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sábado, 4 de octubre de 2014

Damien Rice

Me gusta saber qué discos compran los cantantes que suelo escuchar por el simple hecho que he comprobado a lo largo de estos años que sus recomendaciones suelen ser muy afines a mis gustos. Imagino que de una manera u otra ellos beben de sus artistas o discos favoritos, para crear luego los suyos propios, que son los que termino yo escuchando. Así que es de razonamiento lógico que me guste. No en el 100% de los casos pero normalmente sí. Por ejemplo un disco de Talk Talk recomendado por John Garrison o de quien voy a hablar hoy, de Damien Rice. No me considero fan, sino más bien una supporter de este hombre, principalmente porque hasta hace unos años no sabía ni cómo era físicamente.

Pero volviendo al tema, el saber de su música fue un poco por rebote. En una entrevista Mark Owen habló de él, una amiga escuchó la entrevista y se hizo con los discos 0 y 9 de Rice, amiga que después me los recomendaría fervientemente. Y qué acertado. La música de Damien Rice creo que fue mi primer paso hacia eso que llaman folk, aunque ahora me cuesta definir su música como tal (me cuesta definir un género específico para cada artista que escucho, en general). Relajante es lo que mejor la define para mí. Fue el primer cantante que sin importar el disco, sus canciones me transmiten mucha paz y tranquilidad. Será la voz, lo acústico, yo qué sé. Sé que cuando los nervios se apoderan de mí y surgen los primeros síntomas psicosomáticos, me pongo el disco de 9 y me acuesto un rato, me levanto como nueva. Ni chill out ni música relax ni ostias. Damien Rice en bucle.

Además sus letras son de las que podría hacerse un libro y no sabrías distinguir si son poesía o son canciones. Me encanta leerlas, pero más escucharlas, porque la voz que tiene, tan concreta, distintiva, suave, susurrante, con ese toque rasgado que sale en los momentos más desgarradores de la canción. Una combinación de voz y música que me encanta. 

Still a little bit of your taste in my mouth
Still a little bit of you laced with my doubt
Still a little hard to say what's going on

En otros cantantes es fácil imaginarse las melodías cantadas por otros, y viceversa, casos donde la voz es asombrosa pero la música deja mucho que desear. Pero no en Damien Rice. Además, sabe cuándo y cómo rodearse de buenas voces. Es el claro ejemplo de todos los años que ha estado trabajando con Lisa Hannigan, cantante cuya trayectoria en solitario nada tiene que envidiar a la de Rice. Canciones como 9 Crimes o Cold Water sonarían bien con él a solas, pero combinándose con ella, las hace aún más conmovedoras.

Porque no sé si le pasará a más gente que escuche a Damien Rice, pero tiene algunos temas que hacen que se te estremezca algo por dentro, tiene esa capacidad de estrujarte las entrañas sin compasión. Además en mi caso sus canciones han sido el telón de fondo de muchos relatos que he escrito, y de los que luego la gente les ha gustado más sobre otros escritos sin su música, porque notaban algo distinto.

Obviamente, hay algunos temas de él que no son de mi agrado pero que tampoco me obligan a pasar a la siguiente canción. Por ejemplo, Unplayed Piano, Lonely Soldier o The Blower's Daughter. Ésta una de sus canciones más aclamadas y sin embargo yo prefiero quedarme con 9 Crimes, I Remember, o Cheers Darlin'. No tengo una favorita porque me es imposible escoger una, todo depende del humor que tenga el día que las escuche, pero ésta última, Cheers Darlin', me pareció sublime nada más escucharla. Los efectos para ambientar la letra, que bien podría ser una película, la voz tan pasional de la que hablaba antes, justo en los momentos de la letra tan desesperada, y una escena tan típica como el amor no correspondido y estar presente cuando la persona de la que te has colgado se va con otr@.



Y todos estos años desde aquel momento en que me pasaron sus discos, he estado escuchándolos día sí, día también. Cuando me acordaba, de vez en cuando investigaba por Internet si había sacado algo, si había algún tema nuevo, pero pocas o ninguna eran las noticias de él. Y de pronto de la noche a la mañana, apareció este clip (rodado en España):


Ocho años, y parece que no hayan pasado, pues de nuevo ese susurro en cada verso, en cada rasgada, y el caos en el momento justo para dejarte con la miel en los labios. El disco nuevo sale a la venta el 31 de octubre, y es de lo mejorcito que trae este otoño. Además, lo puedes pedir ya, y será por formatos que hay disponibles (a mí la caja de madera no me mata pero la litografía sí). Lo que tira más hacia atrás es que son sólo 8 canciones, pero si sólo te interesa la música, tienes la versión CD por 13€ (más gastos de envío, imagino). A primera vista me parece caro pero porque los últimos discos que me he comprado han sido con más canciones y menos euros (artistas poco conocidos con primer disco), o eran discos que no eran recientes. Así que al fin y al cabo no es tan caro. Pero no me decido entre tanto formato...

Además está de gira, sin pisar España de momento, pero las entradas volaron y me quedé sin verle en Berlín ¬¬ Otra ocasión será. De momento es una de mis alegrías de esta época, y estoy deseando escuchar el disco al completo. Aunque todo sea dicho, ya he escuchado el primer single,  I Don't Want To Change You, y no me mata, me sigo quedando con los escalofríos que me proporciona My Favourite Faded Fantasy.

viernes, 21 de marzo de 2014

Fases de la post-gira

En otras ocasiones ya he hablado de la preparación de toda fan para un concierto o gira. Porque si alguien te dice que se va de gira, no pienses que va a tocar por el país o algo así, no. Podría llegar a decirse que una fan se va de gira cuando asistirá a varios conciertos del mismo tour, aunque no suele ser muy común, más que nada por el tema económico-laboral. Así que si alguien dice que se va de gira, seguramente vaya a una o dos fechas, y gracias.

Los oídos me pitan (sabía yo que delante del
altavoz no era bueno), pierdo equilibrio,
ergo me caigo.
Hoy me ha dado por pensar en ¿qué pasa después del último concierto del tour? No es el último de la gira del artista pero sí es el último al que asistirás. ¿Y qué es lo primero que me viene a la mente? La palabra D E P R E S I Ó N, así, en negrita, subrayado en amarillo, con luminosos de fila de hormigas rojas (si no tienes Windows 98 no las verás) y miles de iconos como el de la derecha.

Los que vayan de adultos, o lo sean de verdad, dirán "pues vaya tontería deprimirse por algo tan tonto". Pues sí, pero es lo que hay. Y al pensar en los momentos postconciertos, es inevitable compararlos con las llamadas "etapas de duelo".

1º Fase de negación
Llega el último tema, estás eufórica perdida, has perdido el chubasquero, unas gafas, y posiblemente la mochila. Te duelen las manos de tanto aplaudir, no sientes nada de rodillas para abajo y ya te da igual que se te cuele la italiana de atrás o que la inglesa borracha salte por encima tuya. Tú y tu amiga gritáis lo más alto posible sin daros cuenta de que no tenéis voz, así que os sale un graznido que ya quisiera Wilhelm. Pero da igual, porque el artista está en su apoteosis final preparado a la de unadostres-CHAS! Y desaparece tras la última reverencia aprovechando el ensimismamiento de algunas alucinando pepinillos con los fuegos artificiales. Recordemos: hemos pasado días a la interperie bajo sol, lluvia, y viento, comiendo basura, durmiendo poco y mal. Normal que flipemos con los fuegos artificiales como si fueran de los mejores que hayamos contemplado jamás. La banda, los únicos valientes mientras el o los cantantes abandonan el lugar en el auto, hace su final levantando la última ovación. Guitarras, baterías... Todo se mezcla y de pronto paran de tocar. El escenario se apaga, se encienden los focos del estadio, abren puertas de par en par, aparecen los equipos de limpieza... Y ahí empieza la negación.

¿Alguna vez habéis mirado las caras de los de atrás cuando termina el concierto? Supongo que es mirarte como en un espejo, porque seguro que tú tienes la misma cara de gilipollas integral, con sonrisa cual Joker: inerte, fija. Que acojona, vamos. Pero ahí estás, con tu sonrisa de psicópata, riéndote con tu amiga como si no se hubiera terminado, como si volvieras a ver todo el concierto pasar por tu mente. Vas camino al metro o bus o lo que te vaya a llevar a tu hotel y vais cantando (si a eso se le puede llamar cantar) los temas escuchados en el concierto. Os lanzáis sobre las camas y os ponéis a recordar las anécdotas, los mejores momentos, los gestos, los bailes, el error en tal o cual canción... Y no paráis de hablar. ¿Por qué? Porque en el momento que llegue ese silencio, os daréis cuenta de que el concierto forma ya parte del pasado.

2º Fase de ira
Vuelves a tu vida, a tu rutina, a tu casa con platos por fregar, a tu trabajo donde se te ha acumulado la faena... Miras a tu alrededor y todo te parece aburrido, tedioso. Hasta el clima, si es distinto, te cabrea. Las siguientes semanas al concierto estás arisca, saltas a la mínima, te enfadas por todo y en general tienes un humor de perros. No hay quien te soporte en esta etapa. Porque no puedes olvidar lo vivido, lo bien que te lo pasaste sin preocupaciones ni mayores responsabilidades, y lo comparas a la vida tan sosa que te toca vivir. La gente con los mismos temas de conversación, los mismos problemas de siempre... No te gusta, te dan rabietas, y todo, absolutamente todo, te molesta, y no hay nadie que pueda ayudarte a cambiar hasta que te da por pensar en "¿por qué no un concierto más?"

3º Fase de negociación
"¿Por qué no? Seguro que quedan entradas para alguno.", y te pones a mirar entradas, vuelos, mentalmente cuadras fechas, transbordos, dinero... Y cuando te topas con un obstáculo, tiras por otro lado, buscas la manera de encontrar otra forma de volver a vivir aquel magnífico último concierto. En esta etapa estamos un poco en plan yonki con el mono: "uno más y ya, sólo uno, ¡uno más!". Pero por más ofertas que busques, el muro es el mismo. Acabas de volver del viaje, no tienes un duro, no te quedan días de vacaciones y el tiempo corre a tu contra, la gira está llegando a su final y si al principio ya estaban agotadas las entradas ¿qué esperas encontrar ahora? La propia realidad es la que te dice "basta, ya has tenido suficiente".

4º Fase de depresión
La realidad te escupe el final. Se acabó la gira, ahora sí que sí, this is the end my friend. Y te deprimes, dejas rienda suelta a la melancolía y el único consuelo lo encuentras hablando con el resto de fans. Estás desanimada y no tienes ganas para nada ni para nadie que no comprenda tu tristeza. Escuchas en bucle el disco que se ha promocionado en la gira, da igual si te gustaba o no, ahora te encanta en cuanto que te recuerda a aquellos gloriosos días dorados. Y es que una vez pasado el tiempo, todos los recuerdos son buenos y bonitos, idílicos. Olvidamos lo malo, nos quedamos lo bueno, que es lo que añoramos y lo que nos produce un desasosiego tal que parece que nos falte el aire.

5º Fase de aceptación
La vida te obliga a seguir adelante, vas adaptándote de nuevo a tu vida y tu rutina, dejas que te animen, sales por ahí, ya te llaman la atención otras cosas que nada tienen que ver con la gira. Y justo entonces piensas "¿qué demonios?". Ya habrá más giras, tan sólo cabe esperar, pero mientras tanto, tu vida no está tan mal como la pintabas. Aceptas que aquel maravilloso concierto tuvo sus momentos buenos y sus momentos malos, y que tuviste la suerte de estar allí para vivirlo (¿cuántas de tus amigas o conocidas ni siquiera fueron?), pero ya forma parte de tu pasado, es otro bonito recuerdo que almacenar en tu memoria.


Imagino que gente no fan o que no conozca a fans todo esto le sonará absurdo y surrealista, que no digo que no lo sea, pero si no lo has visto o vivido es como si no existiera. Pero sí existe, algunas les pasa más grave que a otras, a otras apenas les pasa, pero suceder, sucede. Es puro drama, lo sé, pero luego lo ves con la imposible objetividad que te da el tiempo transcurrido, y dices: "pero qué bien nos lo pasamos".

miércoles, 19 de febrero de 2014

Rivalidades entre fans

Con motivo del concierto de los BackStreet Boys (BSB) que dieron anoche, me ha dado por pensar en esos odios infundados no entre bandas, eso es otro tema, sino entre las fans de los grupos. Cualquiera que me conozca sabe la tirria que les tengo desde que salieron a la luz, es decir, tras separarse Take That (TT). No me caen bien, algunos de los miembros peor que otros, pero ¿por qué? Yo qué sé. Hace ya tanto tiempo...

Pienso que quizá parte de la culpa de este odio venga por la prensa, siempre comparando, y más cuando coincide en el tiempo el fin de una banda y el resurgir de una nueva. Más si una es de Reino Unido y otra de EE.UU. Si a una adolescente se te ocurre decirle, aún con el dolor de la separación reciente, que los que acaban de llegar son los nuevos [inserte banda disuelta aquí], no esperes que la reacción sea pacífica. Cierto es que algunas se convirtieron fans de los nuevos sin dejar de serlo de los viejos. Olé por ellas, yo no pude.

Pero lo intenté, juro que lo intenté. Y aquí seguramente radica la verdadera causa de tanta manía hacia los BSB: me "quitaron" a mis amigas. La etapa adolescente es bastante dura ya de por sí sola, más si vas viendo que a tus amigas ya no les gusta la misma música, que desemboca en no poder compartir tu pasión. Para más inri, van y pasan a ser fans de la otra banda. La empiezas a escuchar, a conocerla, pero no te termina de convencer, con lo cual terminas siendo una marginada que "no está a la onda". Y como tus amigas son como son, no se callan una y no piensan antes de hablar (¿qué adolescente lo hace?), empiezan las púas, las críticas e insultos sobre los que hacía un año habían sido sus ídolos. Yo tampoco me callaba, y así empezamos un toma y daca de insultos sobre ellos, y al tiempo, la gota que colmó el vaso y rompió nuestra amistad. Drama total volumen I, con portazo incluido.

Cualquiera puede pensar que eso no eran amigas, que las amigas se respetan, pero para mí sí lo fueron porque a pesar de todo ese odio hacia TT, a pesar de lo mucho que les insultaron, a pesar de que nunca olvidaré que desearon la muerte de Robbie Williams por sobredosis, siempre recordaré pequeños detalles, algo tontos, que tuvieron conmigo: varios regalos sobre el grupo, algún recorte de una revista, e incluso un robo en unos grandes almacenes para conseguirme un póster, una de las mejores anécdotas de aquella etapa. Además, cosas de la vida, tras aquello volvimos a hacer las paces y tan amigas hasta que perdimos el contacto al coger distintos caminos.

Ya han pasado muchos años de aquello, pero la espinita sigue ahí. A ellas no les guardo rencor alguno, pero no olvido. En cuanto al odio sobre BSB, es como algo latente, está ahí dentro, escondido, pero surge en cuanto leo alguna entrevista y no estoy nada de acuerdo con lo que dicen. Y vuelve a salir esa adolescente al grito de "Mentirosos! Falsos! Qué falsos sois!". Pero luego pienso en la gente que conozco, personas encantadoras que han resultado ser fans de BSB, y veo lo emocionadas que están cuando se acerca la fecha del concierto, el nerviosismo de preparar todo para ese día, el orgullo que da ver que hablan de ellos en los medios, el subidón de adrenalina cuando tocan su canción favorita, la completa e inmensa felicidad cuando les conocen en persona... Y el odio se disipa, y me alegro que BSB existan porque hacen feliz a gente que me cae bien.

Porque es cuando me doy cuenta que, sin importar la banda, cuando una es fan, los sentimientos son idénticos, a todas nos hacen felices y nos ilusionan las mismas cosas, y es que, en el fondo, todas somos iguales.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una canción

Una canción puede ser un éxito, un hit, un temazo, temón, etc. Hay canciones para reír, para llorar, para ser feliz, para estar de bajón, para concentrarse, para bailar, para dormir, para no dormir, para enamorar, para odiar, para pensar...

Clock Face es una de "mis" canciones, es el ejemplo más claro de la canción correcta en el momento oportuno. Llegó a mí por azar, un desconocido de una discográfica la repartía a la salida de un concierto en Barcelona. Casi no fui a ese concierto por no tener quién me llevara, pero el destino se puso de mi parte, o más bien mi padre quien debió pensar que ya tenía edad para irme de concierto a otra ciudad.

Aquella época no era mi mejor momento, estaba perdida, me había dado de bruces con la realidad y mis ilusiones de tener un título universitario se habían evaporado con amargor, primero con el periodismo que no pude estudiar y luego con Filología del que estudié un par de años. Pero ése era "mi plan": estudiar y luego marcharme de Alicante. Y no había plan b, ya no sabía qué hacer con mi vida.


Aquel concierto de un grupo que empezaba, Keane, fue ya de por sí distinto. Conocer a los mismísimos cantantes era un privilegio para unos pocos en aquel entonces. Que yo fuera sola al concierto era otra nueva cosa a vivir. Muchas experiencias nuevas y gratificantes en una misma noche. Y con mi sonrisa de idiota-postconcierto alguien con una camiseta donde se leía "Sinnamon Records" me paró y me dio un single, en cuya portada se podía ver un molino y un campo a contraluz. Se llamaban Budapest. Jamás había oído hablar de ellos. Mi padre me recogió según lo acordado, y al montarnos en el coche, lo primero que hice fue poner el cd. Empezaba suave pero luego adquiría tal ritmo que me cautivó. Y atravesar Barcelona de noche, desierta a aquellas horas, con esa banda sonora de fondo, es uno de los mejores recuerdos que tengo.

Lo poco que entendí de la letra aquella misma noche me caló, era imposible no identificarme con lineas como “if I don't know then who else will” o “please be a phase that's all”. Más tarde, el propio cantante explicó el mensaje de la canción: trata sobre lo que nos está establecido por la sociedad, la moral o lo que sea. Todo el mundo tiene la idea implantada de que lo que hay que hacer en la vida al llegar a cierta edad es estudiar para tener un buen trabajo, casarse, tener familia, (“if I don't hear then I'll assume that everybody's singing the same old tune”) y el conflicto, las dudas, la presión que supone cuando tus deseos son otros (“is it the time to draw a line?”/“it doesn't feel natural feels too slow”/“it feels so wrong the pressure's on, I can't ignore it any longer”). La canción trata de negarse en rotundo a seguir el plan establecido (“I spike myself, I kick and scream”/“I will not learn the words”), a hacer lo que uno crea conveniente con su propio tiempo de vida (“I turn my clock to face against the wall”).

La canción no cambió mi vida, pero me ayudó a verla desde otra perspectiva. Si la Universidad y el plan no habían salido bien, es que no eran para mí. Al tiempo de empezar a convertirme en una seguidora de Budapest, dejé la universidad mientras seguía trabajando de niñera, ahorrando dinero básicamente para música, en concreto, para posibles conciertos de Budapest, aunque luego me lo gasté casi todo en "mi primera" gira. Mi cantante favorito de la adolescencia iba a pasar por mi país después de 9 años con sólo dos fechas, y no me lo pensé. Me iba a Barcelona y luego a Madrid. Mi primer viaje por mi cuenta, y con escala. Acojonada se quedaba corto, pero las ganas de cumplir mi sueño y el saber que esa oportunidad no volvería podían con todo. Fue un viaje que jamás olvidaré, por la gente que conocí, lo mucho que pude aprender a desenvolverme y en el que me di cuenta de cómo un simple concierto me hacía tan sumamente feliz.

Pero para seguir yendo a conciertos y viajar necesitaba dinero, más de lo que ganaba, así que necesitaba tener algunos estudios para conseguir un trabajo estable, y siguiendo el consejo de mi madre me metí a estudiar un ciclo de formación profesional de Secretariado Internacional. Tenía dos idiomas, informática y era corto. Perfecto. Parecía que las cosas se iban aclarando, no sabía a qué dedicarme pero quería ir a conciertos, y así lo conseguí.

Un par de años después ya había estado en Barcelona, Madrid, Málaga, Zurich, Manchester y Londres en varias ocasiones, y todo por conciertos. Y todo comenzó por aquella canción que me dio fuerzas a seguir intentando buscar mi camino. No sé si será el correcto, pero me gusta y soy feliz así. Porque un concierto no es sólo ver a alguien cantando y bailando, es la gente que conoces, fijarte en cómo está organizado el espectáculo, las diferentes salas o estadios y la diferencia de sonido entre ellas, las charlas con las bandas, la gente entregándose a la música como si no hubiera mañana, los comentarios e intercambios de opiniones sobre lo bien o lo mal que ha estado... Cada concierto es un mundo, una experiencia única e irrepetible.

Ahora cada vez que escucho Clock Face me hace pensar en lo lejos que he llegado, en los sueños que he cumplido, y que por muy perdidos que estemos, siempre hay que hacer cosas que nos hagan felices, fuera de clasicismos e ideas preconcebidas.

....only my expectant eyes looking for diamonds in the sky, the only one looking for this prize....

sábado, 20 de julio de 2013

Madrid-Londres-Glasgow-Alicante II

Segunda parte: Glasgow

A Londres da igual si vas solo, si vas con tu pareja, con tu familia, con un grupo de amigos o con tu mejor amiga, de todas las maneras posibles (y puedo decir que he probado todas esas) la ciudad ofrece cosas para cada tipo de viaje, haciendo que sea imposible no entretenerse y divertirse. Pero cuando nos juntamos mi amiga Fani y yo en Londres, es punto y aparte. Para empezar, la maldición que nos persigue: siempre sucede algún evento violento o catástrofe natural cuando nos decidimos a ir a Londres. En las dos ocasiones famosas de las nubes volcánicas, allí estábamos nosotras. Cuando las huelgas en puente de diciembre, nosotras estábamos en Londres. Y lo último, aparte de la huelga de los franceses, fue los dos locos que había apuñalado a un hombre en mitad de la calle. Siempre sucede algo.

Casualidades aparte, el plan era recogerla en el aeropuerto, pasar la mañana en Londres grabando vídeos para un proyecto y a media tarde coger el tren hacia Glasgow para llegar allí de noche. Todo parecía perfecto, había hecho un sol del carajo los días anteriores así que los vídeos saldrían estupendísimos, ¿no? ¡NO! ¡Qué ilusas fuimos! El proyecto consistía en grabarnos haciendo el payaso en los sitios míticos de Londres para meterlos después en un vídeo-felicitación para una amiga que se casaba. Pero el tiempo quiso poner su granito de arena y dejar caer la famosa lluvia londinense cuando llegamos al Buckingham Palace. Hubiera quedado muy bien de no ser porque mi cámara no es impermeable. Así que nos tocó aguardar bajo un árbol de Green Park un cuarto de hora a que parara de llover, y en cuanto vimos que amainaba un poco, allá que fuimos a saltar y principalmente a descojonarnos delante de la cámara con el palacio de fondo. Y de ahí al Big Ben a hacer lo mismo, con la lluvia que volvía a apretar y que nos pilló en mitad del parque de St. James. No había otro bonito día en el que llover...

Una vez grabadas diversas tomas nos fuimos hasta King's Cross a recoger nuestras maletas y a Euston a pillar el tren, pues aún nos esperaban 4 horas y pico hasta llegar a Glasgow. Por suerte el tiempo sí acompañó en ese viaje y pude hacer algunas instantáneas desde el tren para recordar aquellos prados verdes que no suelo ver mucho por aquí. Puntual, el tren llegó a Glasgow ni un minuto antes ni uno después. Salimos a la estación y ya alucinamos con la gente, críos deno más de 17 años borrachos como cubas cantando y riendo escandalosamente por la estación. Y no fue un caso aislado. Nuestro hotel estaba muy cerca así que fuimos a pie, encontrándonos por el camino numerosos grupos de gente bebida, pero que a diferencia de las borrachas que veíamos en las giras de Take That, aquí se respiraba buen ambiente. Pero para unas españolas siempre es sorprendente ver a gente tan ebria siendo las 8 de la tarde, aunque allí ya era de noche.


Llegamos al hotel sin problemas donde nos estaban esperando otras dos amigas españolas, con quienes estuvimos conversando en la habitación del hotel. Se ofrecieron a enseñarnos dónde se encontraba la sala donde iba a tocar Mark y al no estar muy lejos accedimos a dar el paseo. Vimos que era una zona muy animada, no sólo por todos los comercios que había, a esas horas cerrados, sino también por todas las discotecas que había en la avenida. Al llegar a la sala planeamos nuestra estrategia para hacer cola y seguimos conversando animadamente durante varios minutos. Luego ya nos retiramos a dormir para recobrar fuerzas para el día siguiente.

Y tal como sucedió en Londres, efectivamente algo pasaba con las fans inglesas, que en la última gira de Mark allá por el 2005, siempre llegaban con una hora de adelanto a la sala. Sin embargo, en esta gira se dio en casi todas las ciudades la situación de ver a las inglesas acampadas a primerísima hora de la mañana. Así que nuestras amigas que iban de avanzadilla, nos dieron el aviso que las inglesas estaban organizando la fila poniendo número en el orden de llegada de la gente. Así que a las 9 de la mañana nos fuimos, cogimos le número siguiente a nuestras amigas, y tras el desayuno, volvimos con ellas para hacer cola hasta las 8 que empezaba el concierto.

Cualquiera puede decir que casi 12 horas de cola es una burrada, que qué aburrimiento, que menuda cosa estar tirada en mitad de la calle tanto tiempo, etc. Pero son de esas cosas que hasta que no las haces, no sabes lo que te pierdes. Nuestro plan era dejar algunas cosas en el hotel, pero el tiempo en la fila se nos pasó tan rápido que no pisamos el hotel (sólo yo tras el desayuno pensando que me habían robado el móvil). Y es que tantas horas con tantas cosas de las que hablar se pasan volando. Que si te pones a imaginar qué va a tocar (mis amigas no habían estado en ningún otro y no querían spoilers), que si te pones a recordar otros conciertos (sean o no de Mark), te pones a hablar de música en general (hablamos de Love Of Lesbian, de Second, de LA, de John Garrison, de Reikiavik...), y cualquier tema que se nos pasaba por la cabeza. Además luego está que si te vas al Primark a comprarte una manta o algo para sentarte encima, que si te pica el gusanillo te vas a comprar chocolatinas al 24 horas, que si aprieta el calor te pones crema protectora y te compras unos helados en la cafetería o te pones pañuelos en la cabeza haciendo el ganso (momento harén de Mark Owen), que si vigilas a las italianas que quieren colarse, que si te pones a hacer fotos a los edificios de alrededor...

Pero uno de los mejores y más divertidos momentos, aparte del harén, cuando ya empieza a haber movimiento y empieza la prueba de sonido, por simple aburrimiento nos ponemos las cuatro a buscar wifi como habíamos hecho por la mañana, y cuál es nuestra sorpresa al ver que había una red protegida con el nombre de "Mark Owen Productions". Diversión asegurada durante horas si no hubiera sido que, al tener amigos informáticos, conocía algunas típicas claves que usan para algunas redes. Efectivamente el 12345678 no funcionó, pero al ver que eran 8 dígitos, pues dije: "ocho ochos". Y accedí. A los 5 minutos lo cambiaron, o algo pasó porque me echó de la red y ya no pude volver a acceder, pero mi cara en el primer momento tras ver conectado el wifi tuvo que ser un poema. Ya puedo decir que le he pirateado el WiFi a mi artista favorito, ¡jaja!

A eso de las 7, las inglesas de delante empezaron a levantarse, y les molestó que nosotras también lo hiciéramos, pero la cosa no pasó a mayores. A las siete y media abrieron las puertas, dejando pasar primero a ese grupo, y al rato a nosotras, tan sólo porque la "cabecilla" de ese grupo así lo había pedido al guarda de seguridad. Suponemos que tenían miedo que las arrolláramos y nos pusiéramos en primera fila, y es que las fans españolas tenemos muy mala fama, pero eso viene después. Sin embargo nosotras cuatro no estábamos muy por la labor de correr, era la primera vez en aquel sitio y no sabíamos por dónde había que ir. Si nos hubieran grabado, hubiera parecido una película cómica: escaleras cerradas que subían y subían, y Fani corre que te corre mientras gritaba que siguiera su voz. Ahora sé que no es tan fácil orientarse siguiendo una voz, lo parece pero NO lo es. Y los teloneros, Animal Kingdom, estuvieron exactamente igual que en Londres, muy flojos en la mayoría de canciones (a excepción del batería que hacía las veces de pianista).

Cuando empezó la música, nadie se inmutó, parecía que nadie sabía que era el "opening", y es que quienquiera que lo escuche, lo último que pensará es que es la música para dar comienzo a un concierto. Hasta que entró la banda desatando una repentina locura. Las primeras notas de Giveaway empezaron a sonar para recibir a Mark, quien había reciclado la chaqueta de hacía dos giras de Take That. Y yo encantada. Por suerte no repitió esa horterada de chaqueta geométrica que llevaba en Londres. Nada más salir le vi diferente, se le veía como más suelto, quizá menos cansado, se movía más por el escenario e incitaba al público a cantar con él. Y nada más terminar la primera canción, va y se acerca a nuestro lateral diciendo, aparte de lo típico: "Veo que venís desde muy lejos, como por ejemplo... ¡España!". Sin duda la bandera de nuestra amiga Pili había causado el efecto deseado: llamar su atención. Y las italianas no tardaron en empezar a quejarse, pero allá que fue Mark a hacer como si no pasara nada, preguntando a las de las primeras filas de dónde venían. Y nosotras felices como regalices.

El resto del concierto no tuvo ninguna variación con respecto al de Londres en cuanto al setlist, pero sí que noté a Mark muy enérgico, más participativo y comunicativo con el público, creo que en gran parte porque el público que asistió a Glasgow fue más considerado, o al menos más adulto, y se callaban cuando hablaba, y aplaudían cuando había que aplaudir, y gritaban cuando correspondía. En esta ocasión no estaba Jake Emlyn pero teníamos a un Jamie Norton (pianista de Mark) que lo bordó. Una voz sorprendente sin duda, pues esperaba que fuera Ben Mark (guitarrista) quien sustituyera la voz de Jake, ya que Ben tiene su propia carrera como cantautor. Pero Jamie estuvo a la altura y con creces.

Ben Mark
El concierto fue apoteósico, o al menos así lo recordaré siempre. Mark lanzaba bromas sarcásticas dándose cuenta de quién había seguido su carrera en solitario y quién no, pues desde el escenario señalaba quién se sabía la letra (muy a lo Robbie jaja). Y no sé si fue porque nosotras nos la sabíamos pero al terminar todas terminamos con la rara impresión de que había estado más tiempo en nuestro lateral del escenario que en el centro que es lo normal o en el otro lateral. Quizá paranoias de fan, pero nos hacía ilusión saber que había reparado en nosotras.

Entre el buen rollo que había entre mis amigas y yo, el verlas sorprenderse con algunos temas, los efectos de luces y sonido, y la simpatía no sólo de Mark sino también del resto de la banda, fue un concierto digno de recordar. Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto. Por eso me dio tanta pena cuando se acabó, y para aliviar la pena, me abalancé sobre el puesto de merchandising a la captura de las nosecuantasmil tazas que me habían encargado. Y el tío del merchandising va y me dice que nanai, que me vaya al concierto de Manchester que allí las tendrán (y yo por dentro "no me tientes, no me lo digas dos veces"). Así que en vez de tazas pillé chapas para todo quisqui, que además salían más baratas, la mitad que las tazas.

Salimos del recinto con nuestro merchandising, la ilusión del primer saludo, y el subidón que hace corroborar lo bien gastado que está el pastizal que ha sido necesario para ir al concierto, porque aunque las entradas de Glasgow fueron más baratas que las de Londres, los vuelos por el contrario eran el doble de caros. Así que salimos y estuvimos pensando por cuál puerta saldría, pero teniendo el autobús justo enfrente de la principal, era obvio. Así que allí nos plantamos, con la misión que intentamos conseguir escrita en un cartel porque iba a ser imposible explicárselo con tanta gente. De esa forma lo leería y ya si le parecía bien, lo diría.

¿Y cuál era esa misión? Consistía en grabar en vídeo a Mark dando la enhorabuena a unos amigos que se casaban (la novia es fan) para unirlo a un vídeo que habíamos preparado entre todas las amigas (todas fans también). Pero con tanta gente, y alguna hasta las cejas de alcohol, ya vi que aquello iba a estar más complicado de lo que me había imaginado. Así que nos alejamos de la puerta principal, más cuando vimos que a músicos, mánagers, etc. los hacían subir por el lado del autobús que daba a la carretera. ¿Para qué van a hacerlo fácil, teniendo el autobús dos puertas, una de ellas al borde de la acera?

Cruzamos la calle y nos apoyamos en un coche justo enfrente de la puerta por donde iban entrando y saliendo, con tres carriles de calle de por medio por lo cuales pasaban autobuses, coches, camiones y hasta la policía en varias ocasiones. Junto a nosotras estaban algunas inglesas, tan bebidas que iban y venían del coche al autobús si importarles mucho el tráfico. Como no iba a ser posible grabar el mensaje con Mark, me dije: pues que lo grabe un músico. Y entonces apareció Ben, sin nadie alrededor, y dije "ésta es la mía". Ni corta ni perezosa, y sin saber muy bien cómo iba a reaccionar, me acerqué lo más educadamente posible y le expliqué lo de la boda nuestra amiga y la sorpresa que se llevaría si él aparecía en el vídeo. Le encantó la idea y gustosamente accedió a grabar un mensaje de parte de todo el equipo.

Volví con mis amigas al coche, y al rato de estar esperando a que Mark apareciera, a Pili le dio por mirar el edificio de la sala y descubrió en una ventana que Ben estaba echando fotos a las fans, y a su lado Mark. Miré alrededor. A mi lado, las inglesas, más pendientes de la puerta principal que de la ventana. Miré arriba de nuevo. Mark saludando desde la ventana con la mano como un niño pequeño. Y nosotras cuatro devolviéndole el saludo de igual forma. Y él que volvía a saludarnos. Aquello era lo más surrealista que me había pasado nunca. Tras 10 minutos haciendo los pavos tanto nosotras como Mark, y Ben echando fotos, saqué la cámara para dejar prueba fehaciente de aquella escena, momento en el que las beodas se dieron cuenta de qué hacíamos y empezaron los gritos histéricos. Y nosotras con el consiguiente ataque de risa.

Tras aquella anécdota, llegamos a la conclusión de que nuestra mala fama como fans españolas no tenía por qué en comparación con las inglesas. Con más razón después de ser testigos de los siguientes momentos. Ben volvió a la calle y se quedó alucinando cuando una, que había memorizado el código de acceso al autobús, se lo gritó a los cuatro vientos. Pero no sólo fue eso, sino que además, mientras el chaval que hacía de segurata salvaba a una de ser atropellada, en cuestión de segundos otra aprovechó la distracción, atravesó los tres carriles sin mirar, pulsó el código y subió al segundo piso del autobús ante la mirada atónita de nosotras cuatro y los vítores de sus amigas. El de seguridad no se había percatado de nada pero el bajista que estaban dentro sí, y fue él quien salió escopeteado detrás de ella y quien amablemente le acompañó a la salida. Y tal y como era de esperar, cuando tras un par de horas allí de parón, Mark se decidió a salir, las inglesas cruzaron de nuevo y se apelotonaron contra la puerta, ocupando parte del primer carril, obligando a los conductores a evitar atropellarlas, y los pobres de seguridad que no daban a basto, y nosotras sin movernos, esperando lo peor. Hasta la policía se detuvo para ver si tenían controlada la situación, que por suerte hizo serenarse a las más borrachas, pero aún así Mark tuvo que pasar totalmente cubierto por dos hombres que le doblaban la altura y que en nada le colaron en el bus.

Como la esperanza es lo último que se pierde, allí aguantamos las cuatro una hora más en vano, a ver si con la gente yéndose, y nosotras cuatro solas en el coche, Mark salía. Cuando volvió a aparecer Ben, pensé que mejor preguntarle si iba a salir o no antes de quedarnos más heladas allí en mitad de la calle como pasmarotes. Y teniendo la oportunidad de hablar tranquilamente por él, le pregunté qué tal iba funcionando el disco, que cuál era su plan tras la gira, que si pensaba retomar su carrera en solitario (lo cual le sorprendió)... Tonta de mí tenía que haber aprovechado ese momento para pedirle que publicara las fotos que nos había hecho desde la ventana, ya que por el Twitter luego ignoró mi petición.

Como ya Ben nos aseguró que Mark no saldría, pues nos recogimos y nos fuimos a cenar al único sitio abierto, un McDonald's, donde estuvimos riendo y hablando y reviviendo cada momento de aquel día. Y es que los mejores conciertos a los que he asistido siempre han acabado en un restaurante de ese tipo, alargando al máximo el momento de la despedida.

sábado, 17 de marzo de 2012

Día de concierto - 1



Llegó el gran día. No importa dónde, ni cómo, ni siquiera si has dormido la última noche. Hoy sólo existe una palabra, una idea, un concepto, un tema de conversación, un sueño: el concierto. No crees que haya llegado el día, si hace apenas unos meses andabas de un lado para otro buscando vuelos, descargando planos, y gastándote una millonada en teléfono móvil.

Pero ha llegado. Hoy es el gran día. Tienes lo imprescindible: algo de beber y algo de picar para las largas horas de espera en cola, unas cuantas capas de ropa si es invierno, el dinero, el móvil, la entrada, importantísima, el billete de vuelta al hotel, y la cámara de fotos para inmortalizar cada momento, y el escondite donde la vas a meter para cuando abran las puertas. Está todo planeado. Quedan 10 horas para la apertura de puertas.


Pero lo más importante, la entrada. Es lo primero que confirmas que está dentro de tu bolso, y que revisas cada cinco minutos no vaya a ser que le salgan patitas y prefiera irse de turismo a estar en el concierto. Y revisas la hora de apertura de puertas, y miras tu reloj, y observas cada movimiento de los guardias que empiezan a multiplicarse, y la gente de tu alrededor que comienza a armar escándalo, y estás atenta a los rumores sobre avistamientos de monovolúmenes con cristales tintados (“¿Serán ellos?”, “Los han visto en tal sitio”, “Ya han salido del hotel”, “¡Ya están ensayando!”), y algo se palpa en el ambiente. Cada vez más tensión, cada vez más risas nerviosas, más miradas con mensajes ocultos, más movimientos sospechosos de los de seguridad y de la tía que se te intenta colar, y gente que se levante y echa a correr en dirección a la parte trasera del recinto, y móviles sonando por doquier, y el pesado que hace reventa, y las que retocan a última hora la pancarta a todo correr. Puro estrés. Y quedan 5 horas para la apertura de puertas.

Las piernas te duelen, tienes el trasero plano de estar tanto tiempo sentada, el calor del sol es asfixiante, y la cabeza te marcha a mil por hora. Decides levantarte y dar una vuelta con alguien, para ver los alrededores y estirar las piernas. Y para probar a ver si suena la flauta y los ves. Obviamente no lo dices, pero lo piensas. Ahí vas tú, armada con tu cámara, haciendo fotos de todo por puro aburrimiento. Haces fotos al estadio desde todos los ángulos posibles, haces fotos a esa columna extraña cuya función no consigues ni imaginar, haces fotos a las piedras, a las flores, a tu acompañante haciendo el ganso, autofotos haciendo el ganso también, fotos de los dos haciendo el ganso al mismo tiempo, a la posible entrada por la que ha pasado o pasará la banda, a los camiones que traen y montan el escenario, al macizo que descarga cosas de él, a la posible puerta por la que te dan ganas de colarte, a esa misteriosa furgoneta oscura con cristales tintados… Y aún quedan 4 horas para la apertura de puertas.


 Vuelves a tu sitio, percatándote de que la gente ha empezado a levantarse. No hay nada que indique que vayan a prepararnos para entrar. Como siempre, te pones en lo peor. De pie lo tienen más fácil para colarse, seguro que es eso. Así que corres rauda a tu sitio, ese hueco que tenías para sentarte con las piernas estiradas y medio recostada ahora se ha convertido en un metro por un metro donde malamente te sientas con las piernas encogidas. Resoplas. La gente que está de pie a tu alrededor te da sombra, pero al estar más cerca, te da más calor, y eso si tienes la suerte de que no te pisen. Total, tú también acabas poniéndote de pie. Observas tu reloj, por si posees un poder oculto de telequinesis para que las agujas se muevan más rápido. Relees la entrada, por si acaso la entrada, como ente vivo que es, ha cambiado la hora de apertura. Te entretienes con el logo que brilla en un color u otro según le dé el sol, criticas el diseño del trozo de papel para bien o para mal, tu grupo y tú habláis sobre las diferencias entre las entradas o exponéis vuestras teorías sobre esos números extraños que hay en los laterales de las mismas, evitáis a toda costa prestar atención a las anotaciones agoreras que hay en la parte trasera del papel, no vaya a ser que se gafe el concierto. Se acaba todo el entretenimiento que se os ocurre. Y quedan 2 horas para la apertura de puertas.

Unos ruidos metálicos provocan un silencio que dura un segundo, seguido de un alboroto generalizado. Las miradas severas de los seguratas intentan convencer de que más vale no darles problemas. Pobres ingenuos. No saben lo que les espera. Recoges todo corriendo, colocas la cámara de fotos en su escondite por si las moscas, agarras bien fuerte tu entrada y empiezas a sacar los dientes a cualquiera que haga movimientos sospechosos contra ti o contra alguno de tus acompañantes. Comienzas a ponerte en posición, planeas la estrategia de entrada al estadio al milímetro como si estuvieras en la III Guerra Mundial, todo tu grupo tiene que llegar a primera fila sin desintegrarse. Si no es el primero al que vas, sabes que es una tarea muy difícil, pero no imposible. Dais las últimas instrucciones: "cuidado con los escalones", "no os separéis", "agarraos bien y expandiros todo lo que podáis en la valla" y demás señas. Los seguratas han terminado de poner las vallas y de intentar formar filas para facilitar la entrada. Y queda una hora para la apertura...

domingo, 11 de marzo de 2012

Las giras

Esa sensación de no haberte cansado aún del último disco, publicado hace apenas un par de meses, y empezar con la dura decisión de ¿dónde me voy de gira? Aún no sabemos cuándo sacan a la venta las entradas ni dónde van a tocar y ya estamos haciendo las maletas. Es inevitable. Al igual que inevitable, y obvio, es que tras unos años conociendo al grupo, sabes de sobra cuáles son los sitios indispensables: Londres y Manchester. Y ya sabemos que más de una fecha tocarán en esos lugares, y que serán las entradas más logradas. Pero hasta conseguirlas, aún queda camino...


En primer lugar, la economía. Si nos hemos quedado en números rojos al comprar el disco, mal vamos. Cada cual es como es, y con la edad algunas personas van priorizando cosas más importantes (los sensatos, para qué engañarnos) y luego las personas que hacen lo que sea con tal de ir. Una vez analizada nuestra economía, decisión básica para decir sí o no a la gira, se procede a llamar, escribir en el muro de Facebook, enviar un whatsapp, etc a los más allegados, esos amigos incondicionales que están tan locos como tú por "escapar de la rutina" (excusa mala donde las haya. Vas a lo que vas. Punto.).Pero ¡ay, malditas redes sociales! Conoces a tanta gente de sitios tan dispares con tantos círculos de amigos a lo Google+ que la teoría de los 6 grados es raro que suceda, y conseguir cuadrar tus deseos de ir acompañado por tus dos mejores amigos puede acarrearte más dolores de cabeza que entender toda la matemática existente. Eso si no contamos con los amigos de tus amigos que se apuntan también, y que puede suceder típico caso de "si va fulanito, yo no voy". Porque todos queremos que salga perfecto, que sea un viaje estupendo, idílico... Seamos realistas. NUNCA será así. Otra cosa es que después nos quedemos con los buenos ratos y olvidemos lo malo.


Una vez organizada la compañía que te llevas, empiezan los primeros roces. "Yo quiero ir a Manchester", "yo prefiero Londres", "yo el sitio más barato", "yo el menos concurrido"... Tras un tira y afloja durante unas semanas o meses, depende de lo difícil que sea hablar con tus contactos, ya tenéis una lista de ciudades posibles, ordenadas por preferencia, justo a tiempo cuando salen publicadas las ciudades donde tocarán y dan comienzo a la cuenta atrás para "el día negro", la venta de entradas. Ese día donde l@s fans colapsan Ticketmaster y Seetickets, y los foros, más que foros, son chats.


¿Y quién se encarga de comprarlas? Últimamente veo más frecuente la situación de una que conoce a una amiga de una compañera que tiene una vecina cuya hija está de Erasmus en Inglaterra que puede pillar las entradas. Y es que por alguna extraña razón, la gente que se encuentra en la isla británica suele tener mejor "suerte" o suelen ser más "rápidas" a la hora de la compra. Cosas de internet... Pero en fin, tras un par de horas del estrés más puro y duro y con el F5 medio roto, ya están las entradas, compradas sin saber cuánto han costado (el desconocimiento nos hará felices), con la intriga de si son de pista o de grada (nos gustan las sorpresas), desconociendo el estadio de turno (viva la aventura), y ni siquiera sabes a qué ciudad te vas de concierto finalmente. Suele suceder que al tercer día ya has aprendido a pronunciar el nombre. Tanto cuadrar deseos de la gente para luego acabar así. Pero tú feliz como una regaliz. Tienes entradas. Te vas de concierto. ¡Felicidad!



jueves, 9 de junio de 2011

Take That (o cómo empezó todo)


Fue un soleado día de Junio (a lo mejor). Era 1995, eso seguro. Estaba en el colegio y tan sólo pensaba en bailar, cantar y dibujar. No tenía demasiados amigos pero podía contar con ellos. Uno de ellos, conocedor de mi pasión por las coreografías, me empezó a hablar de un grupo británico. Sonaban bien, se me ocurrían muchos bailes con sus canciones. Pero por aquel entonces, que nadie me quitara mis discos de Mecano.

Llegó verano del 96 y el consiguiente viaje a Madrid como cada agosto. Fue la primera vez que entré a un Vips, ese concepto de restaurante-tienda sin pinta de gasolinera cutre me llamó mucho la atención. Además la tienda tenía sección de música, convirtiéndose en una de mis tiendas favoritas al instante. Ojeando libros sobre cantantes, encontré uno de Take That.



Lo compré con la intención de regalarlo a la amiga que era seguidora de ellos. Aquella noche comencé a ojearlo, pasando como quien no quiere la cosa a una lectura ávida y desenfrenada. Me quedé con el libro y volví convertida en toda una takie, justo a tiempo para descubrir que en febrero de ese mismo año se habían disuelto.
Lo mío era suerte 05