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viernes, 21 de febrero de 2014

Con-cierto ruido

El pasado verano llegó hasta mí el siguiente artículo y me hizo pensar acerca de las similitudes y diferencias entre los conciertos en España y en Reino Unido. Concretamente en los conciertos que tienen lugar en salas pequeñas. Tras años asistiendo a varias actuaciones en diferentes salas de conciertos, he llegado a la conclusión que la primera diferencia radica en el artista que se sube al escenario. Cada uno tiene sus propios seguidores, e incluso éstos van variando a lo largo de su carrera, y en función del tipo de público, te encuentras con gente más responsable y educada, o bien te topas con todo lo contrario.

Mucha gente dirá que es que no se puede ir a un concierto donde haya demasiadas adolescentes porque son las que peor se comportan. Estoy totalmente de acuerdo con ello, las hormonas adolescentes sacan todo lo malo de ellas, pero no se limita a esa edad. Más de una vez me he topado con mujeres de 30, o incluso 40 y pico, cuyo único desahogo en un concierto es gritar y soltarle barbaridades al pobre cantante, sin importar que ello interrumpa vergonzosamente la charla del artista.

Pero de igual manera que las adolescentes son en su mayoría muy molestas en un concierto, los adultos tampoco se libran. En conciertos normalmente acústicos se suelen oír las conversaciones como si estuvieras en el bar de la esquina, cosa bastante molesta para la gente que va a ver al artista, o incluso para el artista mismo, además de la tremenda falta de respeto hacia él y su trabajo. Nadie obliga a nadie a ir a un concierto, si vas es porque quieres, porque para eso has pagado la entrada. O quizás te la hayan regalado, o hayas sido arrastrado hasta allí, o quizás vayas a regañadientes porque te toque currar en esa actuación, pero ni siquiera en ese caso el cantante tiene la culpa. Demostrar que no te gusta su música charlando con quien te corresponda en la conversación es una gran falta de educación desde mi punto de vista.

También hay lugares en Reino Unido, como cafeterías o pequeños pubs donde tienen dos zonas: una que es la zona bar por decirlo así, y otra la zona de actuaciones en vivo. Está bien montado, de tal manera que si el concierto gratuito de esa tarde/noche no te mola, te vas a la barra y a la zona de mesas a hablar con tus amiguetes. Sería lo lógico en locales habilitados de tal manera, ¿no? Pues resulta que no, e ingleses que pasaban por allí, entran en la zona del concierto, y a la segunda canción ya tiene que mandar silencio el propio cantante. Vergonzoso. Y en cuanto en España, sería una buena idea tener locales dispuestos así, y ya hay alguno como Costello Club en Madrid, pero se repite lo mismo: gente en la zona que no corresponde hablando más alto que el artista cantando.

En el artículo se menciona la idea de cuanto más cara la entrada, menos público ruidoso. No había caído en ello hasta ahora, y es cierto en parte. Por un lado, cuando te cuesta más esfuerzo, económico o trabajoso (como escribir un mail para conciertos por invitación, no por venta de entradas), la gente es más respetuosa. En teatros, auditorios, estadios, donde la entrada suele ser de precio elevado, poco importa que andes hablando con el de al lado, pues la sonorización impide que tu voz se alce entre tantísima gente. Si además el grupo canta rock o algún tipo de música potente, parece que las voces pasan más desapercibidas, incluso en espacios pequeños.



Pero en mi caso, por muy "ruidosos" que sean, si alguien me da conversación en un concierto en un sitio pequeño, seguramente le mire feo. No mentiré, yo he hablado en conciertos, normalmente sobre la actuación (que si se ha equivocado de estrofa, que qué ha dicho, que si han cambiado el ritmo con respecto al disco...), pero si es un concierto acústico, en un sitio pequeño, recurro al móvil para comunicarme con alguien, en plan notitas que te pasabas en clase con tu compañero de pupitre. Pero en vez de pasar un trozo de papel, paso el móvil.

Sin embargo, en los conciertos que he ido a Reino Unido para ver a artistas con miles de seguidores, y cuyas entradas no bajan de 60€, el público permanece en silencio durante la canción, y aplauden y gritan cuando corresponde, y lo más importante para mí, escuchan al artista cuando habla. A mí me gusta eso, más que nada porque me cuesta entender lo que dice, y seguramente sea interesante para mí lo que vaya a anunciar. Algunos artistas prefieren el público español porque no hacen más que gritar y animar sin pausa, pero eso de gritar por gritar no va conmigo.

Pero en el mencionado artículo mezclan dos cosas que desde mi punto de vista nada tienen que ver. Además de la gente que habla sin cesar, están los smartphones y por tanto, las redes sociales. En ese aspecto soy más de la opinión de Guille Mostaza ("están comunicando a otra gente lo que está pasando en la actuación, cosa que suele pasar si lo están disfrutando."). No veo ningún problema en alguien usando su Smartphone, si bien como dice también Don The Tiger: "Hay gente que es especialista en que la vida les pase por delante y ni les roce.". Si vas a ver el concierto en todo momento a través de una pantalla, para eso tienes YouTube, pero tú mismo, tú te estás perdiendo lo mejor de la música en directo, que es el directo en sí.

Pero lo que yo no llego a entender es por qué tanta crítica al uso de los teléfonos alzados en conciertos. ¿Acaso nos hemos olvidado de aquellas pancartas que llevábamos en nuestra adolescencia fan y que impedían ver al de atrás? O las cámaras de fotos, no tan discretas como las actuales, y tan aparatosas que molestabas a los de tu alrededor mientras la sacabas, echabas las fotos y la volvías a guardar. O la típica chica de baja estatura aupada por su amigo el alto, con lo cual tenías ante ti un ser de casi 3 metros que no te dejaba ver ni la sombra del cantante.

Otra cosa son los que van y vienen, y no paran quietos durante el concierto, tomando fotos y notas de lo que observan, bloggeros y periodistas que más de una vez se han topado con alguien a quien no le ha sentado nada bien tanto movimiento y han generado, y volvemos al inicio, un ruido molesto y ajeno al concierto. Bloggeros y periodistas hay como en todo, de muchos tipos. Los hay que piden permiso, los hay que no. Bien por los primeros. Pero una cosa que echo en falta de los conciertos multitudinarios es esos fotógrafos a los que les ceden un pequeño espacio entre escenario y público para poder sacar todas las fotografías que quieran y puedan  moverse con soltura durante sólo los 2 primeros temas. Sí, suelen jorobar a los de la primera fila, pero sólo son unos minutos. No es lo mismo que estar yendo y viniendo durante la hora y media/dos horas que dure la actuación.

Pero oye, que de igual manera que está establecido que en los conciertos de estadios está prohibida la reproducción fotográfica o de vídeo (es decir, prohibidas las cámaras) yo no veo mal que quieran prohibir los móviles. De hecho, si lo que molesta es que publiquen en las redes sociales que están viendo a tal o cual artista, que pongan un inhibidor de frecuencias. Si tan sólo prohíben, me joderá no poder hacer fotos para recordar el concierto, ya sea con cámara o móvil, pero si prohíben algo, que lo hagan de verdad. Es decir, que prohíban las cámaras y no los móviles, o viceversa, no me parece bien, menos si no ponen medios ni órdenes estrictas. Eso de prohibir cámaras profesionales pero no de bolsillo o smartphones que tienen casi mayor resolución que una profesional, no lo veo lógico. De igual manera no veo justo que prohíban coger fotos y luego una vez dentro todo el mundo las haga y los de seguridad no hagan nada para evitarlo. De hecho, de todos los conciertos a los que he ido, sólo hay dos en los que realmente se preocuparon de que nadie hiciera fotos ni vídeos: uno, el de James Blunt en un teatro en Málaga, y otro de Take That en Londres en un estadio.

En resumen, todo se reduce a lo mismo: la cultura y el respeto. De qué vale quejarse de gente que te molesta en un concierto si no les llamas la atención. O si estás más pendiente de dónde publica el de al lado, si en FourSquare o en Twitter, que del concierto. El artista lo podrá hacer mejor o peor, pero se merece cierto respeto, y si no te gusta, ya sabes dónde está la salida.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Una canción

Una canción puede ser un éxito, un hit, un temazo, temón, etc. Hay canciones para reír, para llorar, para ser feliz, para estar de bajón, para concentrarse, para bailar, para dormir, para no dormir, para enamorar, para odiar, para pensar...

Clock Face es una de "mis" canciones, es el ejemplo más claro de la canción correcta en el momento oportuno. Llegó a mí por azar, un desconocido de una discográfica la repartía a la salida de un concierto en Barcelona. Casi no fui a ese concierto por no tener quién me llevara, pero el destino se puso de mi parte, o más bien mi padre quien debió pensar que ya tenía edad para irme de concierto a otra ciudad.

Aquella época no era mi mejor momento, estaba perdida, me había dado de bruces con la realidad y mis ilusiones de tener un título universitario se habían evaporado con amargor, primero con el periodismo que no pude estudiar y luego con Filología del que estudié un par de años. Pero ése era "mi plan": estudiar y luego marcharme de Alicante. Y no había plan b, ya no sabía qué hacer con mi vida.


Aquel concierto de un grupo que empezaba, Keane, fue ya de por sí distinto. Conocer a los mismísimos cantantes era un privilegio para unos pocos en aquel entonces. Que yo fuera sola al concierto era otra nueva cosa a vivir. Muchas experiencias nuevas y gratificantes en una misma noche. Y con mi sonrisa de idiota-postconcierto alguien con una camiseta donde se leía "Sinnamon Records" me paró y me dio un single, en cuya portada se podía ver un molino y un campo a contraluz. Se llamaban Budapest. Jamás había oído hablar de ellos. Mi padre me recogió según lo acordado, y al montarnos en el coche, lo primero que hice fue poner el cd. Empezaba suave pero luego adquiría tal ritmo que me cautivó. Y atravesar Barcelona de noche, desierta a aquellas horas, con esa banda sonora de fondo, es uno de los mejores recuerdos que tengo.

Lo poco que entendí de la letra aquella misma noche me caló, era imposible no identificarme con lineas como “if I don't know then who else will” o “please be a phase that's all”. Más tarde, el propio cantante explicó el mensaje de la canción: trata sobre lo que nos está establecido por la sociedad, la moral o lo que sea. Todo el mundo tiene la idea implantada de que lo que hay que hacer en la vida al llegar a cierta edad es estudiar para tener un buen trabajo, casarse, tener familia, (“if I don't hear then I'll assume that everybody's singing the same old tune”) y el conflicto, las dudas, la presión que supone cuando tus deseos son otros (“is it the time to draw a line?”/“it doesn't feel natural feels too slow”/“it feels so wrong the pressure's on, I can't ignore it any longer”). La canción trata de negarse en rotundo a seguir el plan establecido (“I spike myself, I kick and scream”/“I will not learn the words”), a hacer lo que uno crea conveniente con su propio tiempo de vida (“I turn my clock to face against the wall”).

La canción no cambió mi vida, pero me ayudó a verla desde otra perspectiva. Si la Universidad y el plan no habían salido bien, es que no eran para mí. Al tiempo de empezar a convertirme en una seguidora de Budapest, dejé la universidad mientras seguía trabajando de niñera, ahorrando dinero básicamente para música, en concreto, para posibles conciertos de Budapest, aunque luego me lo gasté casi todo en "mi primera" gira. Mi cantante favorito de la adolescencia iba a pasar por mi país después de 9 años con sólo dos fechas, y no me lo pensé. Me iba a Barcelona y luego a Madrid. Mi primer viaje por mi cuenta, y con escala. Acojonada se quedaba corto, pero las ganas de cumplir mi sueño y el saber que esa oportunidad no volvería podían con todo. Fue un viaje que jamás olvidaré, por la gente que conocí, lo mucho que pude aprender a desenvolverme y en el que me di cuenta de cómo un simple concierto me hacía tan sumamente feliz.

Pero para seguir yendo a conciertos y viajar necesitaba dinero, más de lo que ganaba, así que necesitaba tener algunos estudios para conseguir un trabajo estable, y siguiendo el consejo de mi madre me metí a estudiar un ciclo de formación profesional de Secretariado Internacional. Tenía dos idiomas, informática y era corto. Perfecto. Parecía que las cosas se iban aclarando, no sabía a qué dedicarme pero quería ir a conciertos, y así lo conseguí.

Un par de años después ya había estado en Barcelona, Madrid, Málaga, Zurich, Manchester y Londres en varias ocasiones, y todo por conciertos. Y todo comenzó por aquella canción que me dio fuerzas a seguir intentando buscar mi camino. No sé si será el correcto, pero me gusta y soy feliz así. Porque un concierto no es sólo ver a alguien cantando y bailando, es la gente que conoces, fijarte en cómo está organizado el espectáculo, las diferentes salas o estadios y la diferencia de sonido entre ellas, las charlas con las bandas, la gente entregándose a la música como si no hubiera mañana, los comentarios e intercambios de opiniones sobre lo bien o lo mal que ha estado... Cada concierto es un mundo, una experiencia única e irrepetible.

Ahora cada vez que escucho Clock Face me hace pensar en lo lejos que he llegado, en los sueños que he cumplido, y que por muy perdidos que estemos, siempre hay que hacer cosas que nos hagan felices, fuera de clasicismos e ideas preconcebidas.

....only my expectant eyes looking for diamonds in the sky, the only one looking for this prize....

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Listos que no saben distinguir entre groupie y fan

Hoy me ha cabreado mucho, muchísimo, como suele suceder cada vez que lo veo, algunos comentarios en tono despectivo hacia las fans vía Twitter. Me importa un carajo que nos tachen de histéricas, infantiles, etc. Pero que digan que somos groupies por ahí NO paso.

Cada cual es como es, y por mi propia experiencia, como fan que soy y habiendo conocido a un montón de fans, puedo decir que no todas las fans son iguales. Tampoco hay dos personas iguales. Que generalicen con esto no me importa, es más, lo veo totalmente normal: siempre se hacen notar más las histéricas y el pato lo pagan las que son más tranquilas. Pero que usen y hablen de fans con el nombre de "groupie" me parece de lo más... ¿Estúpido? ¿Ignorante? ¿Imbécil? Y lo peor no es que se lo oiga a otras fans, lo peor es que cada vez lo leo más por las redes sociales de perfiles de profesionales de la música: desde bloggers hasta periodistas ¡e incluso músicos! Podrán tocar la guitarra de puta madre (olé por ellos, envidian me dan), podrán distinguir un buen disco de uno malo (me parece bien, para eso les pagan -a algunos-), podrán saber quién va a estar en el candelero y quién se va a ostiar en el mundillo... Pero decir que las fans somos groupies es símbolo de su ignorancia, y pone de manifiesto, una vez más, cuánto desprecio hay hacia las fans.

Porque groupie, señores, no es lo mismo que fan. Ya escribí sobre los orígenes de las groupies, y mi opinión y preferencia al usar ese término.

Las groupies se rigen por las modas, el famoseo y por el simple hecho de si eres músico o no. Tiran los tejos a diestro y siniestro, sin cortarse un pelo y si además les siguen el juego y encima les invitan a todo, mejor que mejor. Rara vez se compran un disco, en todo caso se lo compran cuando es un súperventas para luego tenerlo olvidado en una estantería. Ésas, señores, ÉSAS son las groupies. Las fans son las que, independientemente de si su artista favorito esté de moda o no, de si el disco sea una bazofia o sea el mejor de su carrera, las fans lo compran. Sí o sí. No se rigen por modas, no pugnan por acostarse con el cantante... Podrán tener infinidaaaaaaad de fantasías sexuales con sus cantantes favoritos, pero a la hora de tenerlo delante no se lanzan a su cuello como hacen las groupies. Si es una fan de las histéricas, se abrazará a él como mucho, pero otras se quedarán como estatuas de hielo, y otras actuarán con total normalidad e incluso entablan una conversación como adultos. Y todas son fans por igual. Pero ninguna se irá a la cama con él.

Pero veámoslo desde el punto comercial, que a fin y al cabo, la pela es la pela, y es lo que cuenta hoy en día. El dinero en muchos casos es lo que hace que un grupo siga o no adelante. Hasta ahí de acuerdo, ¿no? Señores, ¿no se han dado cuenta de que una fan es una fuente constante de dinero para los músicos? Una fan comprará todos los discos, e incluso más de una y de dos copias, irá a todos los conciertos, y arrastrará consigo a todo ser que pueda convencer, comprará merchandising hasta para su abuela, se gastará MILLONADAS a lo largo de su vida por un artista que nunca la recordará. ¿Por qué no quieren verlo desde ese punto?

Me gustaría pensar que, de esa manera, se respetaría un poco más al mundo fan. Pero siempre es más fácil despreciar y poner verde a alguien en lugar de investigar, aprender y conocer. Y luego se lamentarán de que la música en este país esté como esté. Así no se va a solucionar nada.



Como consejo: si te cruzas con una panda de histéricas, no dejes que agoten tu paciencia y al final acabes poniéndote a su nivel montándoles el pollo como si fueras su progenitor, pero haz que se calmen con buen rollo. Ponte en su lugar. Tampoco es tan difícil. ;)

miércoles, 5 de junio de 2013

¿Otra vez?

En época de tour de mis cantantes favoritos, algunas de las preguntas que más me suelen hacer, siempre vienen provocadas por frases como "me voy a ver a Mark" o "tengo entradas para Londres y para Manchester". Y las preguntas siempre son las mismas: "¿Otra vez a Mark?" o "¿Vas a ver el mismo concierto dos veces?". Preguntas que suelen hacer los no fans, e incluso algún aficionado a la música en rara ocasión. Y no creo que sea la única persona a la que formulan estas cuestiones cada vez que anuncia que se va de concierto.

En cuanto a la primera pregunta, no importa que sea Mark Owen, John Garrison o Reikiavik. De hecho la última vez que me preguntaron fue "¿Otra vez vas a ver a los Reikiavik ésos?". Pues sí, y las veces que pueda permitírmelo y que me dé la gana, es lo que te dan ganas de decir tras tantos años aguantando el "¿Otra vez?", sobre todo cuando lo dicen en ese tono cansino y a veces incluso despectivo. Concretamente en aquel caso la distancia en tiempo entre ambos conciertos fue una semana. Pero ahora con la gira de Mark, ansío que alguien me pregunte si OTRA VEZ me voy a ver a Mark. Ya tengo asumido que la gente no tiene en cuenta cuánto tiempo ha transcurrido desde la última vez que le vi encima de un escenario (mayo 2011) ni mucho menos que distinga Mark de Take That (en julio 2005 fue su última gira en solitario,hace 8 años!!!!). Pero esa información es inútil para quien pregunta (como es lógico), así que ahorro saliva y me limitaré al "Sí, otra vez :) ".

Por otro lado, ¿hay algún problema en ver el mismo concierto dos veces? Ok, admito válidas las opiniones de derroche de dinero, pero es que NO es el MISMO concierto. Empezando por si es un artista al que nunca has visto en vivo, no puedes hacerte una opinión firme basada en una sola actuación. Si el cantante ese día tiene mala suerte y hace una actuación penosa,no volverás a verle en directo, irás comentando lo mal que canta y no sabrás si es realmente así o es un buen artista con un mal día.

Por otro lado algunas giras de artistas de renombre y gran popularidad suelen ser todos los conciertos igual, pues están organizados bajo un estricto guión difícil de saltarse. Pero como espectador ante un gran espectáculo no puedes estar atento a todo, y la oportunidad de ver el mismo show dos veces te permite percatarte de cosas que te habías perdido. Y en cuanto a lo del guión, siempre hay alguna excepción, por ejemplo cuando me entero que mi grupo favorito cambió gran parte del setlist (lista de canciones) a mitad de la última gira, con lo que los primeros conciertos NO fueron idénticos a los últimos...

Y si ya hablamos de artistas con menos renombre, ahí sí que no son conciertos iguales ni de coña. Y eso me encanta, porque nunca sabes qué te puedes esperar. Empezando por la distinción entre conciertos acústicos y eléctricos en los que el setlist cambia por completo. No es lo mismo un concierto con toda clase de instrumentos musicales que hacer uno menos "ruidoso" y tener que limitarse a un número determinado de instrumentos.

Y está el hecho que los conciertos, cuanto menos multitudinarios, más especiales son, los artistas suelen relacionarse más con el público, improvisan temas, y los fallos técnicos, más comunes en locales pequeños, siempre son una buena anécdota y motivo para hacer un chiste en mitad de la actuación. Cosas que suceden al azar, al contrario que en conciertos en estadios donde todo está medido al milímetro y cualquier fallo está mal visto.

Por poner ejemplos que he visto y vivido: Mark Owen se resbaló en mitad de una canción cuando cantó con Take That en el estadio de Sunderland (Newcastle), y se limitó a reírse con el resto pero la actuación siguió como si nada. Entre canción y canción, ni se mencionó. Sin embargo, en un concierto de John uno de sus pedales quedó enganchado, sonando aún cuando la canción había terminado, y recuerdo a John haciendo el payaso pisoteando (en broma) el pedal y haciendo chistes sobre él el resto del concierto. O como cuando en un concierto de lo que iba a ser media hora terminó siendo casi una hora más al unirse amigos suyos espontáneos para hacer versiones de canciones de otros grupos. Esto último sucedió en Leamington (UK) pero yo me lo perdí porque ya había ido a verle a Londres. Y no ha vuelto a hacerlo nunca más.

Así que sí, me gusta ir a más de un concierto del mismo grupo. No espero que la gente lo llegue a entender, no voy a soltar todo ésto cada vez que me digan que tiro el dinero por ver al mismo artista en diferentes ciudades, pero seguiré haciéndolo mientras pueda. Los conciertos no me dan de comer pero me hacen la más feliz.

Ah, y por cierto, en una semana voy a ver a Mark Owen en Inglaterra. Dos veces. :)

viernes, 16 de marzo de 2012

Preparación


Tienes la entrada. Tienes la compañía. La maleta, casi a punto. No importa que queden meses. Pero los días vuelan, hay que ponerse en marcha, y quedan muchas cosas que organizar.

Primer paso: vuelos.
Si el grupo/cantante es internacional, y con las ofertas de viaje de hoy en día, las aerolíneas de bajo coste son las más rentables, sobre todo si piensas ir a varias ciudades durante la gira. España suele ser de los últimos países que los artistas internacionales visitan, si tienes la suerte de que vengan (en el caso de Take That, los hechos lo demuestran: primera visita con el Beautiful World, y da gracias), así que las opciones acaban siendo países cercanos como Francia o Italia, o Reino Unido donde la cantidad de conciertos es mayor. Pero también hay muy buenas ofertas para Alemania o Centroeuropa, con lo cual todo depende de los deseos o la economía.

Y ahora llega lo bueno. Ya tienes la ciudad, y rápidamente el aeropuerto, pero combinar a tu amiga de Galicia, con tu amiga de Andalucía y tú que vives en Aragón, es bastante complicado, y sobre todo cuando a cierta edad hay mayoría de gente trabajando que estudiando, complicándolo todo aún más. En lo que tardan en elegir día de salida, las tarifas varían de manera inesperada, incluso se han dado casos en el mismo día. Pero al final, con un poco de paciencia, conseguís los billetes.

Aparte de los aviones, hay gente que opta por combinaciones más baratas pero con su parte mala, es frecuente que el trayecto hasta destino sea extenso. La comodidad en estos casos tiene que ser un factor importante a tener en cuenta, pues son muchas horas en comparación con el avión. Los trenes hacia el extranjero tienen precios exorbitados pero son cómodos y con suficientes facilidades para amenizar el trayecto. Los autocares son la opción más barata, y la más incómoda. No puedes moverte de tu asiento excepto en las paradas programadas, y los asientos no se distancian demasiado entre ellos, así que si tienes las piernas largas, es totalmente desaconsejable. Además un viaje al extranjero en autobús no suele durar menos de 24 horas (a no ser que vivas muy al norte). Los más aventureros van en coche, propio o alquilado, teniendo más libertad de movimiento tanto durante el trayecto como en la ciudad de destino. Pero claro, antes hay que enterarse de los códigos de circulación de las zonas por las que vayas a pasar, y el eterno problema de aparcamiento.

Segundo paso: hoteles (o sucedáneos)
Más vale malo conocido… como dice el refrán.

Hay una gran variedad de hoteles, tenemos desde hoteles de 5 (o más) estrellas, aquellos que interesan a dos tipos de fans: uno, las groupies de turno; dos, las pijas que no pueden dormir en un sitio cualquiera. Muchas veces (fíjate qué coincidencia) ambos tipos se encuentran en la misma persona. Luego está la gente que ha ahorrado lo bastante porque ese viaje es fuera de lo normal, es más especial de lo que suele ser. Son hoteles de esos que tienes quien te lleve la maleta a la habitación, te dan un detallito de bienvenida, y te saludan SIEMPRE que te los cruzas. La educación ante todo, no sólo en los saludos, sino también en la manera de expresarse y de gesticular. No me extrañaría que estuvieran obligados a hacer un curso de protocolo si no lo han hecho previamente. Y es que un hotel de tal categoría no puede tener fallos. Te puede gustar más o menos el estilo barroco de las paredes tapizadas y suelos enmoquetados a lo Luis XVI, o el diseño cubista de la fachada que te desorienta y que si no fuera por el maletero de la puerta, no sabrías por dónde entrar, pero tienes que buscar bien los fallos, o tener la mala suerte de haberte metido en un hotel de muchas estrellas pero desde hace un siglo.

Pero el resto de los mortales somos más prácticos. Necesitamos una cama donde dormir y una ducha. Ya está. Vas de concierto, vas a pasarte horas haciendo cola, tras el concierto estás reventado y sólo piensas en dormir, y si te queda tiempo libre, normalmente lo utilizas para hacer turismo.

Si vas con un grupo numeroso, los albergues para mochileros salen bastante bien de precio. Los precios son más bajos cuanto más gente metas en una habitación, y la mayoría de veces incluye desayuno o al menos una cocina que los huéspedes pueden usar. Lo malo es compartir el baño con toda la planta, no apto para quisquillosos/escrupulosos, pero si buscas bien, hay alberges que cuidan mucho de la limpieza en las zonas comunes.

Si vais un grupo de entre 3 y 5 personas, yo siempre aconsejo coger un hostal, o un bed&breakfast en el caso de Reino Unido, ante todo si la idea de compartir habitación con desconocidos no os convence. Estos hostales suelen ser dos o tres edificios de viviendas colindantes, todas ellas reformadas para alojar a visitantes. Cierto es que hoy en día encontrar un hostal cuya reforma haya ocurrido hace poco es raro. Pero, como en el caso de los albergues, la calidad de las instalaciones depende de cada edificio, no de la cantidad de estrellas o de los comentarios que encuentres por Internet. Los fallos de estos sitios suelen ser camas viejas, paredes desconchadas, alguna que otra cosa rota como lámparas, cajones, etc., cosas que yo personalmente considero se pueden pasar por alto. Luego hay fallos más graves como puertas que no cierran bien, problemas de insectos, etc. Pero irse de gira y descubrir sitios nuevos conllevan sus riesgos.

Otra opción, menos usual y más cara, son los apartahoteles. Son apartamentos para 1 o 2 personas, menos frecuentes para 3 o 4. No he encontrado ninguno para 5 personas de momento. Te ofrecen la comodidad de estar como en tu casa, cocinar tú mismo pues ya vienen equipados con todos los utensilios: cubiertos, vajilla, cazos y sartenes. Por contraparte, y al igual que en tu casa, te tienes que encargar de la limpieza. En estos alojamientos, el precio de la habitación depende de la duración de la estancia. Si por ejemplo vas a aprovechar el viaje y vas a estar de turismo durante la semana del concierto o más tiempo, es una opción a contemplar, pues suele haber descuentos bastante interesantes a partir del quinto día aproximadamente. Además, hacer la compra en un supermercado sale más rentable que comer en restaurantes, sean o no de comida rápida.

Una vez comprados los billetes, y reservado el hotel, ya empiezan otros tipos de compras (¡si es que todo es gasto!). Hay que tener en cuenta el gasto de transporte desde el aeropuerto hasta el hotel; luego, si no va incluido, el que usas para moverte por la ciudad o para llegar al estadio que, al igual que el aeropuerto, no está cerca del centro de la ciudad. Esto muchas veces puedes gestionarlo a través de Internet, a veces con algunos descuentos, de tal manera que los títulos de transporte los tienes previamente al viaje, para mayor organización y agilidad a la hora de moverte por la ciudad. Llegas y no tienes que desperdiciar tiempo haciendo colas interminables o intentando explicarte en un idioma extranjero nada más llegar.

Todo eso en cuanto a gasto que tienes a 6 meses de la fecha clave. Luego una vez allí hay que contar con dinero para comida, dinero para merchandising, dinero para souvenirs, dinero para imprevistos, etc.

Y es que nadie dijo que ser fan fuera barato.

domingo, 11 de marzo de 2012

Las giras

Esa sensación de no haberte cansado aún del último disco, publicado hace apenas un par de meses, y empezar con la dura decisión de ¿dónde me voy de gira? Aún no sabemos cuándo sacan a la venta las entradas ni dónde van a tocar y ya estamos haciendo las maletas. Es inevitable. Al igual que inevitable, y obvio, es que tras unos años conociendo al grupo, sabes de sobra cuáles son los sitios indispensables: Londres y Manchester. Y ya sabemos que más de una fecha tocarán en esos lugares, y que serán las entradas más logradas. Pero hasta conseguirlas, aún queda camino...


En primer lugar, la economía. Si nos hemos quedado en números rojos al comprar el disco, mal vamos. Cada cual es como es, y con la edad algunas personas van priorizando cosas más importantes (los sensatos, para qué engañarnos) y luego las personas que hacen lo que sea con tal de ir. Una vez analizada nuestra economía, decisión básica para decir sí o no a la gira, se procede a llamar, escribir en el muro de Facebook, enviar un whatsapp, etc a los más allegados, esos amigos incondicionales que están tan locos como tú por "escapar de la rutina" (excusa mala donde las haya. Vas a lo que vas. Punto.).Pero ¡ay, malditas redes sociales! Conoces a tanta gente de sitios tan dispares con tantos círculos de amigos a lo Google+ que la teoría de los 6 grados es raro que suceda, y conseguir cuadrar tus deseos de ir acompañado por tus dos mejores amigos puede acarrearte más dolores de cabeza que entender toda la matemática existente. Eso si no contamos con los amigos de tus amigos que se apuntan también, y que puede suceder típico caso de "si va fulanito, yo no voy". Porque todos queremos que salga perfecto, que sea un viaje estupendo, idílico... Seamos realistas. NUNCA será así. Otra cosa es que después nos quedemos con los buenos ratos y olvidemos lo malo.


Una vez organizada la compañía que te llevas, empiezan los primeros roces. "Yo quiero ir a Manchester", "yo prefiero Londres", "yo el sitio más barato", "yo el menos concurrido"... Tras un tira y afloja durante unas semanas o meses, depende de lo difícil que sea hablar con tus contactos, ya tenéis una lista de ciudades posibles, ordenadas por preferencia, justo a tiempo cuando salen publicadas las ciudades donde tocarán y dan comienzo a la cuenta atrás para "el día negro", la venta de entradas. Ese día donde l@s fans colapsan Ticketmaster y Seetickets, y los foros, más que foros, son chats.


¿Y quién se encarga de comprarlas? Últimamente veo más frecuente la situación de una que conoce a una amiga de una compañera que tiene una vecina cuya hija está de Erasmus en Inglaterra que puede pillar las entradas. Y es que por alguna extraña razón, la gente que se encuentra en la isla británica suele tener mejor "suerte" o suelen ser más "rápidas" a la hora de la compra. Cosas de internet... Pero en fin, tras un par de horas del estrés más puro y duro y con el F5 medio roto, ya están las entradas, compradas sin saber cuánto han costado (el desconocimiento nos hará felices), con la intriga de si son de pista o de grada (nos gustan las sorpresas), desconociendo el estadio de turno (viva la aventura), y ni siquiera sabes a qué ciudad te vas de concierto finalmente. Suele suceder que al tercer día ya has aprendido a pronunciar el nombre. Tanto cuadrar deseos de la gente para luego acabar así. Pero tú feliz como una regaliz. Tienes entradas. Te vas de concierto. ¡Felicidad!