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martes, 5 de mayo de 2015

Separaciones y demás disoluciones encubiertas


Es difícil aparentar que estás bien cuando no es así, más tras recibir un golpe bajo. Rápido, inesperado, de los que te atraviesan el pecho abriéndose paso hasta la columna.

Pero lo que a ti tanto te afecta y te duele, a los demás les parece una tontería. Y por eso lo ocultas. Intentas recibir el golpe y que no se note ni un ápice en tu mirada, que no te tiemble la voz y evitar desahogarte en un llanto sin fin. Porque no quieres que nadie, alarmado, te pregunte qué te sucede, porque sabes que en ese momento de debilidad lo único que recibes es incomprensión o, en el mejor de los casos, gente que con toda su buena fe no sabe cómo reaccionar.

Ninguna fan está preparada para el momento de decir adiós a su banda favorita. Te mentalizas, es de dominio público que toda carrera musical tiene su final, ya sea con punto y aparte, puntos suspensivos o punto final. Y en la actualidad (no sé por qué razón) usan los puntos suspensivos cuando en verdad es un punto final. Pero por mucho que digamos eso de "les quedan dos telediarios" o "esto huele a despedida", cierto es que nunca se está suficientemente preparada para recibir el puñetazo en la boca del estómago. Es una cosa que sólo l@s fans podemos llegar a comprender, aunque no seamos seguidores del mismo grupo disuelto. Cuando le sucede a otra, es inevitable ponerse en su lugar y pensar en cómo reaccionaríamos si nuestro grupo fuera el disuelto.

Es verdad que se puede llegar a ser fans de varios grupos al mismo tiempo, pero no todos nos calan igual. Unos más, otros menos, pero esos primeros son los que realmente duelen. Duelen porque en el caso de que sea un grupo y no un solista, a pesar de ser diferentes miembros, lo conceptuamos como uno, como banda, grupo, etc. Es una combinación de varios músicos que pasan a ser un ente, un ente que muere, porque esa combinación de cabezas pensantes no volverá a darse porque ya no "trabajan" para el mismo objetivo. Cualquiera dirá que luego vuelven, que después uno colaborará con otro, porque a veces el fin del grupo no significa que termine la relación personal entre los miembros.

Pero aún volviendo, aún colaborando algunos, no es lo mismo, no lo será porque ya no se ve del mismo modo. Ya no tocan por un mismo objetivo, tocan juntos porque les apetece, como algo puntual. Y si vuelven para hacer ese punto y aparte, no sigue viéndose igual que antaño. Yo he tenido inmensa la suerte de ahorrarme la disolución y disfrutar de la vuelta de una de mis bandas favoritas como si empezaran de cero; han creado temas y discos nuevos para todos los gustos y opiniones, y aún así, cuando escucho esos discos y veo las fotos actuales, no los identifico como los que fueron. No es la misma banda que conocí antaño.

¿Se puede llegar a hacer comprender a la gente cómo afecta esta "pérdida"? Nunca. Ni siquiera los propios artistas lo entienden, así que ¿para qué luchar y gastar saliva en explicaciones que sólo van a reafirmar lo que ellos piensan, que son tonterías? Chiquillerías, como también he oído en numerosas ocasiones. Cosas que les enerva a los que te rodean, o te compadecen "ay qué penita, cómo llora la cría". Pero eso cuando tienes quince; si pasas la veintena, te tienes que aguantar, callar y mantener la compostura para que la reacción no sea peor, y te tilden de imbécil, o de psiquiatra.

Y si aún así preguntan, sonríe aunque tus ojos lloren, y responde "nada" que tiene las sílabas justas para que no perciban el temblor en tu voz. Porque para el resto no se acaba el mundo, ni ha fallecido nadie, para ti han muerto esas horas de colas, la emoción de escuchar el directo de tu canción favorita; se acabaron esas charlas con la banda sobre proyectos venideros que nunca verán la luz; esa pugna por tener un single o un disco antes que nadie, poder escuchar lo nuevo cuanto antes; se acabó dar el palique a amigos, conocidos, compañeros y familiares para conseguirles más ventas; el ahorrar para lo venidero, porque ya no hay futuro en el que invertir.

Porque se han acabado esas horas llenas de música que te llenaba, que te acompañaba en los peores momentos y que te animaba, que te reforzaba la felicidad cuando estabas alegre, o que simplemente te motivaba a luchar, a levantarte cada día de la cama, a afrontar tus miedos y tus impedimentos, a batallar en el trabajo hasta la hora de salida, a acompañarte en un día de relax con un libro y la música de fondo, o dándote múltiples ideas creativas que puedes plasmar en dibujo o escritura, por poner un ejemplo. Canciones que han sonado y que han marcado momentos cruciales, pasando a ser la banda sonora de tu vida. Música que, aunque el resto no lo vea ni comprenda, han hecho de tu mundo un sitio mejor.

Por suerte las canciones son eternas y siempre estarán ahí, aún cuando, recién disuelta la banda, no puedas escucharlas porque te parten el alma, y porque es inevitable hacerlo sin emocionarse, sin recordar todos los buenos momentos y toda la gente maravillosa que has conocido gracias a ese grupo. Pero una vez pasado ese tramo de "duelo", pondremos de nuevo nuestro disco favorito con una sonrisa agridulce y agradeciendo que un día se hubieran juntado para formar el grupo, agradeciendo todos y cada uno de los recuerdos que, directa o indirectamente, nos han dejado formando un bonito pasado.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Rivalidades entre fans

Con motivo del concierto de los BackStreet Boys (BSB) que dieron anoche, me ha dado por pensar en esos odios infundados no entre bandas, eso es otro tema, sino entre las fans de los grupos. Cualquiera que me conozca sabe la tirria que les tengo desde que salieron a la luz, es decir, tras separarse Take That (TT). No me caen bien, algunos de los miembros peor que otros, pero ¿por qué? Yo qué sé. Hace ya tanto tiempo...

Pienso que quizá parte de la culpa de este odio venga por la prensa, siempre comparando, y más cuando coincide en el tiempo el fin de una banda y el resurgir de una nueva. Más si una es de Reino Unido y otra de EE.UU. Si a una adolescente se te ocurre decirle, aún con el dolor de la separación reciente, que los que acaban de llegar son los nuevos [inserte banda disuelta aquí], no esperes que la reacción sea pacífica. Cierto es que algunas se convirtieron fans de los nuevos sin dejar de serlo de los viejos. Olé por ellas, yo no pude.

Pero lo intenté, juro que lo intenté. Y aquí seguramente radica la verdadera causa de tanta manía hacia los BSB: me "quitaron" a mis amigas. La etapa adolescente es bastante dura ya de por sí sola, más si vas viendo que a tus amigas ya no les gusta la misma música, que desemboca en no poder compartir tu pasión. Para más inri, van y pasan a ser fans de la otra banda. La empiezas a escuchar, a conocerla, pero no te termina de convencer, con lo cual terminas siendo una marginada que "no está a la onda". Y como tus amigas son como son, no se callan una y no piensan antes de hablar (¿qué adolescente lo hace?), empiezan las púas, las críticas e insultos sobre los que hacía un año habían sido sus ídolos. Yo tampoco me callaba, y así empezamos un toma y daca de insultos sobre ellos, y al tiempo, la gota que colmó el vaso y rompió nuestra amistad. Drama total volumen I, con portazo incluido.

Cualquiera puede pensar que eso no eran amigas, que las amigas se respetan, pero para mí sí lo fueron porque a pesar de todo ese odio hacia TT, a pesar de lo mucho que les insultaron, a pesar de que nunca olvidaré que desearon la muerte de Robbie Williams por sobredosis, siempre recordaré pequeños detalles, algo tontos, que tuvieron conmigo: varios regalos sobre el grupo, algún recorte de una revista, e incluso un robo en unos grandes almacenes para conseguirme un póster, una de las mejores anécdotas de aquella etapa. Además, cosas de la vida, tras aquello volvimos a hacer las paces y tan amigas hasta que perdimos el contacto al coger distintos caminos.

Ya han pasado muchos años de aquello, pero la espinita sigue ahí. A ellas no les guardo rencor alguno, pero no olvido. En cuanto al odio sobre BSB, es como algo latente, está ahí dentro, escondido, pero surge en cuanto leo alguna entrevista y no estoy nada de acuerdo con lo que dicen. Y vuelve a salir esa adolescente al grito de "Mentirosos! Falsos! Qué falsos sois!". Pero luego pienso en la gente que conozco, personas encantadoras que han resultado ser fans de BSB, y veo lo emocionadas que están cuando se acerca la fecha del concierto, el nerviosismo de preparar todo para ese día, el orgullo que da ver que hablan de ellos en los medios, el subidón de adrenalina cuando tocan su canción favorita, la completa e inmensa felicidad cuando les conocen en persona... Y el odio se disipa, y me alegro que BSB existan porque hacen feliz a gente que me cae bien.

Porque es cuando me doy cuenta que, sin importar la banda, cuando una es fan, los sentimientos son idénticos, a todas nos hacen felices y nos ilusionan las mismas cosas, y es que, en el fondo, todas somos iguales.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Listos que no saben distinguir entre groupie y fan

Hoy me ha cabreado mucho, muchísimo, como suele suceder cada vez que lo veo, algunos comentarios en tono despectivo hacia las fans vía Twitter. Me importa un carajo que nos tachen de histéricas, infantiles, etc. Pero que digan que somos groupies por ahí NO paso.

Cada cual es como es, y por mi propia experiencia, como fan que soy y habiendo conocido a un montón de fans, puedo decir que no todas las fans son iguales. Tampoco hay dos personas iguales. Que generalicen con esto no me importa, es más, lo veo totalmente normal: siempre se hacen notar más las histéricas y el pato lo pagan las que son más tranquilas. Pero que usen y hablen de fans con el nombre de "groupie" me parece de lo más... ¿Estúpido? ¿Ignorante? ¿Imbécil? Y lo peor no es que se lo oiga a otras fans, lo peor es que cada vez lo leo más por las redes sociales de perfiles de profesionales de la música: desde bloggers hasta periodistas ¡e incluso músicos! Podrán tocar la guitarra de puta madre (olé por ellos, envidian me dan), podrán distinguir un buen disco de uno malo (me parece bien, para eso les pagan -a algunos-), podrán saber quién va a estar en el candelero y quién se va a ostiar en el mundillo... Pero decir que las fans somos groupies es símbolo de su ignorancia, y pone de manifiesto, una vez más, cuánto desprecio hay hacia las fans.

Porque groupie, señores, no es lo mismo que fan. Ya escribí sobre los orígenes de las groupies, y mi opinión y preferencia al usar ese término.

Las groupies se rigen por las modas, el famoseo y por el simple hecho de si eres músico o no. Tiran los tejos a diestro y siniestro, sin cortarse un pelo y si además les siguen el juego y encima les invitan a todo, mejor que mejor. Rara vez se compran un disco, en todo caso se lo compran cuando es un súperventas para luego tenerlo olvidado en una estantería. Ésas, señores, ÉSAS son las groupies. Las fans son las que, independientemente de si su artista favorito esté de moda o no, de si el disco sea una bazofia o sea el mejor de su carrera, las fans lo compran. Sí o sí. No se rigen por modas, no pugnan por acostarse con el cantante... Podrán tener infinidaaaaaaad de fantasías sexuales con sus cantantes favoritos, pero a la hora de tenerlo delante no se lanzan a su cuello como hacen las groupies. Si es una fan de las histéricas, se abrazará a él como mucho, pero otras se quedarán como estatuas de hielo, y otras actuarán con total normalidad e incluso entablan una conversación como adultos. Y todas son fans por igual. Pero ninguna se irá a la cama con él.

Pero veámoslo desde el punto comercial, que a fin y al cabo, la pela es la pela, y es lo que cuenta hoy en día. El dinero en muchos casos es lo que hace que un grupo siga o no adelante. Hasta ahí de acuerdo, ¿no? Señores, ¿no se han dado cuenta de que una fan es una fuente constante de dinero para los músicos? Una fan comprará todos los discos, e incluso más de una y de dos copias, irá a todos los conciertos, y arrastrará consigo a todo ser que pueda convencer, comprará merchandising hasta para su abuela, se gastará MILLONADAS a lo largo de su vida por un artista que nunca la recordará. ¿Por qué no quieren verlo desde ese punto?

Me gustaría pensar que, de esa manera, se respetaría un poco más al mundo fan. Pero siempre es más fácil despreciar y poner verde a alguien en lugar de investigar, aprender y conocer. Y luego se lamentarán de que la música en este país esté como esté. Así no se va a solucionar nada.



Como consejo: si te cruzas con una panda de histéricas, no dejes que agoten tu paciencia y al final acabes poniéndote a su nivel montándoles el pollo como si fueras su progenitor, pero haz que se calmen con buen rollo. Ponte en su lugar. Tampoco es tan difícil. ;)

sábado, 20 de julio de 2013

Madrid-Londres-Glasgow-Alicante II

Segunda parte: Glasgow

A Londres da igual si vas solo, si vas con tu pareja, con tu familia, con un grupo de amigos o con tu mejor amiga, de todas las maneras posibles (y puedo decir que he probado todas esas) la ciudad ofrece cosas para cada tipo de viaje, haciendo que sea imposible no entretenerse y divertirse. Pero cuando nos juntamos mi amiga Fani y yo en Londres, es punto y aparte. Para empezar, la maldición que nos persigue: siempre sucede algún evento violento o catástrofe natural cuando nos decidimos a ir a Londres. En las dos ocasiones famosas de las nubes volcánicas, allí estábamos nosotras. Cuando las huelgas en puente de diciembre, nosotras estábamos en Londres. Y lo último, aparte de la huelga de los franceses, fue los dos locos que había apuñalado a un hombre en mitad de la calle. Siempre sucede algo.

Casualidades aparte, el plan era recogerla en el aeropuerto, pasar la mañana en Londres grabando vídeos para un proyecto y a media tarde coger el tren hacia Glasgow para llegar allí de noche. Todo parecía perfecto, había hecho un sol del carajo los días anteriores así que los vídeos saldrían estupendísimos, ¿no? ¡NO! ¡Qué ilusas fuimos! El proyecto consistía en grabarnos haciendo el payaso en los sitios míticos de Londres para meterlos después en un vídeo-felicitación para una amiga que se casaba. Pero el tiempo quiso poner su granito de arena y dejar caer la famosa lluvia londinense cuando llegamos al Buckingham Palace. Hubiera quedado muy bien de no ser porque mi cámara no es impermeable. Así que nos tocó aguardar bajo un árbol de Green Park un cuarto de hora a que parara de llover, y en cuanto vimos que amainaba un poco, allá que fuimos a saltar y principalmente a descojonarnos delante de la cámara con el palacio de fondo. Y de ahí al Big Ben a hacer lo mismo, con la lluvia que volvía a apretar y que nos pilló en mitad del parque de St. James. No había otro bonito día en el que llover...

Una vez grabadas diversas tomas nos fuimos hasta King's Cross a recoger nuestras maletas y a Euston a pillar el tren, pues aún nos esperaban 4 horas y pico hasta llegar a Glasgow. Por suerte el tiempo sí acompañó en ese viaje y pude hacer algunas instantáneas desde el tren para recordar aquellos prados verdes que no suelo ver mucho por aquí. Puntual, el tren llegó a Glasgow ni un minuto antes ni uno después. Salimos a la estación y ya alucinamos con la gente, críos deno más de 17 años borrachos como cubas cantando y riendo escandalosamente por la estación. Y no fue un caso aislado. Nuestro hotel estaba muy cerca así que fuimos a pie, encontrándonos por el camino numerosos grupos de gente bebida, pero que a diferencia de las borrachas que veíamos en las giras de Take That, aquí se respiraba buen ambiente. Pero para unas españolas siempre es sorprendente ver a gente tan ebria siendo las 8 de la tarde, aunque allí ya era de noche.


Llegamos al hotel sin problemas donde nos estaban esperando otras dos amigas españolas, con quienes estuvimos conversando en la habitación del hotel. Se ofrecieron a enseñarnos dónde se encontraba la sala donde iba a tocar Mark y al no estar muy lejos accedimos a dar el paseo. Vimos que era una zona muy animada, no sólo por todos los comercios que había, a esas horas cerrados, sino también por todas las discotecas que había en la avenida. Al llegar a la sala planeamos nuestra estrategia para hacer cola y seguimos conversando animadamente durante varios minutos. Luego ya nos retiramos a dormir para recobrar fuerzas para el día siguiente.

Y tal como sucedió en Londres, efectivamente algo pasaba con las fans inglesas, que en la última gira de Mark allá por el 2005, siempre llegaban con una hora de adelanto a la sala. Sin embargo, en esta gira se dio en casi todas las ciudades la situación de ver a las inglesas acampadas a primerísima hora de la mañana. Así que nuestras amigas que iban de avanzadilla, nos dieron el aviso que las inglesas estaban organizando la fila poniendo número en el orden de llegada de la gente. Así que a las 9 de la mañana nos fuimos, cogimos le número siguiente a nuestras amigas, y tras el desayuno, volvimos con ellas para hacer cola hasta las 8 que empezaba el concierto.

Cualquiera puede decir que casi 12 horas de cola es una burrada, que qué aburrimiento, que menuda cosa estar tirada en mitad de la calle tanto tiempo, etc. Pero son de esas cosas que hasta que no las haces, no sabes lo que te pierdes. Nuestro plan era dejar algunas cosas en el hotel, pero el tiempo en la fila se nos pasó tan rápido que no pisamos el hotel (sólo yo tras el desayuno pensando que me habían robado el móvil). Y es que tantas horas con tantas cosas de las que hablar se pasan volando. Que si te pones a imaginar qué va a tocar (mis amigas no habían estado en ningún otro y no querían spoilers), que si te pones a recordar otros conciertos (sean o no de Mark), te pones a hablar de música en general (hablamos de Love Of Lesbian, de Second, de LA, de John Garrison, de Reikiavik...), y cualquier tema que se nos pasaba por la cabeza. Además luego está que si te vas al Primark a comprarte una manta o algo para sentarte encima, que si te pica el gusanillo te vas a comprar chocolatinas al 24 horas, que si aprieta el calor te pones crema protectora y te compras unos helados en la cafetería o te pones pañuelos en la cabeza haciendo el ganso (momento harén de Mark Owen), que si vigilas a las italianas que quieren colarse, que si te pones a hacer fotos a los edificios de alrededor...

Pero uno de los mejores y más divertidos momentos, aparte del harén, cuando ya empieza a haber movimiento y empieza la prueba de sonido, por simple aburrimiento nos ponemos las cuatro a buscar wifi como habíamos hecho por la mañana, y cuál es nuestra sorpresa al ver que había una red protegida con el nombre de "Mark Owen Productions". Diversión asegurada durante horas si no hubiera sido que, al tener amigos informáticos, conocía algunas típicas claves que usan para algunas redes. Efectivamente el 12345678 no funcionó, pero al ver que eran 8 dígitos, pues dije: "ocho ochos". Y accedí. A los 5 minutos lo cambiaron, o algo pasó porque me echó de la red y ya no pude volver a acceder, pero mi cara en el primer momento tras ver conectado el wifi tuvo que ser un poema. Ya puedo decir que le he pirateado el WiFi a mi artista favorito, ¡jaja!

A eso de las 7, las inglesas de delante empezaron a levantarse, y les molestó que nosotras también lo hiciéramos, pero la cosa no pasó a mayores. A las siete y media abrieron las puertas, dejando pasar primero a ese grupo, y al rato a nosotras, tan sólo porque la "cabecilla" de ese grupo así lo había pedido al guarda de seguridad. Suponemos que tenían miedo que las arrolláramos y nos pusiéramos en primera fila, y es que las fans españolas tenemos muy mala fama, pero eso viene después. Sin embargo nosotras cuatro no estábamos muy por la labor de correr, era la primera vez en aquel sitio y no sabíamos por dónde había que ir. Si nos hubieran grabado, hubiera parecido una película cómica: escaleras cerradas que subían y subían, y Fani corre que te corre mientras gritaba que siguiera su voz. Ahora sé que no es tan fácil orientarse siguiendo una voz, lo parece pero NO lo es. Y los teloneros, Animal Kingdom, estuvieron exactamente igual que en Londres, muy flojos en la mayoría de canciones (a excepción del batería que hacía las veces de pianista).

Cuando empezó la música, nadie se inmutó, parecía que nadie sabía que era el "opening", y es que quienquiera que lo escuche, lo último que pensará es que es la música para dar comienzo a un concierto. Hasta que entró la banda desatando una repentina locura. Las primeras notas de Giveaway empezaron a sonar para recibir a Mark, quien había reciclado la chaqueta de hacía dos giras de Take That. Y yo encantada. Por suerte no repitió esa horterada de chaqueta geométrica que llevaba en Londres. Nada más salir le vi diferente, se le veía como más suelto, quizá menos cansado, se movía más por el escenario e incitaba al público a cantar con él. Y nada más terminar la primera canción, va y se acerca a nuestro lateral diciendo, aparte de lo típico: "Veo que venís desde muy lejos, como por ejemplo... ¡España!". Sin duda la bandera de nuestra amiga Pili había causado el efecto deseado: llamar su atención. Y las italianas no tardaron en empezar a quejarse, pero allá que fue Mark a hacer como si no pasara nada, preguntando a las de las primeras filas de dónde venían. Y nosotras felices como regalices.

El resto del concierto no tuvo ninguna variación con respecto al de Londres en cuanto al setlist, pero sí que noté a Mark muy enérgico, más participativo y comunicativo con el público, creo que en gran parte porque el público que asistió a Glasgow fue más considerado, o al menos más adulto, y se callaban cuando hablaba, y aplaudían cuando había que aplaudir, y gritaban cuando correspondía. En esta ocasión no estaba Jake Emlyn pero teníamos a un Jamie Norton (pianista de Mark) que lo bordó. Una voz sorprendente sin duda, pues esperaba que fuera Ben Mark (guitarrista) quien sustituyera la voz de Jake, ya que Ben tiene su propia carrera como cantautor. Pero Jamie estuvo a la altura y con creces.

Ben Mark
El concierto fue apoteósico, o al menos así lo recordaré siempre. Mark lanzaba bromas sarcásticas dándose cuenta de quién había seguido su carrera en solitario y quién no, pues desde el escenario señalaba quién se sabía la letra (muy a lo Robbie jaja). Y no sé si fue porque nosotras nos la sabíamos pero al terminar todas terminamos con la rara impresión de que había estado más tiempo en nuestro lateral del escenario que en el centro que es lo normal o en el otro lateral. Quizá paranoias de fan, pero nos hacía ilusión saber que había reparado en nosotras.

Entre el buen rollo que había entre mis amigas y yo, el verlas sorprenderse con algunos temas, los efectos de luces y sonido, y la simpatía no sólo de Mark sino también del resto de la banda, fue un concierto digno de recordar. Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto. Por eso me dio tanta pena cuando se acabó, y para aliviar la pena, me abalancé sobre el puesto de merchandising a la captura de las nosecuantasmil tazas que me habían encargado. Y el tío del merchandising va y me dice que nanai, que me vaya al concierto de Manchester que allí las tendrán (y yo por dentro "no me tientes, no me lo digas dos veces"). Así que en vez de tazas pillé chapas para todo quisqui, que además salían más baratas, la mitad que las tazas.

Salimos del recinto con nuestro merchandising, la ilusión del primer saludo, y el subidón que hace corroborar lo bien gastado que está el pastizal que ha sido necesario para ir al concierto, porque aunque las entradas de Glasgow fueron más baratas que las de Londres, los vuelos por el contrario eran el doble de caros. Así que salimos y estuvimos pensando por cuál puerta saldría, pero teniendo el autobús justo enfrente de la principal, era obvio. Así que allí nos plantamos, con la misión que intentamos conseguir escrita en un cartel porque iba a ser imposible explicárselo con tanta gente. De esa forma lo leería y ya si le parecía bien, lo diría.

¿Y cuál era esa misión? Consistía en grabar en vídeo a Mark dando la enhorabuena a unos amigos que se casaban (la novia es fan) para unirlo a un vídeo que habíamos preparado entre todas las amigas (todas fans también). Pero con tanta gente, y alguna hasta las cejas de alcohol, ya vi que aquello iba a estar más complicado de lo que me había imaginado. Así que nos alejamos de la puerta principal, más cuando vimos que a músicos, mánagers, etc. los hacían subir por el lado del autobús que daba a la carretera. ¿Para qué van a hacerlo fácil, teniendo el autobús dos puertas, una de ellas al borde de la acera?

Cruzamos la calle y nos apoyamos en un coche justo enfrente de la puerta por donde iban entrando y saliendo, con tres carriles de calle de por medio por lo cuales pasaban autobuses, coches, camiones y hasta la policía en varias ocasiones. Junto a nosotras estaban algunas inglesas, tan bebidas que iban y venían del coche al autobús si importarles mucho el tráfico. Como no iba a ser posible grabar el mensaje con Mark, me dije: pues que lo grabe un músico. Y entonces apareció Ben, sin nadie alrededor, y dije "ésta es la mía". Ni corta ni perezosa, y sin saber muy bien cómo iba a reaccionar, me acerqué lo más educadamente posible y le expliqué lo de la boda nuestra amiga y la sorpresa que se llevaría si él aparecía en el vídeo. Le encantó la idea y gustosamente accedió a grabar un mensaje de parte de todo el equipo.

Volví con mis amigas al coche, y al rato de estar esperando a que Mark apareciera, a Pili le dio por mirar el edificio de la sala y descubrió en una ventana que Ben estaba echando fotos a las fans, y a su lado Mark. Miré alrededor. A mi lado, las inglesas, más pendientes de la puerta principal que de la ventana. Miré arriba de nuevo. Mark saludando desde la ventana con la mano como un niño pequeño. Y nosotras cuatro devolviéndole el saludo de igual forma. Y él que volvía a saludarnos. Aquello era lo más surrealista que me había pasado nunca. Tras 10 minutos haciendo los pavos tanto nosotras como Mark, y Ben echando fotos, saqué la cámara para dejar prueba fehaciente de aquella escena, momento en el que las beodas se dieron cuenta de qué hacíamos y empezaron los gritos histéricos. Y nosotras con el consiguiente ataque de risa.

Tras aquella anécdota, llegamos a la conclusión de que nuestra mala fama como fans españolas no tenía por qué en comparación con las inglesas. Con más razón después de ser testigos de los siguientes momentos. Ben volvió a la calle y se quedó alucinando cuando una, que había memorizado el código de acceso al autobús, se lo gritó a los cuatro vientos. Pero no sólo fue eso, sino que además, mientras el chaval que hacía de segurata salvaba a una de ser atropellada, en cuestión de segundos otra aprovechó la distracción, atravesó los tres carriles sin mirar, pulsó el código y subió al segundo piso del autobús ante la mirada atónita de nosotras cuatro y los vítores de sus amigas. El de seguridad no se había percatado de nada pero el bajista que estaban dentro sí, y fue él quien salió escopeteado detrás de ella y quien amablemente le acompañó a la salida. Y tal y como era de esperar, cuando tras un par de horas allí de parón, Mark se decidió a salir, las inglesas cruzaron de nuevo y se apelotonaron contra la puerta, ocupando parte del primer carril, obligando a los conductores a evitar atropellarlas, y los pobres de seguridad que no daban a basto, y nosotras sin movernos, esperando lo peor. Hasta la policía se detuvo para ver si tenían controlada la situación, que por suerte hizo serenarse a las más borrachas, pero aún así Mark tuvo que pasar totalmente cubierto por dos hombres que le doblaban la altura y que en nada le colaron en el bus.

Como la esperanza es lo último que se pierde, allí aguantamos las cuatro una hora más en vano, a ver si con la gente yéndose, y nosotras cuatro solas en el coche, Mark salía. Cuando volvió a aparecer Ben, pensé que mejor preguntarle si iba a salir o no antes de quedarnos más heladas allí en mitad de la calle como pasmarotes. Y teniendo la oportunidad de hablar tranquilamente por él, le pregunté qué tal iba funcionando el disco, que cuál era su plan tras la gira, que si pensaba retomar su carrera en solitario (lo cual le sorprendió)... Tonta de mí tenía que haber aprovechado ese momento para pedirle que publicara las fotos que nos había hecho desde la ventana, ya que por el Twitter luego ignoró mi petición.

Como ya Ben nos aseguró que Mark no saldría, pues nos recogimos y nos fuimos a cenar al único sitio abierto, un McDonald's, donde estuvimos riendo y hablando y reviviendo cada momento de aquel día. Y es que los mejores conciertos a los que he asistido siempre han acabado en un restaurante de ese tipo, alargando al máximo el momento de la despedida.

martes, 9 de julio de 2013

Madrid-Londres-Glasgow-Alicante I

Primera parte: Londres

Cada viaje ya de por sí es una aventura, no sabes qué te puede suceder pero sabes que vas a pasártelo bien. Y si ya encima el viaje es por algo como un concierto, está claro que te lo vas a pasar mejor que bien. Como ya anuncié en una de mis anteriores entradas, me fui de concierto a Londres y a Glasgow a ver en concierto a Mark Owen. El susodicho sólo sacó gira por Reino Unido, y de lo más repentinamente. Y allá que me fui yo, a la aventura nunca mejor dicho, porque en esta ocasión me iba sola a Londres. No era la primera vez que me decidía a viajar sola a esa ciudad, pero sí para ir a un concierto. Ahora que ha pasado, en ese aspecto tampoco fue muy diferente, eso sí, no me gasté tanto dinero en ropa como la primera vez (me aburría, me iba de compras. Esta vez iba más en plan fotográfico).

Pero sí que fue muy diferente en el resto de aspectos. Para empezar, ya tuve que desempolvar mi inglés estando en Atocha ante unos guiris que un poco más y aparecen en Príncipe Pío en lugar de en la T4. Y una vez allí, bueno, para qué... Llego y me entero de que hay huelga en Francia, vaya puntería la mía. Así que la T4 y yo nos hicimos graaaandes conocidas en aquel día. Pero la experiencia es un grado, y los cargadores de mp3, cámara y móvil iban conmigo en lugar de la maleta facturada. Hice bien porque eso me salvó de muchas horas aburridas. Sobre todo me entretuve en desenganchar la cremallera del bolso y en enchufar el cargador del móvil a una pared. Parece fácil, ¿no? Pues no. La mayoría de los enchufes de la T4 tienen mucha holgura (como de enchufe de aspiradora o electrodoméstico grande) así que un cargador pequeño se cae constantemente. Pero con un poco de ingenio y un par de chaquetas conseguí hacer una especie de trípode donde apoyar el cargador y rellenar la batería de mi móvil.

Mi vuelo salía al mediodía, salió al final casi a las 8 de la tarde. Yo solamente rezaba por no perder la reserva de hotel como ya casi nos pasó en otra ocasión con otro retraso de no sé cuántas horas (gracias EasyJet). Pero lo chistoso fue cuando ya con todo el mundo a bordo del avión, cinturones abrochados, etc etc. Nos anuncian por la megafonía del avión y en inglés (y la gente que no entiende inglés bien ¿qué?) que el vuelo, debido a problemas con la huelga de Francia, no llega al aeropuerto de la City, sino a Southend. Nunca había estado en ese aeropuerto pero por las quejas y las caras de disgusto de la gente, me daba a mí que no estaba tan cerca de la ciudad como el City. En fin, era eso o quedarnos en tierra. Ya me las apañaría una vez en tierras anglosajonas. El aeropuerto del Southend está a medio hacer, y no deja de ser un hangar convertido en pequeño aeropuerto. Llegamos y nos metieron en un bus que nos dejaría en el aeropuerto de la City, asegurándonos que el transporte público estaría disponible para cuando llegáramos. Sí, claro, el penúltimo DLR (tren) pasó justo cuando nos bajábamos del bus. Y eso que me bajo del autobús, y siento un dejà vu. Había vuelto a Sunderland 4 años atrás: salida de un concierto multitudinario, todo el mundo desaparece en coches, y de pronto ¡¡¡no había ni dios!!! A la mayoría de la gente del autobús venían a recogerla, y los primeros que salieron del bus como alma que lleva el diablo se abalanzaron sobre los taxis. Y allí estábamos cuatro gatos nunca mejor dicho: una adolescente a la que llegaban tarde a recoger, un chico de unos 30 y pico con traje, un señor ya mayor y servidora.

Pasaron unos 30 minutos hasta que llegó un taxi que compartí con el chaval. Fue curioso el viaje, entre nosotros hablamos más bien poco pero lo divertido fue ser testigo de los malentendidos entre él y el conductor, quienes no se entendían ni para atrás. Intenté explicarle al tío qué le estaba diciendo el taxista, pero estaba demasiado inmerso intentando hablar correctamente en inglés, y ni me escuchó. Cuando se bajó, me dediqué a darle conversación al taxista que muy amablemente me dijo qué podía hacer por Shepherd's Bush cuya actividad se resumía en pasar el rato en Westfield, el centro comercial superhipermegachulomodernoquetecagas que acababan de abrir. ¿Dónde me había metido? ¿En qué barrio iba a estar los próximos 4 días? Menos mal que la comunicación con el metro es buena y aquello me salvó. El taxista no sólo fue mi guía turístico en esa noche sino que además me rebajó la tarifa (había cobrado de más al otro, vaaaaya qué torpeza, no?) y me hizo de guardaespaldas mientras yo me dedicaba a despertar al buen hombre que regentaba el hotel, quien al verme simplemente confirmó mi nombre y me dio la llave de la habitación. Si se la puede llamar así. El hotel estaba muy modernizado, remodelado recientemente, pero la habitación no era enana, era... ¿Compacta? Sí, por ejemplo. Al final me fui a la cama sobre la 1 y media, hora inglesa.

Ains las horas inglesas. Parezco nueva en esto algunas veces. Cambié el reloj de pulsera nada más bajar del avión, pero no la del móvil, es decir, la del despertador. Sonó el despertador y yo me levanté medio zombie, ducha rápida, desayuno en el hotel de al lado y empiezo el turismo. Y eso que sales a la calle, un día de diario, y dices: ¿dónde está todo el mundo? Oh shit! Efectivamente iba una hora por delante de los ingleses, ¡pensaba que eran las 9 y media! Así que me lo tomé con calma y dado que tenía tiempo de sobra, hice fotos al parque donde me acordé de que la última vez que estuve allí fue con un grupo de argentinas a las que acababa de conocer y con las que me lo pasé genial, y pensé en lo divertido que podría haber sido de haber estado ellas allí. Y luego pretendía hacer foto preconcierto a la sala donde iba a tocar Mark. Cuál fue mi sorpresa al ver que ya habían como unas 10 personas allí. Algo está cambiando con las fans inglesas, ellas nunca hacen fila tan temprano. Era surrealista. Así que, con entrada general, reajusté el plan y la hora que había ganado esta mañana la había perdido junto con otras 4 si no quería quedarme en última fila. Aquella mañana sólo me dio tiempo a ir a Camden con parada obligatoria de compra y relax en Yumchaa Teas, una tetería en The Stables con vistas al canal.

Normalmente cuando voy, que es en cada viaje que hago a Londres, puedo pasarme horas y horas allí, pues el sitio es perfecto para ello. Pero aquella mañana no fue posible y tan pronto como terminé mi English Breakfast tea (buenísimo) de vuelta a a la calle a tirar fotos por el canal y al metro. Comida rápida en McDonalds con Daft Punk de fondo y a la cola, donde ya me percaté de que las primeras no eran todas inglesas. Pero sí había mucha adolescente. La nueva generación takie en su (probablemente) primer concierto en una sala. Parecían que hacía cola par ver a Take That, con caras pintadas, banderas, y toda la parafernalia que no me es rara de ver en grandes estadios pero que allí llamaba demasiado la atención.

El concierto no estuvo mal, pero entre que Howard, otro de los componentes de Take That, estaba en el palco y aunque lo evitaba no pasaba desapercibido, las adolescentes gritando cada vez que Mark abría la boca, el efecto de las luces no se distinguía con tanto humo de máquina y el sonido dejaba mucho que desear, no fue de los mejores conciertos en sala a los que había ido (aún hoy sigue siendo peor el concierto que dio en 2005 en la Moby Dick). Los teloneros Animal Kingdom fueron contratados a última hora tras sacar del cartel a los anteriores (The Boy Least Likely To) por razones técnicas según versión oficial. Para mi gusto, salieron perdiendo pues Animal Kingdom no eran nada del otro mundo encima del escenario, les faltaba fuerza, una fuerza que sólo demostraron en la última canción. En Londres la verdad es que no vi mucha gente emocionada con ellos, lo normal, unas cuantas palmas y caras de "baja ya del escenario para que entre el otro". Mark estuvo como es él, activo, sin dejar de moverse por el escenario, intentando en vano hacerse oír por encima de los gritos entre canción y canción. Yo iba con los deberes hechos y el setlist aprendido, y cierto es que para mí fue toda una sorpresa que subiera a cantar Jake Emlyn, colaborador en el álbum, y las canciones nuevas sonaban muy bien y eran muy animadas, pero para mi gusto, hubiera metido más canciones del anterior disco, How The Mighty Fall. Cuestión de gustos.

Como anécdota de la noche, yo iba sola y terminé la noche con cinco españolas y una argentina. Cosas de los conciertos. ¡Ah, sí! Y la cremallera del bolso rota al final, como era de esperar. Y aún tenía día y medio más en Londres y luego Glasgow. Genial. Pero ni siquiera eso me quitó el buen humor de aquella noche.

El siguiente día en Londres puede resumirse en búsqueda y compra de souvenirs varios. Y sí, vale, también me compré cosas para mí, pero no ropa, sino unos discos que me interesaban tener en original y que quería comprar en tiendas de música concretas: Rough Trade y Roxy Sister. Rough Trade la conocía por ser la primera que tuvo el disco de Satellites y Roxy Sister la conocí allí mismo buscando en Google algún sitio cerca de Oxford Circus donde comprar música. Rough Trade tiene dos tiendas en Londres, y la de Notting Hill me venía perfecta para pasearme por Portobello, con la parada obligatoria en el Starbucks donde me encanta sentarme y ver a la gente pasear. Y ya de paso reírme de lo contento que se ponen los turistas españoles o italianos cuando entran a un Starbucks y ven que el barista es español (Antonii! habían puesto en su chapa).

Rough Trade es una tienda pequeña pero con mucha historia, y el hombre que había tras el mostrador, el más mayor de los que allí había y que tenía pinta de llevarla, de lo más majo. Estuvo hablándome de discos, le pregunté por los que buscaba y luego tuvimos una animada charla sobre cómo se pronuncia Satellites (/séitalaits/, ahí es nada) y dónde encontrar una tienda donde comprar púas de guitarra, que él muy amablemente me indicó y casi me llevó! Así que salí de Rough Trade con un disco de Satellites para una amiga, lo nuevo de Beady Eye, y un disco de The National (no el último).

Ice Ice Berry (vanilla)
En cuanto a Roxy Sister, me costó lo suyo encontrarla. Me perdí en el barrio y estuve dando vueltas como una tonta hasta toparme con otro Yumchaa donde me decidí a probar, no muy convencida, los tés helados. Pisando sobre seguro escogí el Ice Ice Berry con vainilla, que llevaba frutos rojos. ¡Enorme y delicioso! Altamente recomendable si vais a Londres y aprieta el calor. Además de refrescarme, el Yumchaa me ayudó a orientarme (es lo que tiene tener localizadas algunas tiendas), y entonces me acordé de algo más: era la calle de una portada de un disco de Oasis. Y en esa misma calle, casualidades de la vida, estaba la tienda. En Roxy Sister, una tienda enorme donde te puedes encontrar de todo, encontré los discos que me faltaban de la lista, uno de Kasabian y dos de Blur. También cabe mencionar que mientras daba vueltas di con una tienda de aparatos musicales, Chapell, que sería la delicia de cualquier profesional o que quiera serlo. La tienda ocupaba toda la parte baja de un edificio enorme, dos plantas atestadas de instrumentos por lo que se veía los cristales.

De Oxford Circus fui a Seven Dials, concretamente a Arc Nest, una tienda friki de cómics donde compré dados de rol para los amigos y una cajita de variados para mí, no pude resistirlo. La tienda era muy pequeña, estilo las que hay en Madrid, pero la diferencia es que en ésta no se veía nada de pared, estaba todo hasta arriba de cómics, figuras, juegos de mesa y demás. Y además tenía otro piso arriba en plan biblioteca. Impresionante ver tanta cosa en un espacio tan reducido. Cuando terminé en la tienda, y teniendo Covent Garden al lado, me fui al mercado a seguir con las fotos y a conseguir algo de WiFi en Le Pain Quotidien. Ya lo había conocido cuando fui con unos amigos y me había encantado esa cafetería repartida a lo largo del edificio. Subí hasta la última planta y me senté en la mesa comunal, una mesa enoooorme que tienen para compartir. Como era de esperar, todo el mundo prefería la terraza, así que tenia toda la planta y para mí sola. Me puse a escribir y mirar Internet hasta que llegó un grupo grande de edad avanzada que a saber por el escándalo, no eran de allí. Más tarde, al oírles hablar, reconocí el acento, eran de Barcelona. Y con las bromas y confusiones entre inglés y catalán, les eché una mano con la traducción, dándome cuenta de que por fin había encontrado el sentido al estudio del valenciano: ¡para hacerte entender en Londres con catalanes! Las señoras que vieron que yo me manejaba muy bien con la carta, en lugar de pedirle recomendaciones a la camarera me la pedían a mí, y de hecho una me preguntaron qué era lo que yo estaba tomando. A punto estuve de decirle: el moccacino, chocolate + café, más amargo que he probado en toda mi vida (aquella noche no dormí nada).

Mis compras :)
Tras aquella vivencia con los catalanes, recogí mis compras y me volví al hotel, pues empezaba a anochecer y aunque quería hacer fotos desde Primrose Hill, de noche estaba claro que no iba a poder hacerlas. Y de igual manera, Somerset House ya había cerrado. Así que mantuve la esperanza de pillar Hamley's abierto, y sí, lo pillé abierto, durante 5 minutos. Así que di un paseo por Regents Street y Piccadilly para terminar cenando en un restaurante italoamericano que ya conocía, el Garfunkels, donde la conexión WiFi iba como la seda, así que intenté estar allí el mayor tiempo posible pero el cansancio empezaba a hacer mella. Había salido del hotel a las 10 de la mañana y eran ya casi las 11 de la noche, sin duda había aprovechado bien el día. Pero lejos de terminar las aventuras por aquel día, de camino al hotel en el bus había una señora inglesa y su hijo que no encontraban Oxford Street y a los que acompañé hasta esa calle, donde yo me metí en el metro y ellos siguieron su camino. Y cuál fue mi sorpresa que al pasar el metro por Notting Hill Gate sube el barista del Starbucks (el Antonii!), y que se baja en la misma parada que yo. Y adolescentes catalanes en el metro también (había buenos vuelos baratos Barcelona-Londres aquella semana al parecer). Y cuando por fin llego al hotel, sin nada de sueño pero con mucho cansancio, me cruzo con el dueño del hotel al que no había vuelto a ver desde la primera noche, que al parecer se aburría porque empezó a darme conversación y una que es muy educada pues aguantó y estuve de charla un buen rato hasta que ya no aguantaba más, mis pies necesitaban descansar y más teniendo en cuenta que al día siguiente llegaba mi amiga Fani y estábamos dispuestas a hacer las cabras como ninguna otra por todo Londres.

sábado, 4 de mayo de 2013

La vuelta de Mark Owen en solitario

Quien me conozca, seguramente estará diciendo "ya estabas tardando en hablar de él". Pues sí, es inevitable. Es lo que tiene ser fan del mismo cantante durante 17 años (17 años, se dice pronto). Después de tantos años, hasta mi madre dice que es uno más de la familia.

Pues bien, el motivo para hablar hoy de él es que por fin se ha dignado a retomar su carrera en solitario (¡bien!). ¿Y por qué me alegro tanto? Sencillo. Seré muy fan de Take That por muy prefabricados que sean, y los adoro aunque a veces los mataría, pero Mark en solitario... Es otro mundo. Y a partir de ahora todos  los datos que voy a decir los digo tirando de memoria, así que si hay errata, es de agradecer que se me diga.

Cuando me hice fan de Take That ya estando separados seguí a tres de sus miembros en sus carreras en solitario (a saber: Mark Owen, Robbie Williams y Gary Barlow), sin perder la esperanza de que antes o después volverían a reunirse como banda. Mientras que Robbie tiró por una rama más rockera y Gary se mantuvo en lo melódico que provenía de Take That, Mark sorprendió a todo el mundo, dejándose greñas y pasando de niño bueno y tierno a sonriente hippie-grunge. Y la música... Rara. Para las adolescentes que éramos en aquel 1996 todo lo que hicieran nos parecía perfecto, pero ahora mirando hacia atrás, es cuando sé que Green Man, su primer disco, era raro de narices. Era una fumada muy grande; Green Man sin ir más lejos, el título ya lo dice todo, o Are You With Me, que leyendo la letra y con eso del campo de amapolas puedes encontrar mucha ambigüedad en la traducción. Sin embargo aún hoy algunas canciones las salvo de la hoguera, tales como Clementine, Ask him to, o I am what I am (la que salió como single, que nada tiene que ver con la versión del álbum). El disco tuvo su bombazo, siendo número 1 en España y en no sé cuántos países más. Pero la burbuja pronto explotó y a Mark se lo tragó la tierra.

Mis esperanzas de volver a ver a Take That juntos iban disminuyendo conforme pasaban los años, y allá por el 2003, un día sonó en la radio Four Minute Warning, decían que era de Mark Owen. Recuerdo el no pestañear, no creer lo que la locutora decía, y el quedarme de piedra al reconocer su voz. Por aquel entonces ya había empezado a moverme por el mundo de Internet, así que después de grabar la canción en cassette como solía hacer en el 96, me fui al cybercafé a investigar, y encontré que Mark había resultado ganador en una especie de Gran Hermano de famosos en Inglaterra. Él seguía vistiendo con ropas algo hippies pero con mejor pelo y esa sonrisa que cualquier markiana reconoceríamos entre un millón. Los años en el anonimato le habían sentado de lujo. Y así fue cómo me enteré de que la discográfica del Green Man le había echado, y que para poder promocionarse para un segundo disco que tenía en mente, se había metido en ese programa. Sí, bueno... El dinero iba para una causa benéfica, y oficialmente para eso había decidido entrar en la casa del Celebrity Big Brother. Pero para mí la razón fue la primera. Cuando salió de la casa, al poco publicó In Your Own Time, donde retomaba esa vena pop de las que solían sonar tanto en las radios de aquel entonces. Era un disco muy comercial, ni por asomo se parecía al primero, que era tan trascendental y místico. El segundo exprimía lo romántico (el tema por excelencia, Alone Without You, pero también destacaría Close To The Edge o If You Weren't Leaving Me) y en inferior cantidad temas más autobiográficos, como Pieces Of Heaven, balada deprimente donde las haya pero con el mensaje de que no hay que rendirse por muy mal que vayan las cosas.

Por suerte, no sólo lo cantaba sino que también se lo aplicaba. Le echaron de esa segunda discográfica por las pocas ventas del disco. ¿Qué esperaban, si la promoción había sido escasa, casi nula? Sí, bueno, el tour por las salas indies del momento en Inglaterra estuvo bien, pero no puedes vender un concierto si no vendes previamente el álbum. Bueno, puntualizo: no lo vendes si no eres ya previamente archiconocido y tienes un grupo de millones de fans detrás que sabes que, independientemente de cómo suene el disco, comprarán la entrada al concierto. El tema es que mucha gente, muchísima, se enteró del disco y de la gira a toro pasado, y por el boca a boca. En aquel entonces la mayoría de la gente no disponía de ordenadores en sus casas y el único sitio por donde te podías enterar de algo era en el foro de la web oficial. Pero si no actualizan la web, la gente no entra al foro. Tan simple como eso. Es decir, desde mi punto de vista, tuvieron delante de las narices una fuente de ingresos no de la ostia pero sí buena, y no le supieron sacar provecho.

Así que, fastidiado de que su segundo contrato no saliera según lo esperado, se lió la manta a la cabeza y a finales del 2004 creó su propio sello discográfico, Sedna Records, con el que autoeditó su tercer album, How The Mighty Fall, y para mi humilde opinión, uno de los mejores discos que he escuchado en la vida. Temas como They Do, el rockero Wasting Away o el contagioso I Believe In The Boogie hacen que merezca la pena. Al año siguiente, con la web ya actualizada y mayor actividad en el foro que seguía siendo fuente de información constante, se dedicó a promocionarlo por las radios inglesas y alemanas, para más tarde dar una gira europea que lo traería a España. Como suele pasar, de lo de España nos enteramos cuatro gatos, pero al menos las fans aportamos nuestro granito de arena comprando el single en cantidades inimaginables para que subiera las ventas en nuestro país. Yo aún guardo como unos cinco singles, más o menos. Y cuando pisó por segunda vez España en solitario (desde el 96 no había vuelto), las entradas para verle en la Moby Dick de Madrid se agotaron, en parte porque decidieron reducir el aforo.

Pero tan pronto terminó el tour, en diciembre de 2005 saltó la noticia: Take That volvían a reunirse. Así que la carrera en solitario de Mark había terminado. Recuerdo el rebote que cogí, no era justo, en ese momento cuando parecía que iba a remontar, que la crítica incluso empezaba a fijarse en él en el buen sentido, que la gira había conseguido a traer más gente de fuera del fenómeno Take That, ahora iba y decía que se iba a reunir con la banda. A tomar por saco todo. Pero bueno, como ciertas cosas en las mejores familias, se le termina "perdonando". Y es que es difícil cabrearte por mucho tiempo con un cantante si sigue haciendo música que te gusta. No digo que no me gustara lo que vino después, todos los viajes y aventuras con los tours de Take That son inolvidables e inmejorables, pero como aquel 2005 entre Mark, Keane y Budapest, entre Alicante, Madrid y Barcelona, no he vivido nada igual.

Y ahora, ocho años después, vuelve a retomar su carrera en solitario mientras Take That está de descanso. No sé qué cable se le habrá cruzado pero ha decidido que era el momento y lo ha hecho. Él es así. Supongo que ahora que Take That vuelven a ser famosos, puede tener mayor éxito en solitario, y además, como suelo bromear con algunas thatters, querrá cambiar los azulejos del baño y no le llegará la pasta. La verdad es que me gustaría pensar que todo lo que se organizó el año pasado por su 40 cumpleaños (subasta benéfica incluida) ha tenido algo que ver para que se diera cuenta de que las boogiebelievers seguíamos esperando que volviera a tocar en salas pequeñas y él solo con sus chicos de siempre.

La pregunta es: ¿cuajará esta vez? El single, Stars, la verdad es que no suena mal, pero a mí no me termina de convencer. El disco sale en junio, aunque ya hay por ahí una preview y me convence bastante más, aunque ahora el estilo es quizá demasiado electrónico para mi gusto, a ratos me suena tanto al Progress de Take That que no sé qué esperar. Ya haré una crítica en condiciones cuando me llegue el CD, porque sí, ya lo he reservado, y sí, me estoy pensando en ir a verle a Reino Unido, aunque me asombre y me indigne que quiera vender las entradas antes que el disco. Cosas de fans, ni yo misma me entiendo.

Fanologista - parte 2: las groupies y las bands aid

Fanologista es un término que me inventé hace ya algunos años. Desde el 2005 fui más consciente de palabras como "fandom", "fénomeno fan", groupies, stalkers, etc. Y me pareció interesante la idea de crear una entrada del blog que por aquel entonces usaba (MySpace) donde hablara de los tipos y "especies" que me había encontrado a lo largo de aquellos conciertos y viajes, desde España hasta Suiza pasando por Reino Unido, of course. Es curioso cuánta especie de fan hay por ahí suelta.

Aún hoy en día me asombra las semejanzas y diferencias que hay entre fans. Ahora mismo están de moda las Directioners y las Believers (fans de One Direction y Justin Bieber), pero no dejo de ver lo mucho que se parecen a algunas takies (fans de Take That. En inglés, thatters) que conocí hace casi 18 años. Así que cuando hablan de enfrentamientos entre directioners, believers y takies, simplemente me parto de la risa (pero declaro que aún sigo manteniendo cierto odio contra los Back Street Boys de cuando tenía doce años ¬¬ ).

En esa primera entrada, tirando de varias fuentes, describí lo que para mí era una fan, una teen-fan (o fanteen como dicen ahora, qué más da), stalkers y supporters (otro término, co-inventado con una amiga, Raquel). Traduje la entrada (en MySpace sólo escribo en inglés) y la trasladé a mi otro blog, el genérico:




Años más tarde, releyendo ese mismo texto, fue como surgió la idea de crear este blog exponiendo mis puntos de vista y mis experiencias como fan y observadora de otras fans y de gente que rodea a los músicos en general.

Pero al grano. Hoy, tras dar por perdidos todos mis apuntes y documentación que había encontrado, empecé de nuevo desde cero, y por fin terminaré de exponer las diferencias entre fans, groupies y band aids, términos que a mi parecer no deben confundirse bajo ningún concepto.

Podría decirse que son tribus urbanas, pero como sucede con las mismas, puedes pertenecer a varias de ellas al mismo tiempo. Básicamente, la diferencia reside en la distancia entre el que hace la música y el que la escucha. Como ya dije, una fan se caracteriza más por las actividades y las relaciones con otras fans que por tener una relación cercana al grupo o cantante (para ello están las groupies y las band aids). Cierto es que las actividades de las fans en algunos casos conllevan a ayudarles, pero la recompensa suele ser más para las propias fans que hacia el artista, el cual ni llega a saber de esas ayudas "no oficiales".

Hoy en día la mayoría de gente confunde el término "fan" con "groupie", y ya por ir a un par de conciertos de la misma banda te llaman groupie. Pues no. Nada tiene que ver. Cierto es que no descarto la posibilidad que las groupies nacieron de las fans, o viceversa, pues hasta donde he conseguido averiguar, la idea de "groupie" surge en los 60, época en la que también surgió el "fenómeno fan". Incluso dentro del término, yo diferencio varias clases de groupie a lo largo de la historia.


Pamela Des Barres
Para empezar tenemos a las primeras groupies, aquellas que surgieron entre lo 60-70, y las que a mi parecer tienen el signifcado de una verdadera groupie puesto que son el origen. Se caracterizaban por ser adolescentes que acompañaban a los músicos, incluso en los 70 surgieron las denominadas baby groupies, pues rondaban entre los 12 y 17 años de edad. Y por acompañar me refiero a que convivían con ellos mientras iban de gira, les facilitaban los que ellos pidieran ya fuera drogas, sexo o una niñera para los hijos del artista. A veces eran incluso musas, hay numerosas canciones compuestas para y por ellas. Iban cambiando de banda o cantante según les rotara o cuando veían que el cantante perdía interés en ella y se fijaba en otra. Simplemente cambiaban de grupo y arreglado, todo de buen rollo. De esa forma ellas consiguieron tener su propia popularidad, independiente de con quién durmieran. Además, a pesar de en su gran mayoría ser consumidoras de estupefacientes, tenían las ideas muy claras de cuál era su papel, sabían cuando tenían que desaparecer para dejar paso a nuevas groupies, lo tenían asumido como una evolución y lo veían lógico y normal. 


Sid Vicious y Nancy Spungen
Entre mediados de los 70 y principios de los 80 surgen otro tipo de groupies, perdiendo esa característica entre mística y personal assistant, convirtiéndose en sólo la amante o incluso a veces esposa del artista. En esta época también coqueteaban con las drogas, pero de manera menos sutil ya que las drogas que consumían eran más duras, y además eran también muy dadas a beber. De cierta manera todo se volvió más salvaje, tenían una personalidad más directa e hiriente, y preferían no compararse con sus antecesoras y por supuesto, que no las confundieran con simples fans. Ellas estaban muy por encima de eso. Además, les encantaba jactarse de sus "conquistas".


Y así fue como la cosa degeneró en las groupies de los 90, chicas ya no tan jóvenes sino de edad más acorde al artista, con carrera a medio hacer como actrices o modelos, cuyo único objetivo es estar en las mejores fiestas, acostarse con todo famoso que se preste y por supuesto, que él lo pague todo. Y si además, eso les ayuda con sus objetivos profesionales, mejor que mejor. Intentan en vano convencer que han vuelto a los orígenes de las groupies de los 70, que hay algo más allá del sexo, pero cuando sus relaciones no duran más allá de una noche, la excusa pierde credibilidad.


Pero no se puede generalizar del todo, hay groupies que van con el grupo por fama, pero también las he visto que les acompañan porque las fiestas son geniales y las bebidas y drogas son gratis, y otras realmente van con ellos porque empezaron como fan, pasando por ser la groupie detrás del escenario y hoy en día es feliz esposa que le acompaña en todas las giras. Esposas listas donde las haya.



Y bueno, al comienzo de la entrada he mencionado a las bands aids, de las que es muy difícil encontrar información, y toda la que encuentras proviene de la película Almost Famous/Casi Famosos (foto de la derecha). En la película se entremezcla el término de groupie de los 60 que ya he explicado con el de band aid, pero en su momento no me convenció y hoy en día menos. Band aid, aparte de tirita en inglés, literalmente significa "ayuda de la banda", y tomando esa traducción se puede aplicar a un grupo de personas que suelen tener una relación estrecha con el artista, pero centrado en lo profesional sin dejar de lado el colegueo.


A las bands aids les gusta la música en general, y sus estudios y su vida profesional suelen estar encaminadas a la industria musical (periodistas, encargadas de redes sociales, otros músicos...). Cuando les gusta un grupo o cantante aprovechan y tiran de su experiencia y sus contactos para promocionarles por su cuenta, sin necesidad de que por ello las band aids obtengan una recompensa económica.

Anteriormente he mencionado que algunas fans se mueven en grupos para también promocionar al grupo, pero hago hincapié  la diferencia reside en la profesionalidad y en la relación con el artista. Las fans pueden ser muchas, y hacer mucho ruido, pero una band aid sabe a qué contacto hablarle del último grupo que le gusta, y sabe de qué hilo tirar para conseguir que la banda adquiera mayor popularidad. Y como es algo que interesa también a los artistas, mantienen un contacto constante con este tipo de personas. Los grupos adquieren publicidad gratis, y las band aids adquieren las ventajas de ser colega de las bandas (entradas gratis, pases VIP, etc.). Todos salen ganando.


jueves, 2 de mayo de 2013

El por qué de este blog


Hoy me ha dado por pensar e intentar recordar por qué empecé este blog, y de hecho he comprobado que no hice ninguna introducción cuando lo abrí en el 2011, directamente empecé a hablar del momento en que me convertí en fan. Pero creo que todo comenzó al escribir aquella entrada de "Fanologist" en mi blog de MySpace, allá por el... ¿2008? Una entrada a medio acabar y que pronto, o al menos eso espero, terminaré. De momento la tengo bastante avanzada, en borradores, pero en fin...

La verdad es que el blog de MySpace fue el primer blog que me tomé medio en serio, supongo que en parte porque era más abierto y, por tanto, menos anónimo. Además MySpace fue la primera red en acercar los mundos del cantante y del público. Y como red social de música que era, lo que escribí, era todo música. Y lo de medio en serio, yo nunca me tomo un blog/red social/foro muy en serio, quiera o no, en el sentido de que antes o después termino dedicándome a otra cosa, va por rachas como se suele decir. Siempre vuelvo, pero lo mismo tardo en escribir en los blogs semanas o meses, o incluso años.

Aún hoy se puede acceder a algunas entradas de aquel primer blog sin necesidad de logearse. Pero si tienes cuenta de MySpace se ven todas (casi 25, wow!). Lo que no se salvaron fueron los comentarios cuando cambiaron el formato de la web, lo cual fastidia mucho sobre todo cuando escribes una reseña de un disco y el propio cantante te comenta. En ese momento hubiera arrancado la cabeza a Tom, creador y por aquel entonces aún director de MySpace, a mordiscos.

Sé que en algún momento volveré a abandonar este blog, pero de momento, y mientras dure la inspiración y las ganas, lo mantengo. He estado leyendo muchos blogs musicales últimamente, algunos muy buenos, pero no es lo que busco para éste. Es sólo pura diversión. Un sitio donde poner mis experiencias, locuras, aventuras y desventuras como fan. Un lugar donde poner a caldo al cantante de turno cuando haga algo que me saque de mis casillas. Un hueco donde poder expresar mi punto de vista y mis opiniones, un punto de vista totalmente alejado del modo músico-profesional. Porque no soy profesional. Ni pretendo serlo, ni ya quiero serlo, una se hace mayor para esas cosas y llegué un poco tarde. Si hubiera nacido como unos seis años más tarde (y con mayor autoconfianza), quizás otro gallo cantaría, nunca mejor dicho.

No espero que este blog llegue a mucha gente, probablemente llegará a mi gente cuando les apetezca leer parrafadas que escribo cuando me da la vena, pero quería poner por escrito las causas de por qué un blog así, en plan "AVISO: cualquier opinión aquí expresada es sincera, personal y totalmente subjetiva." Significando ello que lo que a mí me gustaría es que el resto de gente compartiera de igual manera sus puntos de vista, ya sean afines o no a los míos. Mucho se luchó por la libertad de expresión, hay que aprovecharla pero eso sí, sin faltar al respeto. Hay maneras de decir las cosas, y maneras.

miércoles, 10 de abril de 2013

Día de concierto - 2


 Queda una hora para la apertura de puertas.


Gente en pie, carcajadas de puro nervio, empujones cada vez menos sutiles. Empiezan a formarse cadenas humanas en plan barrera contra las que quieren adelantar. Te aferras entre dos amigas de tu grupo y os intercambiáis miradas alentadoras que os valentonen contra lo que se avecina.

Si ya habéis estado en un concierto de este estilo, ya sabéis a qué me refiero. Se abrirán las puertas, seguratas dando voces y bloqueando el paso, intentando imponerse en vano. Detrás tuya el gentío empujando como si hubiera un incendio, mientras intentas no perder el equilibrio por los escalones ni perder de vista a tu grupo. Como la integridad de una es lo primero, te fijas en los escalones y para cuando llegas a la pista, tus amigas se han evaporado. Tan sólo vez a gente corriendo, y tú corriendo con ellos. Esquivando a los de seguridad como si fuera un partido de rugby, te aceleras al ver a tu amiga gritando tu nombre (grito desgarrador donde los haya), aferrada a una valla, saludándote con una mano sin quitar ojo al de al lado no vaya a ser que se aproveche. Corres junto a ella, pasáis lista, lamentáis las bajas en vuestro grupo, pero a veces hay que perder para ganar. Intentáis localizarlas, os alegráis cuando las veis en otro trozo de valla. Lo habéis conseguido. Ahora tan sólo queda aguantar así unas... ¿3 horas? Porque entre que la gente entre, se coloque, publicidad por allí, publicidad por allá, que si un telonero, que si otro, ¡(e incluso un tercero!), más otra pausa la leche de larga antes del artista principal. Para entonces ha vuelto a suceder lo mismo que afuera: de tener una explanada donde poder sentarte e incluso recostarte, acabas encajonada casi de perfil entre tu amiga y una desconocida que te clava el codo en las costillas. No siempre a propósito. Pero la mayoría de los casos sí.

Y lo peor está por venir. El momento de la salida (triunfal o cutre salchichera, depende del artista y de la gira) provoca un efecto automático en toda la peña que tienes detrás. Se abalanzan hacia delante como si el escenario principal estuviera a 2 metros en vez de a 200. Desde mi propia experiencia, diré que esto suele suceder en un 95% de los casos en España y el 5% restante en Reino Unido. Spain is different. Me río cuando el artista jovencillo de turno dice que las fans españolas son muy pasionales, forma educada de decir: sabemos lo que hacéis y que estáis dispuestas a matar por una primera fila, y eso acojona. ¡Haber cogido susto, chatos!




Cuando los ves salir, ya te metes en otro mundo, donde cualquiera que ose romper esa burbuja, sea amiga o no, puede ser decapitada de un mordisco. En un primer momento no te crees que sean de carne y hueso, y que los tienes ahí enfrente. A 200 metros, pero ahí, respirando el aire que respiras (o al menos intentas). Luego ya ves más allá: ves a los bailarines, la decoración, la ropa que llevan, los efectos especiales,... Y empiezas a echar fotos a mansalva, como si no hubiera mañana. Fotos a 200 metros con cámara digital de zoom más bien penoso. Ahora en frío es cuando dices: es una tontería hacer fotos, no van a salir con esas condiciones. Pero te digo yo que con toda la emoción te olvidas de hasta cómo se hacen las fotos, y luego al verlas verás un pie de alguien que no sabes si es del técnico que pasaba por ahí o de tu artista. Sin embargo, cuando ya se es un poco más mayor, el primer subidón sigue estando ahí pero es más corto, y en plan maruja total continúas con tu amiga hablando de tal o cual bailarín, o el favorcillo que le haríais al técnico mientras no le quitas ojo al artista que está con la típica charla de bienvenida (gracias por venir, sois el mejor público, bla, bla, bla...).

Después, pues lo normal, el grupo de turno empieza con las canciones de su último álbum, empolladas por ti con ahínco para destrozarlas, pero bueno, entre más de 5.000 espectadores desafinando, al final parece que suena bien y todo. Luego están las canciones de los primeros discos o las clásicas y más significativas, donde las que más se emocionan suelen ser las que siguen a la banda desde más atrás en el tiempo. Y para terminar, una canción que supone, a veces, el apoteosis de todo el evento.




Y en cuanto te descuidas, te das cuenta, c'est fini! Se acabó. Te quedas con cara de tonta y sonrisa de gilipollas como cuando te despiertas al caer de la cama tras un sueño idílico. Lo normal tras tremenda guerra que supone acudir a un concierto de estas dimensiones y características, es caer en coma en la primera cosa donde te acurruques, sea un coche, una colchoneta o una cama. Lo que sea, cualquier cosa te sirve para dormir.

jueves, 9 de junio de 2011

Take That (o cómo empezó todo)


Fue un soleado día de Junio (a lo mejor). Era 1995, eso seguro. Estaba en el colegio y tan sólo pensaba en bailar, cantar y dibujar. No tenía demasiados amigos pero podía contar con ellos. Uno de ellos, conocedor de mi pasión por las coreografías, me empezó a hablar de un grupo británico. Sonaban bien, se me ocurrían muchos bailes con sus canciones. Pero por aquel entonces, que nadie me quitara mis discos de Mecano.

Llegó verano del 96 y el consiguiente viaje a Madrid como cada agosto. Fue la primera vez que entré a un Vips, ese concepto de restaurante-tienda sin pinta de gasolinera cutre me llamó mucho la atención. Además la tienda tenía sección de música, convirtiéndose en una de mis tiendas favoritas al instante. Ojeando libros sobre cantantes, encontré uno de Take That.



Lo compré con la intención de regalarlo a la amiga que era seguidora de ellos. Aquella noche comencé a ojearlo, pasando como quien no quiere la cosa a una lectura ávida y desenfrenada. Me quedé con el libro y volví convertida en toda una takie, justo a tiempo para descubrir que en febrero de ese mismo año se habían disuelto.
Lo mío era suerte 05