotidianas, a las que no prestamos mucha atención cuando se viven pero que efectivamente cuando no se vuelven a repetir se recuerdan con nostalgia, como puede ser una tarde de bolera o hacer el payaso haciendo la compra.
Llama la atención que hacia el final de la canción (....no turning back on what you can't save....) ya no se les ve juntos en la misma escena, sólo se ven primeros planos de cada uno en solitario. También se aprecia que la chica, sonriente en el resto del vídeo, aparece con semblante serio. No parece casualidad que lo hayan montado así, e igual sucede con el final, donde cada uno se da media vuelta hasta emborronarse. Y fundido en negro, que eso siempre queda bien.
Es un videoclip sencillo, que cualquiera podría montar, pero al que se atreva a pensarlo, de verdad que le reto a hacerlo al nivel de éste, con tanto detalle (las dos piedras con corazones dibujados que luego cubre la marea) y tanto plano breve que hace que sea distinto. He visto algún que otro muy parecido, y hablaré de ellos también más adelante, pero éste por ser el primero le tengo especial cariño.
Desde mi punto de vista me resultan indispensables los videoclips como parte de la comercialización de un disco, pero siempre me han gustado más por lo que son, películas con música. Algunos videoclips sólo muestran a la banda, otros son un collage del artista en su últimos conciertos, hay los que cuentan la historia de la canción, los hay que no lo hacen o lo hacen de un modo muy abstracto. A mí siempre me han gustado más los que, independientemente de la letra, cuenten una historia. Más adelante hablaré de otros videoclips que han llamado mi atención pero hoy voy a hablar de dos porque en realidad son como primera y segunda parte, como si de una auténtica película se tratase.
Cuando John Garrison sacó el segundo disco (02) de su nuevo proyecto Satellites, y publicó el siguiente vídeo, pensé que se había vuelto loco del todo.
El disco, ya escuchado previamente, no resultó ser de mis favoritos pero la sorpresa vino cuando eligió Wasteland como single promocional de 02. Una canción con ritmo repetitivo, con la voz más grave que le he escuchado jamás... Para mí debía haber sido Neon Sun pero no suelo acertar en las apuestas por primer single, siempre pierdo. El videoclip sin embargo hizo cambiar mi opinión.
Ese toque geométrico que también encontramos en el artwork del vinilo/CD para empezar el videoclip me parece un buen reclamo, una acertada identificación entre videoclip y disco físico en tienda. La verdad es que hoy en día las portadas tan llamativas no suelen ser muy comunes. Y empieza directamente con el robot, explicando cómo se alimenta, hasta que llega la evolución y con ella, la destrucción del robot.
Será que soy una sentimental pero ver al robot perdiendo su "vida" entre otros iguales pero a la vez peores, supuestamente mejorados (versiones 2.0), era como ver un animal bajo la lluvia pidiendo cobijo y siendo ignorado. Comparaciones aparte con otra de sus canciones (My Morning Sun) donde también expone su disgusto con el mundo moderno y "actualizado", me resulta una crítica acertada aunque algo genérica, y generalizar nunca es bueno, pero también es inevitable.
Y siendo un vídeo tan "geometrizado", me encanta cómo han conseguido darle esa expresividad a un robot dibujado con un par de cubos. Y lo mismo con el resto, con los "actualizados" tirados por el suelo, borrachos, más los detalles de los carteles... Opino que es una manera muy original de plasmar la idea principal. Pero el final no deja de ser un final "trágico", a mí personalmente me deja con muy mal sabor de boca.
Y meses después, buscando la letra de Neon Sun, me topo con un vídeo del mismo estilo:
Mi reacción fue entre incredulidad, sorpresa, y tras verlo, felicidad. En primer lugar incredulidad porque no habían anunciado nada de segundo single ni mucho menos se había mencionado Neon Sun. Sorpresa al encontrar la pista antes de tiempo, lo que viene siendo un megaspoiler, cosa que cada vez me suele pasar más a menudo lo busque o no. Y luego felicidad al final del videoclip.
El videoclip empieza muy del estilo del otro, píxeles al ritmo de la canción, rayos del sol que amanece, y entre tanta línea recta, comienzan a surgir ramas enrevesadas con sus correspondientes frutos que, como no podía ser de otra manera, son cubos. Bien, original es un rato, pero una vez visto el anterior, a éste le falta algo, quizá sentimiento. Pero ¡oh! De un fruto cúbico de aquellos surge una mujer, de diseño muy logrado. Ponte tú a dibujar a una mujer usando sólo triángulos y cubos, ¡JA!
¿Y por qué es la segunda parte? ¿Dónde está el nexo? ¿Por qué me encaaaaaaaaaanta tanto y me hizo feliz el final del videoclip? Eso mejor que lo vea a quien le interese saber cómo acaba.
Sí, cuento todo menos el final, pero como fan que soy de Satellites (aunque a veces no me comporte como tal), de alguna manera tengo que hacer que suban las reproducciones de los vídeos.
En resumen, no son de mis videoclips favoritos pero me parece una manera muy original, tanto la temática de los videoclips y cómo van unidos, así como el vincular visualmente todo de tal manera que crea una marca del artista fácilmente distinguible.
Neon Sun formará parte de Istedgade, el nuevo EP de Satellites que tiene como fecha de lanzamiento el 7 de abril del 2014, y que incluirá los temas Encore Encore, Spent Venom y A Million Drums.
¿Por qué gustan tanto las canciones tristes? Parece que cuanto más deprimentes, más nos gustan. Me percaté de ello al comprobar que mis canciones favoritas son un poco... De tirarse por la ventana. La mayoría de ellas expresan angustia, desilusión, inconformidad y la rabia que da no poder cambiar. Tienen un mensaje casi destructor. Pero sin embargo, las reproduzco con Morty (mi mp3 querido) y me encantan, y las pongo en repetición y las tarareo, y disfruto escuchándolas como una enana, y ya cuando son en directo lo flipo. Ya ves, una cosa tan deprimente me hace feliz. ¿Por qué?
Primero creo que es porque en algún momento todos hemos pasado por algo parecido a lo que dicen esas canciones deprimentes. Todos alguna vez hemos sentido angustia, pena, desazón. A todos nos han roto el corazón, muchas ilusiones y algunos sueños que nunca veremos cumplir. Imagino que en aquel momento nos gustó ese tipo de melodías porque nos sentíamos identificados, y aunque estuviéramos en lo más hondo del pozo, esa canción expresaba con armonía nuestros pensamientos y sentimientos. Era un pañuelo de lágrimas porque aunque no llegaran a calmarnos, era un alivio saber que no sólo nos pasaba a nosotros.
A veces pensamos que los amigos no han pasado por lo mismo (inevitable error) y que la familia no lo comprende (otro craso error), y hayamos el consuelo en esas letras que un desconocido escribió y a las que puso música, haciéndonos creer que pasó por lo mismo que nosotros. Ése es el más monumental de todos los errores, porque los compositores normalmente hacen una canción por una razón y el oyente entiende una cosa o crea una razón totalmente distinta. Es lo que tiene la música, al igual que otras artes: el oyente hace suya la canción sin que el compositor pueda hacer nada por evitarlo.
En segundo lugar, empiezo a creer que nos encantan las canciones deprimentes más estando de buen humor porque estamos felices y contentos, todo lo opuesto a lo que estamos escuchando, y es como echar la vista atrás, ver todo lo malo que hemos vivido y disfrutar del momento en el que todo va bien y estamos conformes y felices. Dice la gente que la felicidad no es eterna, que no existe, que sólo son esos pequeños momentos en los que somos conscientes de que lo somos, momentos que merecen la pena aprovechar.
Con esto no pretendo hacer un estudio sociológico ni descubrir una verdad empírica, no tengo pruebas mas que mi propia experiencia y las (pocas) reflexiones que he oído de otras personas. Puede ser una tontería, pero soy una persona curiosa, más si es un tema como la música de la que creo que nunca me cansaré de aprender, ya sea en el terreno de la teoría musical (he aprendido más escuchando a músicos y mánagers que en el colegio) o de cómo es cada canción, por qué unas gustan más otras, por qué gustan más en un momento y luego ya no tanto, y demás temas que se acercan al plano ¿filosófico?
Da igual, sólo son preguntas curiosas que me surgen sin más. Siempre he sido un bicho raro ;P
Una de las cosas buenas del mundo cibernético es la cantidad de música que tienes al alcance, ya sea para escuchar ese disco que te ha recomendado alguien, para ver qué tal es ese disco cuya portada te ha llamado la atención en el Fnac, o bien, como me suele pasar de vez en cuando, esas redes que parten de los temas que tú eliges y luego te pone automáticamente lo que consideran "del mismo estilo". En este último caso, buenas sorpresas te puedes llevar para bien o para mal. A menudo me sucede lo último, así que lo bueno siempre lo recuerdo. Como el disco If You Leave, de Daughter, que descubrí por una playlist de YouTube hace unos meses.
Pero el primer artista que me viene a la cabeza, quizá por ser el primero que descubrí de esta manera, es Ana Muñoz. O Apunto Emepunto. O "mi Damien Rice, pero en chica y en español", pero eso lo explicaré más adelante. La cosa fue así: me hice una cuenta en SoundCloud porque había algunos temas de una banda que sólo estaban en esa red. Poco después descubrí que otros grupos que me gustaban también tenían cuenta allí. Y al igual que Facebook en un principio fue para reencontrarse con amigos del colegio/instituto, en SoundCloud volví a reencontrarme tras 5 años con bandas que seguí en MySpace, lo cual me alegró enormemente. Y escuchando un tema de Damien Rice, y saltando a otro (porque el hombre no tiene perfil pero sí muchos seguidores), se me fue la pinza y lo dejé puesto pensando, ingenua de mí, que seguiría la playlist que había de él. Pues no.
Sabía que Rice tenía temas extraños, y que mucha de su discografía no la conocía, pero ya al tercer tema que me chirriaba en el oído, me dio por mirar qué leches estaba escuchando. Un grupo, o cantante, que no conocía de nada. Cara de póquer y como la canción no me gustaba, pasé. Me empezaron a salir artistas españoles, pero ninguno me sonaba hasta que di con Zahara. Había escuchado alguna que otra canción, no estaba mal, así que lo dejé. Empezaron a sonar voces femeninas hasta que di con una canción que hizo "clic" en mi cabeza. Un dúo: ella empezaba con una guitarra acústica, una voz dulce y singular sin duda, y luego la de él, que tras tantas canciones con voz femenina marcaba la diferencia. Dos voces y una guitarra, no más. Apunto Emepunto era el artista. Me metí en el perfil, esperando escucharles a los dos de nuevo, pero no. Era sólo ella, una tal Ana Muñoz de Zaragoza, un nombre tan cotidiano para una voz tan extraordinaria. Me puse a escuchar las cuatro canciones que tenía, y directamente me tumbé en la cama (bless you, smartphones), en repeat los cuatro temas, durante... No sé cuánto tiempo. Sólo sé que cada vez me relajaba más y más, y cada vez Que Me Desamor con ese toque final de caja de música me gustaba más y más. Y pensé en Damien Rice, porque hasta ese día era el único que conseguía relajarme tantísimo. Y que era una pena que sólo fueran cuatro temas, ¡quería más!
Pero las investigaciones no fueron fructíferas. Una cuenta de Twitter vacía (y yo con cara de WTF?), y una web sobre poesía. Y un "Me gustan las manzanas". Pero no había más información sobre su música y esos cuatro temas a los que me había enganchado en esas semanas. Snif...
Pero la casualidad se puso de mi parte. En verano un amigo me vino un día hablando de una tal Ana que iba a tocar en un sitio, La Paca, para presentar un libro de poemas, y me aconsejó ir. Y dos días antes, el mismo que había provocado que entrara al SoundCloud, me comentó que asistiría a esa misma presentación/actuación. Y el sonido de las piezas del puzzle al encajar. Tanto tiempo escuchándola como Apunto Emepunto, que no caí en el "A.M.", es decir, Ana Muñoz, el nombre que había en SoundCloud pero que tan pronto había olvidado.
¿Sería ella? Tendría que serlo, pero como ya me sucedió con Damien Rice, ni sabía cómo era, pero yo me planté allí igualmente. Decían que iba a tocar, así que no podía desperdiciar la oportunidad de escuchar los temas en directo, no fuera a ser que no volviera a tener esa oportunidad, ya que parecía que se dedicaba a la poesía más que a la música. Cantó unos cuantos temas, y sí, era ella, sin duda. Y además tocó la canción que más me gustaba. Pero además de cantar empezó a hablar y descubrí que además de una voz preciosa, tenía un humor de lo más ingenioso.
Y de aquel día lleno de casualidades surgieron más actuaciones, y más casualidades, y más noticias. Y las que quedan que esperaré ansiosa :)
Una canción puede ser un éxito, un hit, un temazo, temón, etc. Hay canciones para reír, para llorar, para ser feliz, para estar de bajón, para concentrarse, para bailar, para dormir, para no dormir, para enamorar, para odiar, para pensar...
Clock Face es una de "mis" canciones, es el ejemplo más claro de la canción correcta en el momento oportuno. Llegó a mí por azar, un desconocido de una discográfica la repartía a la salida de un concierto en Barcelona. Casi no fui a ese concierto por no tener quién me llevara, pero el destino se puso de mi parte, o más bien mi padre quien debió pensar que ya tenía edad para irme de concierto a otra ciudad.
Aquella época no era mi mejor momento, estaba perdida, me había dado de bruces con la realidad y mis ilusiones de tener un título universitario se habían evaporado con amargor, primero con el periodismo que no pude estudiar y luego con Filología del que estudié un par de años. Pero ése era "mi plan": estudiar y luego marcharme de Alicante. Y no había plan b, ya no sabía qué hacer con mi vida.
Aquel concierto de un grupo que empezaba, Keane, fue ya de por sí distinto. Conocer a los mismísimos cantantes era un privilegio para unos pocos en aquel entonces. Que yo fuera sola al concierto era otra nueva cosa a vivir. Muchas experiencias nuevas y gratificantes en una misma noche. Y con mi sonrisa de idiota-postconcierto alguien con una camiseta donde se leía "Sinnamon Records" me paró y me dio un single, en cuya portada se podía ver un molino y un campo a contraluz. Se llamaban Budapest. Jamás había oído hablar de ellos. Mi padre me recogió según lo acordado, y al montarnos en el coche, lo primero que hice fue poner el cd. Empezaba suave pero luego adquiría tal ritmo que me cautivó. Y atravesar Barcelona de noche, desierta a aquellas horas, con esa banda sonora de fondo, es uno de los mejores recuerdos que tengo.
Lo poco que entendí de la letra aquella misma noche me caló, era imposible no identificarme con lineas como “if I don't know then who else will” o “please be a phase that's all”. Más tarde, el propio cantante explicó el mensaje de la canción: trata sobre lo que nos está establecido por la sociedad, la moral o lo que sea. Todo el mundo tiene la idea implantada de que lo que hay que hacer en la vida al llegar a cierta edad es estudiar para tener un buen trabajo, casarse, tener familia, (“if I don't hear then I'll assume that everybody's singing the same old tune”) y el conflicto, las dudas, la presión que supone cuando tus deseos son otros (“is it the time to draw a line?”/“it doesn't feel natural feels too slow”/“it feels so wrong the pressure's on, I can't ignore it any longer”). La canción trata de negarse en rotundo a seguir el plan establecido (“I spike myself, I kick and scream”/“I will not learn the words”), a hacer lo que uno crea conveniente con su propio tiempo de vida (“I turn my clock to face against the wall”).
La canción no cambió mi vida, pero me ayudó a verla desde otra perspectiva. Si la Universidad y el plan no habían salido bien, es que no eran para mí. Al tiempo de empezar a convertirme en una seguidora de Budapest, dejé la universidad mientras seguía trabajando de niñera, ahorrando dinero básicamente para música, en concreto, para posibles conciertos de Budapest, aunque luego me lo gasté casi todo en "mi primera" gira. Mi cantante favorito de la adolescencia iba a pasar por mi país después de 9 años con sólo dos fechas, y no me lo pensé. Me iba a Barcelona y luego a Madrid. Mi primer viaje por mi cuenta, y con escala. Acojonada se quedaba corto, pero las ganas de cumplir mi sueño y el saber que esa oportunidad no volvería podían con todo. Fue un viaje que jamás olvidaré, por la gente que conocí, lo mucho que pude aprender a desenvolverme y en el que me di cuenta de cómo un simple concierto me hacía tan sumamente feliz.
Pero para seguir yendo a conciertos y viajar necesitaba dinero, más de lo que ganaba, así que necesitaba tener algunos estudios para conseguir un trabajo estable, y siguiendo el consejo de mi madre me metí a estudiar un ciclo de formación profesional de Secretariado Internacional. Tenía dos idiomas, informática y era corto. Perfecto. Parecía que las cosas se iban aclarando, no sabía a qué dedicarme pero quería ir a conciertos, y así lo conseguí.
Un par de años después ya había estado en Barcelona, Madrid, Málaga, Zurich, Manchester y Londres en varias ocasiones, y todo por conciertos. Y todo comenzó por aquella canción que me dio fuerzas a seguir intentando buscar mi camino. No sé si será el correcto, pero me gusta y soy feliz así. Porque un concierto no es sólo ver a alguien cantando y bailando, es la gente que conoces, fijarte en cómo está organizado el espectáculo, las diferentes salas o estadios y la diferencia de sonido entre ellas, las charlas con las bandas, la gente entregándose a la música como si no hubiera mañana, los comentarios e intercambios de opiniones sobre lo bien o lo mal que ha estado... Cada concierto es un mundo, una experiencia única e irrepetible.
Ahora cada vez que escucho Clock Face me hace pensar en lo lejos que he llegado, en los sueños que he cumplido, y que por muy perdidos que estemos, siempre hay que hacer cosas que nos hagan felices, fuera de clasicismos e ideas preconcebidas.
....only my expectant eyes looking for diamonds in the sky, the only one looking for this prize....
A Londres da igual si vas solo, si vas con tu pareja, con tu familia, con un grupo de amigos o con tu mejor amiga, de todas las maneras posibles (y puedo decir que he probado todas esas) la ciudad ofrece cosas para cada tipo de viaje, haciendo que sea imposible no entretenerse y divertirse. Pero cuando nos juntamos mi amiga Fani y yo en Londres, es punto y aparte. Para empezar, la maldición que nos persigue: siempre sucede algún evento violento o catástrofe natural cuando nos decidimos a ir a Londres. En las dos ocasiones famosas de las nubes volcánicas, allí estábamos nosotras. Cuando las huelgas en puente de diciembre, nosotras estábamos en Londres. Y lo último, aparte de la huelga de los franceses, fue los dos locos que había apuñalado a un hombre en mitad de la calle. Siempre sucede algo.
Casualidades aparte, el plan era recogerla en el aeropuerto, pasar la mañana en Londres grabando vídeos para un proyecto y a media tarde coger el tren hacia Glasgow para llegar allí de noche. Todo parecía perfecto, había hecho un sol del carajo los días anteriores así que los vídeos saldrían estupendísimos, ¿no? ¡NO! ¡Qué ilusas fuimos! El proyecto consistía en grabarnos haciendo el payaso en los sitios míticos de Londres para meterlos después en un vídeo-felicitación para una amiga que se casaba. Pero el tiempo quiso poner su granito de arena y dejar caer la famosa lluvia londinense cuando llegamos al Buckingham Palace. Hubiera quedado muy bien de no ser porque mi cámara no es impermeable. Así que nos tocó aguardar bajo un árbol de Green Park un cuarto de hora a que parara de llover, y en cuanto vimos que amainaba un poco, allá que fuimos a saltar y principalmente a descojonarnos delante de la cámara con el palacio de fondo. Y de ahí al Big Ben a hacer lo mismo, con la lluvia que volvía a apretar y que nos pilló en mitad del parque de St. James. No había otro bonito día en el que llover...
Una vez grabadas diversas tomas nos fuimos hasta King's Cross a recoger nuestras maletas y a Euston a pillar el tren, pues aún nos esperaban 4 horas y pico hasta llegar a Glasgow. Por suerte el tiempo sí acompañó en ese viaje y pude hacer algunas instantáneas desde el tren para recordar aquellos prados verdes que no suelo ver mucho por aquí. Puntual, el tren llegó a Glasgow ni un minuto antes ni uno después. Salimos a la estación y ya alucinamos con la gente, críos deno más de 17 años borrachos como cubas cantando y riendo escandalosamente por la estación. Y no fue un caso aislado. Nuestro hotel estaba muy cerca así que fuimos a pie, encontrándonos por el camino numerosos grupos de gente bebida, pero que a diferencia de las borrachas que veíamos en las giras de Take That, aquí se respiraba buen ambiente. Pero para unas españolas siempre es sorprendente ver a gente tan ebria siendo las 8 de la tarde, aunque allí ya era de noche.
Llegamos al hotel sin problemas donde nos estaban esperando otras dos amigas españolas, con quienes estuvimos conversando en la habitación del hotel. Se ofrecieron a enseñarnos dónde se encontraba la sala donde iba a tocar Mark y al no estar muy lejos accedimos a dar el paseo. Vimos que era una zona muy animada, no sólo por todos los comercios que había, a esas horas cerrados, sino también por todas las discotecas que había en la avenida. Al llegar a la sala planeamos nuestra estrategia para hacer cola y seguimos conversando animadamente durante varios minutos. Luego ya nos retiramos a dormir para recobrar fuerzas para el día siguiente.
Y tal como sucedió en Londres, efectivamente algo pasaba con las fans inglesas, que en la última gira de Mark allá por el 2005, siempre llegaban con una hora de adelanto a la sala. Sin embargo, en esta gira se dio en casi todas las ciudades la situación de ver a las inglesas acampadas a primerísima hora de la mañana. Así que nuestras amigas que iban de avanzadilla, nos dieron el aviso que las inglesas estaban organizando la fila poniendo número en el orden de llegada de la gente. Así que a las 9 de la mañana nos fuimos, cogimos le número siguiente a nuestras amigas, y tras el desayuno, volvimos con ellas para hacer cola hasta las 8 que empezaba el concierto.
Cualquiera puede decir que casi 12 horas de cola es una burrada, que qué aburrimiento, que menuda cosa estar tirada en mitad de la calle tanto tiempo, etc. Pero son de esas cosas que hasta que no las haces, no sabes lo que te pierdes. Nuestro plan era dejar algunas cosas en el hotel, pero el tiempo en la fila se nos pasó tan rápido que no pisamos el hotel (sólo yo tras el desayuno pensando que me habían robado el móvil). Y es que tantas horas con tantas cosas de las que hablar se pasan volando. Que si te pones a imaginar qué va a tocar (mis amigas no habían estado en ningún otro y no querían spoilers), que si te pones a recordar otros conciertos (sean o no de Mark), te pones a hablar de música en general (hablamos de Love Of Lesbian, de Second, de LA, de John Garrison, de Reikiavik...), y cualquier tema que se nos pasaba por la cabeza. Además luego está que si te vas al Primark a comprarte una manta o algo para sentarte encima, que si te pica el gusanillo te vas a comprar chocolatinas al 24 horas, que si aprieta el calor te pones crema protectora y te compras unos helados en la cafetería o te pones pañuelos en la cabeza haciendo el ganso (momento harén de Mark Owen), que si vigilas a las italianas que quieren colarse, que si te pones a hacer fotos a los edificios de alrededor...
Pero uno de los mejores y más divertidos momentos, aparte del harén, cuando ya empieza a haber movimiento y empieza la prueba de sonido, por simple aburrimiento nos ponemos las cuatro a buscar wifi como habíamos hecho por la mañana, y cuál es nuestra sorpresa al ver que había una red protegida con el nombre de "Mark Owen Productions". Diversión asegurada durante horas si no hubiera sido que, al tener amigos informáticos, conocía algunas típicas claves que usan para algunas redes. Efectivamente el 12345678 no funcionó, pero al ver que eran 8 dígitos, pues dije: "ocho ochos". Y accedí. A los 5 minutos lo cambiaron, o algo pasó porque me echó de la red y ya no pude volver a acceder, pero mi cara en el primer momento tras ver conectado el wifi tuvo que ser un poema. Ya puedo decir que le he pirateado el WiFi a mi artista favorito, ¡jaja!
A eso de las 7, las inglesas de delante empezaron a levantarse, y les molestó que nosotras también lo hiciéramos, pero la cosa no pasó a mayores. A las siete y media abrieron las puertas, dejando pasar primero a ese grupo, y al rato a nosotras, tan sólo porque la "cabecilla" de ese grupo así lo había pedido al guarda de seguridad. Suponemos que tenían miedo que las arrolláramos y nos pusiéramos en primera fila, y es que las fans españolas tenemos muy mala fama, pero eso viene después. Sin embargo nosotras cuatro no estábamos muy por la labor de correr, era la primera vez en aquel sitio y no sabíamos por dónde había que ir. Si nos hubieran grabado, hubiera parecido una película cómica: escaleras cerradas que subían y subían, y Fani corre que te corre mientras gritaba que siguiera su voz. Ahora sé que no es tan fácil orientarse siguiendo una voz, lo parece pero NO lo es. Y los teloneros, Animal Kingdom, estuvieron exactamente igual que en Londres, muy flojos en la mayoría de canciones (a excepción del batería que hacía las veces de pianista).
Cuando empezó la música, nadie se inmutó, parecía que nadie sabía que era el "opening", y es que quienquiera que lo escuche, lo último que pensará es que es la música para dar comienzo a un concierto. Hasta que entró la banda desatando una repentina locura. Las primeras notas de Giveaway empezaron a sonar para recibir a Mark, quien había reciclado la chaqueta de hacía dos giras de Take That. Y yo encantada. Por suerte no repitió esa horterada de chaqueta geométrica que llevaba en Londres. Nada más salir le vi diferente, se le veía como más suelto, quizá menos cansado, se movía más por el escenario e incitaba al público a cantar con él. Y nada más terminar la primera canción, va y se acerca a nuestro lateral diciendo, aparte de lo típico: "Veo que venís desde muy lejos, como por ejemplo... ¡España!". Sin duda la bandera de nuestra amiga Pili había causado el efecto deseado: llamar su atención. Y las italianas no tardaron en empezar a quejarse, pero allá que fue Mark a hacer como si no pasara nada, preguntando a las de las primeras filas de dónde venían. Y nosotras felices como regalices.
El resto del concierto no tuvo ninguna variación con respecto al de Londres en cuanto al setlist, pero sí que noté a Mark muy enérgico, más participativo y comunicativo con el público, creo que en gran parte porque el público que asistió a Glasgow fue más considerado, o al menos más adulto, y se callaban cuando hablaba, y aplaudían cuando había que aplaudir, y gritaban cuando correspondía. En esta ocasión no estaba Jake Emlyn pero teníamos a un Jamie Norton (pianista de Mark) que lo bordó. Una voz sorprendente sin duda, pues esperaba que fuera Ben Mark (guitarrista) quien sustituyera la voz de Jake, ya que Ben tiene su propia carrera como cantautor. Pero Jamie estuvo a la altura y con creces.
Ben Mark
El concierto fue apoteósico, o al menos así lo recordaré siempre. Mark lanzaba bromas sarcásticas dándose cuenta de quién había seguido su carrera en solitario y quién no, pues desde el escenario señalaba quién se sabía la letra (muy a lo Robbie jaja). Y no sé si fue porque nosotras nos la sabíamos pero al terminar todas terminamos con la rara impresión de que había estado más tiempo en nuestro lateral del escenario que en el centro que es lo normal o en el otro lateral. Quizá paranoias de fan, pero nos hacía ilusión saber que había reparado en nosotras.
Entre el buen rollo que había entre mis amigas y yo, el verlas sorprenderse con algunos temas, los efectos de luces y sonido, y la simpatía no sólo de Mark sino también del resto de la banda, fue un concierto digno de recordar. Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto. Por eso me dio tanta pena cuando se acabó, y para aliviar la pena, me abalancé sobre el puesto de merchandising a la captura de las nosecuantasmil tazas que me habían encargado. Y el tío del merchandising va y me dice que nanai, que me vaya al concierto de Manchester que allí las tendrán (y yo por dentro "no me tientes, no me lo digas dos veces"). Así que en vez de tazas pillé chapas para todo quisqui, que además salían más baratas, la mitad que las tazas.
Salimos del recinto con nuestro merchandising, la ilusión del primer saludo, y el subidón que hace corroborar lo bien gastado que está el pastizal que ha sido necesario para ir al concierto, porque aunque las entradas de Glasgow fueron más baratas que las de Londres, los vuelos por el contrario eran el doble de caros. Así que salimos y estuvimos pensando por cuál puerta saldría, pero teniendo el autobús justo enfrente de la principal, era obvio. Así que allí nos plantamos, con la misión que intentamos conseguir escrita en un cartel porque iba a ser imposible explicárselo con tanta gente. De esa forma lo leería y ya si le parecía bien, lo diría.
¿Y cuál era esa misión? Consistía en grabar en vídeo a Mark dando la enhorabuena a unos amigos que se casaban (la novia es fan) para unirlo a un vídeo que habíamos preparado entre todas las amigas (todas fans también). Pero con tanta gente, y alguna hasta las cejas de alcohol, ya vi que aquello iba a estar más complicado de lo que me había imaginado. Así que nos alejamos de la puerta principal, más cuando vimos que a músicos, mánagers, etc. los hacían subir por el lado del autobús que daba a la carretera. ¿Para qué van a hacerlo fácil, teniendo el autobús dos puertas, una de ellas al borde de la acera?
Cruzamos la calle y nos apoyamos en un coche justo enfrente de la puerta por donde iban entrando y saliendo, con tres carriles de calle de por medio por lo cuales pasaban autobuses, coches, camiones y hasta la policía en varias ocasiones. Junto a nosotras estaban algunas inglesas, tan bebidas que iban y venían del coche al autobús si importarles mucho el tráfico. Como no iba a ser posible grabar el mensaje con Mark, me dije: pues que lo grabe un músico. Y entonces apareció Ben, sin nadie alrededor, y dije "ésta es la mía". Ni corta ni perezosa, y sin saber muy bien cómo iba a reaccionar, me acerqué lo más educadamente posible y le expliqué lo de la boda nuestra amiga y la sorpresa que se llevaría si él aparecía en el vídeo. Le encantó la idea y gustosamente accedió a grabar un mensaje de parte de todo el equipo.
Volví con mis amigas al coche, y al rato de estar esperando a que Mark apareciera, a Pili le dio por mirar el edificio de la sala y descubrió en una ventana que Ben estaba echando fotos a las fans, y a su lado Mark. Miré alrededor. A mi lado, las inglesas, más pendientes de la puerta principal que de la ventana. Miré arriba de nuevo. Mark saludando desde la ventana con la mano como un niño pequeño. Y nosotras cuatro devolviéndole el saludo de igual forma. Y él que volvía a saludarnos. Aquello era lo más surrealista que me había pasado nunca. Tras 10 minutos haciendo los pavos tanto nosotras como Mark, y Ben echando fotos, saqué la cámara para dejar prueba fehaciente de aquella escena, momento en el que las beodas se dieron cuenta de qué hacíamos y empezaron los gritos histéricos. Y nosotras con el consiguiente ataque de risa.
Tras aquella anécdota, llegamos a la conclusión de que nuestra mala fama como fans españolas no tenía por qué en comparación con las inglesas. Con más razón después de ser testigos de los siguientes momentos. Ben volvió a la calle y se quedó alucinando cuando una, que había memorizado el código de acceso al autobús, se lo gritó a los cuatro vientos. Pero no sólo fue eso, sino que además, mientras el chaval que hacía de segurata salvaba a una de ser atropellada, en cuestión de segundos otra aprovechó la distracción, atravesó los tres carriles sin mirar, pulsó el código y subió al segundo piso del autobús ante la mirada atónita de nosotras cuatro y los vítores de sus amigas. El de seguridad no se había percatado de nada pero el bajista que estaban dentro sí, y fue él quien salió escopeteado detrás de ella y quien amablemente le acompañó a la salida. Y tal y como era de esperar, cuando tras un par de horas allí de parón, Mark se decidió a salir, las inglesas cruzaron de nuevo y se apelotonaron contra la puerta, ocupando parte del primer carril, obligando a los conductores a evitar atropellarlas, y los pobres de seguridad que no daban a basto, y nosotras sin movernos, esperando lo peor. Hasta la policía se detuvo para ver si tenían controlada la situación, que por suerte hizo serenarse a las más borrachas, pero aún así Mark tuvo que pasar totalmente cubierto por dos hombres que le doblaban la altura y que en nada le colaron en el bus.
Como la esperanza es lo último que se pierde, allí aguantamos las cuatro una hora más en vano, a ver si con la gente yéndose, y nosotras cuatro solas en el coche, Mark salía. Cuando volvió a aparecer Ben, pensé que mejor preguntarle si iba a salir o no antes de quedarnos más heladas allí en mitad de la calle como pasmarotes. Y teniendo la oportunidad de hablar tranquilamente por él, le pregunté qué tal iba funcionando el disco, que cuál era su plan tras la gira, que si pensaba retomar su carrera en solitario (lo cual le sorprendió)... Tonta de mí tenía que haber aprovechado ese momento para pedirle que publicara las fotos que nos había hecho desde la ventana, ya que por el Twitter luego ignoró mi petición.
Como ya Ben nos aseguró que Mark no saldría, pues nos recogimos y nos fuimos a cenar al único sitio abierto, un McDonald's, donde estuvimos riendo y hablando y reviviendo cada momento de aquel día. Y es que los mejores conciertos a los que he asistido siempre han acabado en un restaurante de ese tipo, alargando al máximo el momento de la despedida.