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jueves, 13 de octubre de 2016

Said It All

When the tears fall away 
And there's no conversation 
There's nothing left to break 
That's not already broken 
You're staring into space 
And every inch of silence 
Been standing here for days, and days 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Haven't we heard enough? 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Doesn't matter any more 

In the sudden light of day 
The weight of expectation 
Hurt begins to fade 
As you find a new direction 
Been talking here for days and days and days 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Haven't we heard enough? 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Doesn't matter any more 

All of the miles of words we've spoken 
All of the lines that got away 
Didn't we take the time to say them all? 

All of the miles of words we've spoken 
All of the lines that got away 
Didn't we take the time to say them all? 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Haven't we heard enough? 

Said it all 
Nothing to say at all 
Nothing to say that matters 
Haven't we said it all?

jueves, 2 de octubre de 2014

Cambios

La semana pasada saltó una noticia que cayó como una bomba entre las takies/thatters/fans de Take That: Jason abandonaba el grupo. Cuando Robbie se fue a finales de los 90 no me afectó, aún no los conocía, pero sí he visto cómo grupos que me encantan han ido modificando su formación con el paso del tiempo.

El primer cambio importante para mí fue el batería de Maroon 5. Songs About Jane ya era un éxito cuando Ryan Dusick, el batería, se dañó el brazo y tuvo que ser reemplazado por Matt Flynn. Como cuando meten a alguien nuevo en tu círculo de amigos, al principio desconfías. Pero lo peor era saber que Ryan lo dejaba por causas de salud, no podía volver a tocar la batería.

En segundo lugar, y creo que ha sido de las marchas que más me ha afectado, y además de otro batería: Sebas Limongi, de Cyan. Y es que hay músicos que marcan la diferencia. No es lo mismo Ryan, al que no tuve la suerte de conocer, como Sebas, que siempre estaba de broma y hablaba con nosotros como si fuéramos conocidos de toda la vida. Gestos que se agradecen, y mucho. Las risas que me eché con él y poses épicas como “mirada atardecer” serán cosas imborrables de mi memoria. Todo esto no quita que pudiera ser sólo una fachada para tratar bien al público, que luego fuera vete tú a saber, pero yo me quedo con lo que percibí. Y digo que fue de las marchas que más me impactó porque fue una marcha en silencio, sin previo aviso. De pronto dejó de estar en los conciertos y yo, ingenua de mí, al segundo concierto me aventuré a preguntar por él pensando que estaría enfermo. Cuando me percaté del cambio en la cara de Javi, el cantante, vi cuán equivocada estaba. Él se deshizo en justificaciones pero son cosas del grupo que a mí que no me incumben. Fue un golpe porque no hubo despedida, me hubiera gustado hablar con él sobre todo para saber si seguiría en la música, para no perderle la pista en tal caso, pero sobretodo me hubiera gustado una última charla para hacerle saber que voy a echar de menos esos momentos postconcierto.

De eso hace ya meses, parecen años, y ha sido revivirlo todo con Jason. La diferencia es que con Jason mi reacción no ha sido un shock, sino en parte alivio por él. Era el miembro de Take That más independiente, más a su bola en el sentido de que las redes sociales no iban con él, por ejemplo, y los periódicos sensacionalistas publicaban que lo habían visto en un parque sentado, en un coche hasta arriba de trastos... Cosas de cualquier persona a pie. Queda raro que lo haga una estrella del pop pero no una persona común, qué cínico. Ahora que han pasado unos días, me parece más increíble su marcha. Porque cuando el miembro de un grupo se va, en un primer momento es como si fuera su fallecimiento, desaparece de la faz de la tierra. Y Jason es especialista en desaparecer, ya lo hacía entre disco y disco. Mientras que Howard mantenía el contacto con el mundo a través del Twitter, y Gary y Mark siempre andaban metidos en música, Jason se evaporaba. Cuesta pensar que ahora es para siempre.

Y sin despedirse. Un comunicado en la web y ya está. Supongo que así funciona la música: nunca sabes cuándo va a ser la última vez que verás a un grupo, o un miembro, en un concierto. La gente dirá que no era nadie, tan sólo el bailarín, o ni eso. Pero para nosotras, las takies, era algo más que “el que bailaba”. Aunque lo suyo era el baile, en esta nueva etapa descubrimos la voz tan dulce que tenía para cantar. Y qué decir de sus expresiones faciales, el positivismo contagioso que poseía... Siempre le hemos visto como el típico hermano mediano que solventa las discusiones entre los mayores y los más jóvenes, aunque estamos seguras que también tenía su genio. Pero también tenía paciencia, este hombre era un pozo de paciencia interminable.

Así que qué más da lo que digan, nos quedaremos con lo que hemos visto, los momentos compartidos con él, los conciertos en los que nos lo ha hecho pasar realmente genial. Pero eso no evitará que siempre veremos su estilizada silueta allí donde solía estar. Se le echará mucho de menos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Rivalidades entre fans

Con motivo del concierto de los BackStreet Boys (BSB) que dieron anoche, me ha dado por pensar en esos odios infundados no entre bandas, eso es otro tema, sino entre las fans de los grupos. Cualquiera que me conozca sabe la tirria que les tengo desde que salieron a la luz, es decir, tras separarse Take That (TT). No me caen bien, algunos de los miembros peor que otros, pero ¿por qué? Yo qué sé. Hace ya tanto tiempo...

Pienso que quizá parte de la culpa de este odio venga por la prensa, siempre comparando, y más cuando coincide en el tiempo el fin de una banda y el resurgir de una nueva. Más si una es de Reino Unido y otra de EE.UU. Si a una adolescente se te ocurre decirle, aún con el dolor de la separación reciente, que los que acaban de llegar son los nuevos [inserte banda disuelta aquí], no esperes que la reacción sea pacífica. Cierto es que algunas se convirtieron fans de los nuevos sin dejar de serlo de los viejos. Olé por ellas, yo no pude.

Pero lo intenté, juro que lo intenté. Y aquí seguramente radica la verdadera causa de tanta manía hacia los BSB: me "quitaron" a mis amigas. La etapa adolescente es bastante dura ya de por sí sola, más si vas viendo que a tus amigas ya no les gusta la misma música, que desemboca en no poder compartir tu pasión. Para más inri, van y pasan a ser fans de la otra banda. La empiezas a escuchar, a conocerla, pero no te termina de convencer, con lo cual terminas siendo una marginada que "no está a la onda". Y como tus amigas son como son, no se callan una y no piensan antes de hablar (¿qué adolescente lo hace?), empiezan las púas, las críticas e insultos sobre los que hacía un año habían sido sus ídolos. Yo tampoco me callaba, y así empezamos un toma y daca de insultos sobre ellos, y al tiempo, la gota que colmó el vaso y rompió nuestra amistad. Drama total volumen I, con portazo incluido.

Cualquiera puede pensar que eso no eran amigas, que las amigas se respetan, pero para mí sí lo fueron porque a pesar de todo ese odio hacia TT, a pesar de lo mucho que les insultaron, a pesar de que nunca olvidaré que desearon la muerte de Robbie Williams por sobredosis, siempre recordaré pequeños detalles, algo tontos, que tuvieron conmigo: varios regalos sobre el grupo, algún recorte de una revista, e incluso un robo en unos grandes almacenes para conseguirme un póster, una de las mejores anécdotas de aquella etapa. Además, cosas de la vida, tras aquello volvimos a hacer las paces y tan amigas hasta que perdimos el contacto al coger distintos caminos.

Ya han pasado muchos años de aquello, pero la espinita sigue ahí. A ellas no les guardo rencor alguno, pero no olvido. En cuanto al odio sobre BSB, es como algo latente, está ahí dentro, escondido, pero surge en cuanto leo alguna entrevista y no estoy nada de acuerdo con lo que dicen. Y vuelve a salir esa adolescente al grito de "Mentirosos! Falsos! Qué falsos sois!". Pero luego pienso en la gente que conozco, personas encantadoras que han resultado ser fans de BSB, y veo lo emocionadas que están cuando se acerca la fecha del concierto, el nerviosismo de preparar todo para ese día, el orgullo que da ver que hablan de ellos en los medios, el subidón de adrenalina cuando tocan su canción favorita, la completa e inmensa felicidad cuando les conocen en persona... Y el odio se disipa, y me alegro que BSB existan porque hacen feliz a gente que me cae bien.

Porque es cuando me doy cuenta que, sin importar la banda, cuando una es fan, los sentimientos son idénticos, a todas nos hacen felices y nos ilusionan las mismas cosas, y es que, en el fondo, todas somos iguales.

sábado, 4 de mayo de 2013

La vuelta de Mark Owen en solitario

Quien me conozca, seguramente estará diciendo "ya estabas tardando en hablar de él". Pues sí, es inevitable. Es lo que tiene ser fan del mismo cantante durante 17 años (17 años, se dice pronto). Después de tantos años, hasta mi madre dice que es uno más de la familia.

Pues bien, el motivo para hablar hoy de él es que por fin se ha dignado a retomar su carrera en solitario (¡bien!). ¿Y por qué me alegro tanto? Sencillo. Seré muy fan de Take That por muy prefabricados que sean, y los adoro aunque a veces los mataría, pero Mark en solitario... Es otro mundo. Y a partir de ahora todos  los datos que voy a decir los digo tirando de memoria, así que si hay errata, es de agradecer que se me diga.

Cuando me hice fan de Take That ya estando separados seguí a tres de sus miembros en sus carreras en solitario (a saber: Mark Owen, Robbie Williams y Gary Barlow), sin perder la esperanza de que antes o después volverían a reunirse como banda. Mientras que Robbie tiró por una rama más rockera y Gary se mantuvo en lo melódico que provenía de Take That, Mark sorprendió a todo el mundo, dejándose greñas y pasando de niño bueno y tierno a sonriente hippie-grunge. Y la música... Rara. Para las adolescentes que éramos en aquel 1996 todo lo que hicieran nos parecía perfecto, pero ahora mirando hacia atrás, es cuando sé que Green Man, su primer disco, era raro de narices. Era una fumada muy grande; Green Man sin ir más lejos, el título ya lo dice todo, o Are You With Me, que leyendo la letra y con eso del campo de amapolas puedes encontrar mucha ambigüedad en la traducción. Sin embargo aún hoy algunas canciones las salvo de la hoguera, tales como Clementine, Ask him to, o I am what I am (la que salió como single, que nada tiene que ver con la versión del álbum). El disco tuvo su bombazo, siendo número 1 en España y en no sé cuántos países más. Pero la burbuja pronto explotó y a Mark se lo tragó la tierra.

Mis esperanzas de volver a ver a Take That juntos iban disminuyendo conforme pasaban los años, y allá por el 2003, un día sonó en la radio Four Minute Warning, decían que era de Mark Owen. Recuerdo el no pestañear, no creer lo que la locutora decía, y el quedarme de piedra al reconocer su voz. Por aquel entonces ya había empezado a moverme por el mundo de Internet, así que después de grabar la canción en cassette como solía hacer en el 96, me fui al cybercafé a investigar, y encontré que Mark había resultado ganador en una especie de Gran Hermano de famosos en Inglaterra. Él seguía vistiendo con ropas algo hippies pero con mejor pelo y esa sonrisa que cualquier markiana reconoceríamos entre un millón. Los años en el anonimato le habían sentado de lujo. Y así fue cómo me enteré de que la discográfica del Green Man le había echado, y que para poder promocionarse para un segundo disco que tenía en mente, se había metido en ese programa. Sí, bueno... El dinero iba para una causa benéfica, y oficialmente para eso había decidido entrar en la casa del Celebrity Big Brother. Pero para mí la razón fue la primera. Cuando salió de la casa, al poco publicó In Your Own Time, donde retomaba esa vena pop de las que solían sonar tanto en las radios de aquel entonces. Era un disco muy comercial, ni por asomo se parecía al primero, que era tan trascendental y místico. El segundo exprimía lo romántico (el tema por excelencia, Alone Without You, pero también destacaría Close To The Edge o If You Weren't Leaving Me) y en inferior cantidad temas más autobiográficos, como Pieces Of Heaven, balada deprimente donde las haya pero con el mensaje de que no hay que rendirse por muy mal que vayan las cosas.

Por suerte, no sólo lo cantaba sino que también se lo aplicaba. Le echaron de esa segunda discográfica por las pocas ventas del disco. ¿Qué esperaban, si la promoción había sido escasa, casi nula? Sí, bueno, el tour por las salas indies del momento en Inglaterra estuvo bien, pero no puedes vender un concierto si no vendes previamente el álbum. Bueno, puntualizo: no lo vendes si no eres ya previamente archiconocido y tienes un grupo de millones de fans detrás que sabes que, independientemente de cómo suene el disco, comprarán la entrada al concierto. El tema es que mucha gente, muchísima, se enteró del disco y de la gira a toro pasado, y por el boca a boca. En aquel entonces la mayoría de la gente no disponía de ordenadores en sus casas y el único sitio por donde te podías enterar de algo era en el foro de la web oficial. Pero si no actualizan la web, la gente no entra al foro. Tan simple como eso. Es decir, desde mi punto de vista, tuvieron delante de las narices una fuente de ingresos no de la ostia pero sí buena, y no le supieron sacar provecho.

Así que, fastidiado de que su segundo contrato no saliera según lo esperado, se lió la manta a la cabeza y a finales del 2004 creó su propio sello discográfico, Sedna Records, con el que autoeditó su tercer album, How The Mighty Fall, y para mi humilde opinión, uno de los mejores discos que he escuchado en la vida. Temas como They Do, el rockero Wasting Away o el contagioso I Believe In The Boogie hacen que merezca la pena. Al año siguiente, con la web ya actualizada y mayor actividad en el foro que seguía siendo fuente de información constante, se dedicó a promocionarlo por las radios inglesas y alemanas, para más tarde dar una gira europea que lo traería a España. Como suele pasar, de lo de España nos enteramos cuatro gatos, pero al menos las fans aportamos nuestro granito de arena comprando el single en cantidades inimaginables para que subiera las ventas en nuestro país. Yo aún guardo como unos cinco singles, más o menos. Y cuando pisó por segunda vez España en solitario (desde el 96 no había vuelto), las entradas para verle en la Moby Dick de Madrid se agotaron, en parte porque decidieron reducir el aforo.

Pero tan pronto terminó el tour, en diciembre de 2005 saltó la noticia: Take That volvían a reunirse. Así que la carrera en solitario de Mark había terminado. Recuerdo el rebote que cogí, no era justo, en ese momento cuando parecía que iba a remontar, que la crítica incluso empezaba a fijarse en él en el buen sentido, que la gira había conseguido a traer más gente de fuera del fenómeno Take That, ahora iba y decía que se iba a reunir con la banda. A tomar por saco todo. Pero bueno, como ciertas cosas en las mejores familias, se le termina "perdonando". Y es que es difícil cabrearte por mucho tiempo con un cantante si sigue haciendo música que te gusta. No digo que no me gustara lo que vino después, todos los viajes y aventuras con los tours de Take That son inolvidables e inmejorables, pero como aquel 2005 entre Mark, Keane y Budapest, entre Alicante, Madrid y Barcelona, no he vivido nada igual.

Y ahora, ocho años después, vuelve a retomar su carrera en solitario mientras Take That está de descanso. No sé qué cable se le habrá cruzado pero ha decidido que era el momento y lo ha hecho. Él es así. Supongo que ahora que Take That vuelven a ser famosos, puede tener mayor éxito en solitario, y además, como suelo bromear con algunas thatters, querrá cambiar los azulejos del baño y no le llegará la pasta. La verdad es que me gustaría pensar que todo lo que se organizó el año pasado por su 40 cumpleaños (subasta benéfica incluida) ha tenido algo que ver para que se diera cuenta de que las boogiebelievers seguíamos esperando que volviera a tocar en salas pequeñas y él solo con sus chicos de siempre.

La pregunta es: ¿cuajará esta vez? El single, Stars, la verdad es que no suena mal, pero a mí no me termina de convencer. El disco sale en junio, aunque ya hay por ahí una preview y me convence bastante más, aunque ahora el estilo es quizá demasiado electrónico para mi gusto, a ratos me suena tanto al Progress de Take That que no sé qué esperar. Ya haré una crítica en condiciones cuando me llegue el CD, porque sí, ya lo he reservado, y sí, me estoy pensando en ir a verle a Reino Unido, aunque me asombre y me indigne que quiera vender las entradas antes que el disco. Cosas de fans, ni yo misma me entiendo.

jueves, 9 de junio de 2011

Take That (o cómo empezó todo)


Fue un soleado día de Junio (a lo mejor). Era 1995, eso seguro. Estaba en el colegio y tan sólo pensaba en bailar, cantar y dibujar. No tenía demasiados amigos pero podía contar con ellos. Uno de ellos, conocedor de mi pasión por las coreografías, me empezó a hablar de un grupo británico. Sonaban bien, se me ocurrían muchos bailes con sus canciones. Pero por aquel entonces, que nadie me quitara mis discos de Mecano.

Llegó verano del 96 y el consiguiente viaje a Madrid como cada agosto. Fue la primera vez que entré a un Vips, ese concepto de restaurante-tienda sin pinta de gasolinera cutre me llamó mucho la atención. Además la tienda tenía sección de música, convirtiéndose en una de mis tiendas favoritas al instante. Ojeando libros sobre cantantes, encontré uno de Take That.



Lo compré con la intención de regalarlo a la amiga que era seguidora de ellos. Aquella noche comencé a ojearlo, pasando como quien no quiere la cosa a una lectura ávida y desenfrenada. Me quedé con el libro y volví convertida en toda una takie, justo a tiempo para descubrir que en febrero de ese mismo año se habían disuelto.
Lo mío era suerte 05