sábado, 4 de octubre de 2014

Damien Rice

Me gusta saber qué discos compran los cantantes que suelo escuchar por el simple hecho que he comprobado a lo largo de estos años que sus recomendaciones suelen ser muy afines a mis gustos. Imagino que de una manera u otra ellos beben de sus artistas o discos favoritos, para crear luego los suyos propios, que son los que termino yo escuchando. Así que es de razonamiento lógico que me guste. No en el 100% de los casos pero normalmente sí. Por ejemplo un disco de Talk Talk recomendado por John Garrison o de quien voy a hablar hoy, de Damien Rice. No me considero fan, sino más bien una supporter de este hombre, principalmente porque hasta hace unos años no sabía ni cómo era físicamente.

Pero volviendo al tema, el saber de su música fue un poco por rebote. En una entrevista Mark Owen habló de él, una amiga escuchó la entrevista y se hizo con los discos 0 y 9 de Rice, amiga que después me los recomendaría fervientemente. Y qué acertado. La música de Damien Rice creo que fue mi primer paso hacia eso que llaman folk, aunque ahora me cuesta definir su música como tal (me cuesta definir un género específico para cada artista que escucho, en general). Relajante es lo que mejor la define para mí. Fue el primer cantante que sin importar el disco, sus canciones me transmiten mucha paz y tranquilidad. Será la voz, lo acústico, yo qué sé. Sé que cuando los nervios se apoderan de mí y surgen los primeros síntomas psicosomáticos, me pongo el disco de 9 y me acuesto un rato, me levanto como nueva. Ni chill out ni música relax ni ostias. Damien Rice en bucle.

Además sus letras son de las que podría hacerse un libro y no sabrías distinguir si son poesía o son canciones. Me encanta leerlas, pero más escucharlas, porque la voz que tiene, tan concreta, distintiva, suave, susurrante, con ese toque rasgado que sale en los momentos más desgarradores de la canción. Una combinación de voz y música que me encanta. 

Still a little bit of your taste in my mouth
Still a little bit of you laced with my doubt
Still a little hard to say what's going on

En otros cantantes es fácil imaginarse las melodías cantadas por otros, y viceversa, casos donde la voz es asombrosa pero la música deja mucho que desear. Pero no en Damien Rice. Además, sabe cuándo y cómo rodearse de buenas voces. Es el claro ejemplo de todos los años que ha estado trabajando con Lisa Hannigan, cantante cuya trayectoria en solitario nada tiene que envidiar a la de Rice. Canciones como 9 Crimes o Cold Water sonarían bien con él a solas, pero combinándose con ella, las hace aún más conmovedoras.

Porque no sé si le pasará a más gente que escuche a Damien Rice, pero tiene algunos temas que hacen que se te estremezca algo por dentro, tiene esa capacidad de estrujarte las entrañas sin compasión. Además en mi caso sus canciones han sido el telón de fondo de muchos relatos que he escrito, y de los que luego la gente les ha gustado más sobre otros escritos sin su música, porque notaban algo distinto.

Obviamente, hay algunos temas de él que no son de mi agrado pero que tampoco me obligan a pasar a la siguiente canción. Por ejemplo, Unplayed Piano, Lonely Soldier o The Blower's Daughter. Ésta una de sus canciones más aclamadas y sin embargo yo prefiero quedarme con 9 Crimes, I Remember, o Cheers Darlin'. No tengo una favorita porque me es imposible escoger una, todo depende del humor que tenga el día que las escuche, pero ésta última, Cheers Darlin', me pareció sublime nada más escucharla. Los efectos para ambientar la letra, que bien podría ser una película, la voz tan pasional de la que hablaba antes, justo en los momentos de la letra tan desesperada, y una escena tan típica como el amor no correspondido y estar presente cuando la persona de la que te has colgado se va con otr@.



Y todos estos años desde aquel momento en que me pasaron sus discos, he estado escuchándolos día sí, día también. Cuando me acordaba, de vez en cuando investigaba por Internet si había sacado algo, si había algún tema nuevo, pero pocas o ninguna eran las noticias de él. Y de pronto de la noche a la mañana, apareció este clip (rodado en España):


Ocho años, y parece que no hayan pasado, pues de nuevo ese susurro en cada verso, en cada rasgada, y el caos en el momento justo para dejarte con la miel en los labios. El disco nuevo sale a la venta el 31 de octubre, y es de lo mejorcito que trae este otoño. Además, lo puedes pedir ya, y será por formatos que hay disponibles (a mí la caja de madera no me mata pero la litografía sí). Lo que tira más hacia atrás es que son sólo 8 canciones, pero si sólo te interesa la música, tienes la versión CD por 13€ (más gastos de envío, imagino). A primera vista me parece caro pero porque los últimos discos que me he comprado han sido con más canciones y menos euros (artistas poco conocidos con primer disco), o eran discos que no eran recientes. Así que al fin y al cabo no es tan caro. Pero no me decido entre tanto formato...

Además está de gira, sin pisar España de momento, pero las entradas volaron y me quedé sin verle en Berlín ¬¬ Otra ocasión será. De momento es una de mis alegrías de esta época, y estoy deseando escuchar el disco al completo. Aunque todo sea dicho, ya he escuchado el primer single,  I Don't Want To Change You, y no me mata, me sigo quedando con los escalofríos que me proporciona My Favourite Faded Fantasy.

jueves, 2 de octubre de 2014

Cambios

La semana pasada saltó una noticia que cayó como una bomba entre las takies/thatters/fans de Take That: Jason abandonaba el grupo. Cuando Robbie se fue a finales de los 90 no me afectó, aún no los conocía, pero sí he visto cómo grupos que me encantan han ido modificando su formación con el paso del tiempo.

El primer cambio importante para mí fue el batería de Maroon 5. Songs About Jane ya era un éxito cuando Ryan Dusick, el batería, se dañó el brazo y tuvo que ser reemplazado por Matt Flynn. Como cuando meten a alguien nuevo en tu círculo de amigos, al principio desconfías. Pero lo peor era saber que Ryan lo dejaba por causas de salud, no podía volver a tocar la batería.

En segundo lugar, y creo que ha sido de las marchas que más me ha afectado, y además de otro batería: Sebas Limongi, de Cyan. Y es que hay músicos que marcan la diferencia. No es lo mismo Ryan, al que no tuve la suerte de conocer, como Sebas, que siempre estaba de broma y hablaba con nosotros como si fuéramos conocidos de toda la vida. Gestos que se agradecen, y mucho. Las risas que me eché con él y poses épicas como “mirada atardecer” serán cosas imborrables de mi memoria. Todo esto no quita que pudiera ser sólo una fachada para tratar bien al público, que luego fuera vete tú a saber, pero yo me quedo con lo que percibí. Y digo que fue de las marchas que más me impactó porque fue una marcha en silencio, sin previo aviso. De pronto dejó de estar en los conciertos y yo, ingenua de mí, al segundo concierto me aventuré a preguntar por él pensando que estaría enfermo. Cuando me percaté del cambio en la cara de Javi, el cantante, vi cuán equivocada estaba. Él se deshizo en justificaciones pero son cosas del grupo que a mí que no me incumben. Fue un golpe porque no hubo despedida, me hubiera gustado hablar con él sobre todo para saber si seguiría en la música, para no perderle la pista en tal caso, pero sobretodo me hubiera gustado una última charla para hacerle saber que voy a echar de menos esos momentos postconcierto.

De eso hace ya meses, parecen años, y ha sido revivirlo todo con Jason. La diferencia es que con Jason mi reacción no ha sido un shock, sino en parte alivio por él. Era el miembro de Take That más independiente, más a su bola en el sentido de que las redes sociales no iban con él, por ejemplo, y los periódicos sensacionalistas publicaban que lo habían visto en un parque sentado, en un coche hasta arriba de trastos... Cosas de cualquier persona a pie. Queda raro que lo haga una estrella del pop pero no una persona común, qué cínico. Ahora que han pasado unos días, me parece más increíble su marcha. Porque cuando el miembro de un grupo se va, en un primer momento es como si fuera su fallecimiento, desaparece de la faz de la tierra. Y Jason es especialista en desaparecer, ya lo hacía entre disco y disco. Mientras que Howard mantenía el contacto con el mundo a través del Twitter, y Gary y Mark siempre andaban metidos en música, Jason se evaporaba. Cuesta pensar que ahora es para siempre.

Y sin despedirse. Un comunicado en la web y ya está. Supongo que así funciona la música: nunca sabes cuándo va a ser la última vez que verás a un grupo, o un miembro, en un concierto. La gente dirá que no era nadie, tan sólo el bailarín, o ni eso. Pero para nosotras, las takies, era algo más que “el que bailaba”. Aunque lo suyo era el baile, en esta nueva etapa descubrimos la voz tan dulce que tenía para cantar. Y qué decir de sus expresiones faciales, el positivismo contagioso que poseía... Siempre le hemos visto como el típico hermano mediano que solventa las discusiones entre los mayores y los más jóvenes, aunque estamos seguras que también tenía su genio. Pero también tenía paciencia, este hombre era un pozo de paciencia interminable.

Así que qué más da lo que digan, nos quedaremos con lo que hemos visto, los momentos compartidos con él, los conciertos en los que nos lo ha hecho pasar realmente genial. Pero eso no evitará que siempre veremos su estilizada silueta allí donde solía estar. Se le echará mucho de menos.

martes, 12 de agosto de 2014

Fuera y dentro la cápsula

¿Los músicos son conscientes de lo que hacen cuando lanzan sus canciones al mundo? ¿Saben que, al igual que escritores, pintores y demás artistas, cuando sueltan sus obras al exterior, de cierta forma dejan de ser suyas? Porque la gente las coge, y a los que les gustan, las hacen suyas, encuentran mensajes totalmente distintos a los que quería transmitir el creador, pero ya es demasiado tarde para cambiar esa primera versión, esa primera escucha decisiva, desde la cual el oyente se cuelga de la manera más literal de un tema, y se siente reflejado en cada verso, en cada estrofa.

Hay músicos que odian que suceda eso, e insisten, insisten una y otra vez, que la canción no va sobre esto, sino sobre aquello. Y el oyente también ve el mensaje y lo comprende, pero sigue prevaleciendo el primero, el original. Es inevitable y en cierta manera, irreparable.

Nadie puede cambiar que se te pongan los pelos de punta cuando empieza la canción, esos primeros acordes que podrías distinguir entre un millón, y luego la voz, inconfundible también, en perfecta sintonía con el resto de instrumentos que se van incorporando. Porque aunque sea de manera inconsciente, cuando te gusta mucho una canción, terminas identificando cada instrumento, cada efecto, cada coro. Y el estribillo, eso que puedes tararear en el momento más inesperado, porque es lo contagioso, lo reiterativo. El método que siempre te decían para aprender: si repites mucho una lección, al final se te queda grabada a fuego en la memoria. Igual sucede con los estribillos.

Y cuando la canción va avanzando, va subiendo el ritmo, como si fueras en el carro de una montaña rusa y empezaras a subir, pero sin miedo, sino disfrutando del viaje, deleitándote con los acordes suaves de los teclados, estremeciéndote con cada guitarra que vaticina lo que vendrá, descubriendo pequeños detalles en los que no habías reparado antes, todo ello con el telón de fondo de batería y bajo acompasados de tal manera que son el latido del tema, como el latido humano que sólo escuchas cuando le prestas toda tu atención. No quieres que se acabe ese momento pero también tienes ganas de llegar a la cúspide, allá donde reina el silencio, un silencio de no más de dos segundos, pero perfectos, el silencio oportuno en el momento correcto, para luego sumergirte de golpe en el estruendo final, allí donde se combina todo de golpe: voces más agudas, batería más insistente, guitarras y bajo rasgados con energía, y los teclados que te han acompañado durante todo el viaje. Una sinergia redonda, el mejor broche de oro para cerrar un tema, previos segundos a la batería que es como el The End en las películas en blanco y negro, y una milésima más tarde, los teclados, volviendo a empezar mientras desaparecen poco a poco, y una cuerda perdida que desaparece sin ser vista.

Y se acabó la canción, dejándote un regusto agradable en la boca, el corazón comprimido en "un-puño.rar", pero sobre todo una sonrisa que pocas canciones pueden provocarte. Las canciones que realmente importan, aquellas que la gente hace suyas, porque sólo de esa manera perdurarán en el tiempo.

jueves, 1 de mayo de 2014

Reikiavik en la sala El Sol



Un concierto es bueno cuando días después, al recordarlo, se te escapa media sonrisilla. En el caso del bolo de hace ya una semana, no es media sonrisilla, es una sonrisa que me da vuelta y media a la cabeza, justamente como empezó aquel show: se apagaron las luces, empezó a sonar una nueva música y allí salieron los cinco de Reikiavik, sonrientes como jamás de los jamases los había visto salir a un escenario. Brillaban. Aquello prometía.

Sabía que había sorpresas aquella noche, pero la primera no se hizo esperar demasiado. Un Javi peinado a lo Miles Kane pero con su propio estilo tan característico a la hora de vestir, comenzó el concierto como manda la rutina, a pelo, directamente la primera canción.

Un vuelco no, mil vueltas de campana dio mi corazón al reconocer Luna, una canción de sus inicios, de cuando tocaban en La Palma, de cuando los conocí. No era Primavera Del 90 (me hubiera muerto allí mismo) pero como ya dije, Luna es especial. Había cambiado, no era la misma canción de antaño, pero conservaba algo de sus raíces y aquello me hacía recordar con más fuerza, comparando el pasado y el presente que había visto en ellos, cómo habían evolucionado, cómo habían crecido encima del escenario.


Lagrimillas de orgullo aparte, el show continuó sin apenas percatarme hasta que empezaron las guitarras insistentes de Plan De Despedida 1, la canción con la que todo el mundo que ya los habíamos visto en directo esperábamos que iniciasen la noche. Le siguió Aquellas Calles y Tú El Dictador Y Yo El Revólver, con algún que otro percance de por medio pero que llevaron lo mejor posible.

Y de nuevo dos temas que nadie esperaba: Partículas De Mí y Sombras. Y yo como una idiota con la esperanza de escuchar mi favorita con tanto flashback sobre aquel primer EP. Imagino que su intención fue hacer un muestrario no sólo de Daño Universal, sino también rememorar el origen de la banda con estos temas que no tocaban en directo desde hacía dos años. Se me hizo raro sin embargo que no sonara El Gran Perderdor, un tema que solían tocar antes muy a menudo, pero que en esa noche yo particularmente no eché en falta para nada.

Para mí fue una actuación espectacular y fuera de lo común, se movieron y les vi muy sueltos, hasta el más tímido, Isma, se ganó a los fotógrafos pie en woofer y dando protagonismo a su bajo. Incluso hubo presentación de cada miembro por separado, olvidándose el propio presentador de sí mismo, pero ahí estaba Miguel para recordarle cuál era su nombre. Los que me acompañaban esa noche estaban ojipláticos, asegurándome que Reikiavik superaban a otras bandas en conciertos a los que también habían ido conmigo.

Quitando alguna que otra bloggera que estuvo más de una canción delante mía porque ella lo vale, fue una noche difícil de olvidar y de superar, un concierto de hora y media que se quedó muy corto, y así lo demostramos una gran parte gritando "otra, otra" cuando pusieron punto y final con Salto Mortal, el mejor cierre que tienen sus directos. Ahora tan sólo queda la larga y tortuosa espera hasta el próximo concierto, o quién sabe qué otras sorpresas guardarán en el bolsillo...

jueves, 3 de abril de 2014

Blogs musicales

Curioso mundo éste de las modas. ¿Quién iba a decir en la época del MySpace y el Fotolog, cuando Blogspot/Blogger apenas existía, que casi 10 años después se pondría de moda la música (mal denominada) indie, y que el medio predilecto de difusión sería a través de blogs?

Mi reflexión viene de haber estado leyendo mi blog de MySpace mientras tomaba el café esta mañana, y darme cuenta de que efectivamente lo que yo hacía en el 2006 es lo que se lleva ahora en el 2014, con la única diferencia de que sigo manteniendo la filosofía de "si me gusta tu disco, escribo sobre él. Si no me gusta tu música, paso de escribir sobre ti".

Así que me reí mucho cuando más de uno al conocerme reconoció haber creído que yo pertenecía al colectivo de "medios". Porque sí, tengo blogs, pero son subjetivos y personales, no sigo un esquema, no pretendo llegar a mil vistas ni mucho menos. Y como puede comprobarse por las fechas, la constancia no es lo mío; escribo en ellos cuando me da la gana, cuando me aburro y el Twitter se me queda corto, o cuando me dan arrebatos de inspiración.

Si un cantante no me llega, podrá tener un discazo, pero si no me gusta, ¿para qué voy a escribir sobre él si no voy a hacerlo bien? No soy nadie para elegir qué artista o banda merece difusión y cuál no, ni para decidir si un disco es bueno, eso se lo dejo a otros que tienen más idea y más objetividad a la hora de reseñar.

Aparte me hace gracia también la denominación "medios". Tan mal está el periodismo musical en España que ahora los medios son personas que no han estudiado periodismo pero sí han tenido experiencia en el mundo de la música. No hace falta tener una carrera para saber hacer tal o cual cosa, pero me parece tan triste que los periodistas de España estén tan en su nube, que tengan que venir otros, muchos de los cuales reconocen no tener vocación de periodista, a hacer lo que no hacen ellos.

Me parece genial que la gente se mueva para promocionar a tal o cual banda, que escriba tropecientasmil entradas para dar a conocer a artistas desconocidos que luego lo petarán, y me parece bien que como contrapartida les regalen los discos antes que a nadie y sean acreditados en conciertos, estrenos, ruedas de prensa... Como es totalmente lógico, porque es un intercambio de intereses: a la gente de los blogs les interesa tener de qué escribir, y a los músicos la difusión, que aunque no sea de las altas esferas, es la difusión que está en auge. 

Pero ahora hay tantos, tantísimos blogs, que como era de esperar, lo que era buen rollo ahora es una guerra constante entre unos y otros, a ver cuál es el primero que habla del nuevo disco de Fulanito, a ver cuál saca la mejor foto en un concierto... Y yo, como lectora que soy de éstos blogs cuando me apetece escuchar algo nuevo, me encuentro en casi todos los lados con los mismos temas, los mismos cantantes y las mismas opiniones al fin y al cabo (¿para qué os enfrentáis si pensáis igual?). Escucho la música que tan de moda parece estar y a mí me resulta de lo más aburrida, monótona, repetitiva. Y en los conciertos, eso de que haya más medios que público (que al fin y al cabo, son los consumidores) te da que pensar.

En resumen, tanto blog, tanta pugna, tantos frentes, que luego todos terminan hablando de lo mismo, cuando hace apenas ¿un par de años? ¿Tres a lo mucho? Cada blog era un mundo distinto, como distinto es el humor que tenemos cada día, y que nos hace escuchar música distinta en función de cómo nos sintamos. Dependiendo de tu humor y de lo que te apeteciera escuchar, leías un blog u otro. Ya no creo que vuelva esa frescura de sonidos nuevos, parece como si la inevitable caída del "indie" fuera vinculada a la caída de los blogs. Es lo que tienen las modas, son pasajeras, pero a algunas cuesta más decirles adiós.

martes, 25 de marzo de 2014

Videoclip: So Far Gone

Como ya dije en mi anterior entrada de videoclips, me pirran los que son en plan minipelícula. En esta caso hablaré del tanto querido como odiado James Blunt. Que sí, que estamos de acuerdo que todo el mundo acabó hasta la coronilla del You`re Beautiful, así que no voy a hablar de ese videoclip, pero principalmente porque ni fu ni fa, no me dice nada ese clip.

Y al igual que en las películas, cada cual tiene sus gustos, y el videoclip de So Far Gone para mi gusto son de los mejores que he visto. Dejando a un lado el filtro Nashville que le pone la cara amarilla a James, y la sobreactuación del mismo en algunos planos, hay que reconocer que es un videoclip muy peliculero y ante todo romanticoempalagoso. ¡Y lo que me gusta!

La letra, para quien no la conozca, va de típica situación entre una pareja donde ya no hay más tu tía, el amor se ha acabado y el "si no lo dices tú lo digo yo", la hora del punto y final. Como letra es simple (sigo prefiriendo mil veces la de High On Getting By) pero el videoclip es una mejora.

El vídeo intercala escenas de un Blunt solitario cantando por ¿Londres? y flashbacks de Blunt con la prota, a modo de recuerdos de la relación de la que habla la letra. Y no me parecería tan fuera de lo común si no fuera porque han añadido breves tomas, de segundo y medio, de pequeños detalles de los que te hacen pensar e identificarte con lo que ves: unas caricias por debajo de la mesa, unas rosas, un café en una cafetería en un día de invierno, compartir los auriculares durante un paseo...

Y las escenas entre los dos, escenas cotidianas, a las que no prestamos mucha atención cuando se viven pero que efectivamente cuando no se vuelven a repetir se recuerdan con nostalgia, como puede ser una tarde de bolera o hacer el payaso haciendo la compra.

Llama la atención que hacia el final de la canción (....no turning back on what you can't save....) ya no se les ve juntos en la misma escena, sólo se ven primeros planos de cada uno en solitario. También se aprecia que la chica, sonriente en el resto del vídeo, aparece con semblante serio. No parece casualidad que lo hayan montado así, e igual sucede con el final, donde cada uno se da media vuelta hasta emborronarse. Y fundido en negro, que eso siempre queda bien.

Es un videoclip sencillo, que cualquiera podría montar, pero al que se atreva a pensarlo, de verdad que le reto a hacerlo al nivel de éste, con tanto detalle (las dos piedras con corazones dibujados que luego cubre la marea) y tanto plano breve que hace que sea distinto. He visto algún que otro muy parecido, y hablaré de ellos también más adelante, pero éste por ser el primero le tengo especial cariño.


viernes, 21 de marzo de 2014

Fases de la post-gira

En otras ocasiones ya he hablado de la preparación de toda fan para un concierto o gira. Porque si alguien te dice que se va de gira, no pienses que va a tocar por el país o algo así, no. Podría llegar a decirse que una fan se va de gira cuando asistirá a varios conciertos del mismo tour, aunque no suele ser muy común, más que nada por el tema económico-laboral. Así que si alguien dice que se va de gira, seguramente vaya a una o dos fechas, y gracias.

Los oídos me pitan (sabía yo que delante del
altavoz no era bueno), pierdo equilibrio,
ergo me caigo.
Hoy me ha dado por pensar en ¿qué pasa después del último concierto del tour? No es el último de la gira del artista pero sí es el último al que asistirás. ¿Y qué es lo primero que me viene a la mente? La palabra D E P R E S I Ó N, así, en negrita, subrayado en amarillo, con luminosos de fila de hormigas rojas (si no tienes Windows 98 no las verás) y miles de iconos como el de la derecha.

Los que vayan de adultos, o lo sean de verdad, dirán "pues vaya tontería deprimirse por algo tan tonto". Pues sí, pero es lo que hay. Y al pensar en los momentos postconciertos, es inevitable compararlos con las llamadas "etapas de duelo".

1º Fase de negación
Llega el último tema, estás eufórica perdida, has perdido el chubasquero, unas gafas, y posiblemente la mochila. Te duelen las manos de tanto aplaudir, no sientes nada de rodillas para abajo y ya te da igual que se te cuele la italiana de atrás o que la inglesa borracha salte por encima tuya. Tú y tu amiga gritáis lo más alto posible sin daros cuenta de que no tenéis voz, así que os sale un graznido que ya quisiera Wilhelm. Pero da igual, porque el artista está en su apoteosis final preparado a la de unadostres-CHAS! Y desaparece tras la última reverencia aprovechando el ensimismamiento de algunas alucinando pepinillos con los fuegos artificiales. Recordemos: hemos pasado días a la interperie bajo sol, lluvia, y viento, comiendo basura, durmiendo poco y mal. Normal que flipemos con los fuegos artificiales como si fueran de los mejores que hayamos contemplado jamás. La banda, los únicos valientes mientras el o los cantantes abandonan el lugar en el auto, hace su final levantando la última ovación. Guitarras, baterías... Todo se mezcla y de pronto paran de tocar. El escenario se apaga, se encienden los focos del estadio, abren puertas de par en par, aparecen los equipos de limpieza... Y ahí empieza la negación.

¿Alguna vez habéis mirado las caras de los de atrás cuando termina el concierto? Supongo que es mirarte como en un espejo, porque seguro que tú tienes la misma cara de gilipollas integral, con sonrisa cual Joker: inerte, fija. Que acojona, vamos. Pero ahí estás, con tu sonrisa de psicópata, riéndote con tu amiga como si no se hubiera terminado, como si volvieras a ver todo el concierto pasar por tu mente. Vas camino al metro o bus o lo que te vaya a llevar a tu hotel y vais cantando (si a eso se le puede llamar cantar) los temas escuchados en el concierto. Os lanzáis sobre las camas y os ponéis a recordar las anécdotas, los mejores momentos, los gestos, los bailes, el error en tal o cual canción... Y no paráis de hablar. ¿Por qué? Porque en el momento que llegue ese silencio, os daréis cuenta de que el concierto forma ya parte del pasado.

2º Fase de ira
Vuelves a tu vida, a tu rutina, a tu casa con platos por fregar, a tu trabajo donde se te ha acumulado la faena... Miras a tu alrededor y todo te parece aburrido, tedioso. Hasta el clima, si es distinto, te cabrea. Las siguientes semanas al concierto estás arisca, saltas a la mínima, te enfadas por todo y en general tienes un humor de perros. No hay quien te soporte en esta etapa. Porque no puedes olvidar lo vivido, lo bien que te lo pasaste sin preocupaciones ni mayores responsabilidades, y lo comparas a la vida tan sosa que te toca vivir. La gente con los mismos temas de conversación, los mismos problemas de siempre... No te gusta, te dan rabietas, y todo, absolutamente todo, te molesta, y no hay nadie que pueda ayudarte a cambiar hasta que te da por pensar en "¿por qué no un concierto más?"

3º Fase de negociación
"¿Por qué no? Seguro que quedan entradas para alguno.", y te pones a mirar entradas, vuelos, mentalmente cuadras fechas, transbordos, dinero... Y cuando te topas con un obstáculo, tiras por otro lado, buscas la manera de encontrar otra forma de volver a vivir aquel magnífico último concierto. En esta etapa estamos un poco en plan yonki con el mono: "uno más y ya, sólo uno, ¡uno más!". Pero por más ofertas que busques, el muro es el mismo. Acabas de volver del viaje, no tienes un duro, no te quedan días de vacaciones y el tiempo corre a tu contra, la gira está llegando a su final y si al principio ya estaban agotadas las entradas ¿qué esperas encontrar ahora? La propia realidad es la que te dice "basta, ya has tenido suficiente".

4º Fase de depresión
La realidad te escupe el final. Se acabó la gira, ahora sí que sí, this is the end my friend. Y te deprimes, dejas rienda suelta a la melancolía y el único consuelo lo encuentras hablando con el resto de fans. Estás desanimada y no tienes ganas para nada ni para nadie que no comprenda tu tristeza. Escuchas en bucle el disco que se ha promocionado en la gira, da igual si te gustaba o no, ahora te encanta en cuanto que te recuerda a aquellos gloriosos días dorados. Y es que una vez pasado el tiempo, todos los recuerdos son buenos y bonitos, idílicos. Olvidamos lo malo, nos quedamos lo bueno, que es lo que añoramos y lo que nos produce un desasosiego tal que parece que nos falte el aire.

5º Fase de aceptación
La vida te obliga a seguir adelante, vas adaptándote de nuevo a tu vida y tu rutina, dejas que te animen, sales por ahí, ya te llaman la atención otras cosas que nada tienen que ver con la gira. Y justo entonces piensas "¿qué demonios?". Ya habrá más giras, tan sólo cabe esperar, pero mientras tanto, tu vida no está tan mal como la pintabas. Aceptas que aquel maravilloso concierto tuvo sus momentos buenos y sus momentos malos, y que tuviste la suerte de estar allí para vivirlo (¿cuántas de tus amigas o conocidas ni siquiera fueron?), pero ya forma parte de tu pasado, es otro bonito recuerdo que almacenar en tu memoria.


Imagino que gente no fan o que no conozca a fans todo esto le sonará absurdo y surrealista, que no digo que no lo sea, pero si no lo has visto o vivido es como si no existiera. Pero sí existe, algunas les pasa más grave que a otras, a otras apenas les pasa, pero suceder, sucede. Es puro drama, lo sé, pero luego lo ves con la imposible objetividad que te da el tiempo transcurrido, y dices: "pero qué bien nos lo pasamos".