domingo, 2 de marzo de 2014

Videoclips: Wasteland y Neon Sun

Desde mi punto de vista me resultan indispensables los videoclips como parte de la comercialización de un disco, pero siempre me han gustado más por lo que son, películas con música. Algunos videoclips sólo muestran a la banda, otros son un collage del artista en su últimos conciertos, hay los que cuentan la historia de la canción, los hay que no lo hacen o lo hacen de un modo muy abstracto. A mí siempre me han gustado más los que, independientemente de la letra, cuenten una historia. Más adelante hablaré de otros videoclips que han llamado mi atención pero hoy voy a hablar de dos porque en realidad son como primera y segunda parte, como si de una auténtica película se tratase.

Cuando John Garrison sacó el segundo disco (02) de su nuevo proyecto Satellites, y publicó el siguiente vídeo, pensé que se había vuelto loco del todo.


El disco, ya escuchado previamente, no resultó ser de mis favoritos pero la sorpresa vino cuando eligió Wasteland como single promocional de 02. Una canción con ritmo repetitivo, con la voz más grave que le he escuchado jamás... Para mí debía haber sido Neon Sun pero no suelo acertar en las apuestas por primer single, siempre pierdo. El videoclip sin embargo hizo cambiar mi opinión.

Ese toque geométrico que también encontramos en el artwork del vinilo/CD para empezar el videoclip me parece un buen reclamo, una acertada identificación entre videoclip y disco físico en tienda. La verdad es que hoy en día las portadas tan llamativas no suelen ser muy comunes. Y empieza directamente con el robot, explicando cómo se alimenta, hasta que llega la evolución y con ella, la destrucción del robot.

Será que soy una sentimental pero ver al robot perdiendo su "vida" entre otros iguales pero a la vez peores, supuestamente mejorados (versiones 2.0), era como ver un animal bajo la lluvia pidiendo cobijo y siendo ignorado. Comparaciones aparte con otra de sus canciones (My Morning Sun) donde también expone su disgusto con el mundo moderno y "actualizado", me resulta una crítica acertada aunque algo genérica, y generalizar nunca es bueno, pero también es inevitable.

Y siendo un vídeo tan "geometrizado", me encanta cómo han conseguido darle esa expresividad a un robot dibujado con un par de cubos. Y lo mismo con el resto, con los "actualizados" tirados por el suelo, borrachos, más los detalles de los carteles... Opino que es una manera muy original de plasmar la idea principal. Pero el final no deja de ser un final "trágico", a mí personalmente me deja con muy mal sabor de boca.

Y meses después, buscando la letra de Neon Sun, me topo con un vídeo del mismo estilo:


Mi reacción fue entre incredulidad, sorpresa, y tras verlo, felicidad. En primer lugar incredulidad porque no habían anunciado nada de segundo single ni mucho menos se había mencionado Neon Sun. Sorpresa al encontrar la pista antes de tiempo, lo que viene siendo un megaspoiler, cosa que cada vez me suele pasar más a menudo lo busque o no. Y luego felicidad al final del videoclip.

El videoclip empieza muy del estilo del otro, píxeles al ritmo de la canción, rayos del sol que amanece, y entre tanta línea recta, comienzan a surgir ramas enrevesadas con sus correspondientes frutos que, como no podía ser de otra manera, son cubos. Bien, original es un rato, pero una vez visto el anterior, a éste le falta algo, quizá sentimiento. Pero ¡oh! De un fruto cúbico de aquellos surge una mujer, de diseño muy logrado. Ponte tú a dibujar a una mujer usando sólo triángulos y cubos, ¡JA!

¿Y por qué es la segunda parte? ¿Dónde está el nexo? ¿Por qué me encaaaaaaaaaanta tanto y me hizo feliz el final del videoclip? Eso mejor que lo vea a quien le interese saber cómo acaba.

Sí, cuento todo menos el final, pero como fan que soy de Satellites (aunque a veces no me comporte como tal), de alguna manera tengo que hacer que suban las reproducciones de los vídeos.

En resumen, no son de mis videoclips favoritos pero me parece una manera muy original, tanto la temática de los videoclips y cómo van unidos, así como el vincular visualmente todo de tal manera que crea una marca del artista fácilmente distinguible.

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Neon Sun formará parte de Istedgade, el nuevo EP de Satellites que tiene como fecha de lanzamiento el 7 de abril del 2014, y que incluirá los temas Encore Encore, Spent Venom y A Million Drums.

Canciones tristes

¿Por qué gustan tanto las canciones tristes? Parece que cuanto más deprimentes, más nos gustan. Me percaté de ello al comprobar que mis canciones favoritas son un poco... De tirarse por la ventana. La mayoría de ellas expresan angustia, desilusión, inconformidad y la rabia que da no poder cambiar. Tienen un mensaje casi destructor. Pero sin embargo, las reproduzco con Morty (mi mp3 querido) y me encantan, y las pongo en repetición y las tarareo, y disfruto escuchándolas como una enana, y ya cuando son en directo lo flipo. Ya ves, una cosa tan deprimente me hace feliz. ¿Por qué?

Primero creo que es porque en algún momento todos hemos pasado por algo parecido a lo que dicen esas canciones deprimentes. Todos alguna vez hemos sentido angustia, pena, desazón. A todos nos han roto el corazón, muchas ilusiones y algunos sueños que nunca veremos cumplir. Imagino que en aquel momento nos gustó ese tipo de melodías porque nos sentíamos identificados, y aunque estuviéramos en lo más hondo del pozo, esa canción expresaba con armonía nuestros pensamientos y sentimientos. Era un pañuelo de lágrimas porque aunque no llegaran a calmarnos, era un alivio saber que no sólo nos pasaba a nosotros.

A veces pensamos que los amigos no han pasado por lo mismo (inevitable error) y que la familia no lo comprende (otro craso error), y hayamos el consuelo en esas letras que un desconocido escribió y a las que puso música, haciéndonos creer que pasó por lo mismo que nosotros. Ése es el más monumental de todos los errores, porque los compositores normalmente hacen una canción por una razón y el oyente entiende una cosa o crea una razón totalmente distinta. Es lo que tiene la música, al igual que otras artes: el oyente hace suya la canción sin que el compositor pueda hacer nada por evitarlo.

En segundo lugar, empiezo a creer que nos encantan las canciones deprimentes más estando de buen humor porque estamos felices y contentos, todo lo opuesto a lo que estamos escuchando, y es como echar la vista atrás, ver todo lo malo que hemos vivido y disfrutar del momento en el que todo va bien y estamos conformes y felices. Dice la gente que la felicidad no es eterna, que no existe, que sólo son esos pequeños momentos en los que somos conscientes de que lo somos, momentos que merecen la pena aprovechar.

Con esto no pretendo hacer un estudio sociológico ni descubrir una verdad empírica, no tengo pruebas mas que mi propia experiencia y las (pocas) reflexiones que he oído de otras personas. Puede ser una tontería, pero soy una persona curiosa, más si es un tema como la música de la que creo que nunca me cansaré de aprender, ya sea en el terreno de la teoría musical (he aprendido más escuchando a músicos y mánagers que en el colegio) o de cómo es cada canción, por qué unas gustan más otras, por qué gustan más en un momento y luego ya no tanto, y demás temas que se acercan al plano ¿filosófico?

Da igual, sólo son preguntas curiosas que me surgen sin más. Siempre he sido un bicho raro ;P




viernes, 21 de febrero de 2014

Con-cierto ruido

El pasado verano llegó hasta mí el siguiente artículo y me hizo pensar acerca de las similitudes y diferencias entre los conciertos en España y en Reino Unido. Concretamente en los conciertos que tienen lugar en salas pequeñas. Tras años asistiendo a varias actuaciones en diferentes salas de conciertos, he llegado a la conclusión que la primera diferencia radica en el artista que se sube al escenario. Cada uno tiene sus propios seguidores, e incluso éstos van variando a lo largo de su carrera, y en función del tipo de público, te encuentras con gente más responsable y educada, o bien te topas con todo lo contrario.

Mucha gente dirá que es que no se puede ir a un concierto donde haya demasiadas adolescentes porque son las que peor se comportan. Estoy totalmente de acuerdo con ello, las hormonas adolescentes sacan todo lo malo de ellas, pero no se limita a esa edad. Más de una vez me he topado con mujeres de 30, o incluso 40 y pico, cuyo único desahogo en un concierto es gritar y soltarle barbaridades al pobre cantante, sin importar que ello interrumpa vergonzosamente la charla del artista.

Pero de igual manera que las adolescentes son en su mayoría muy molestas en un concierto, los adultos tampoco se libran. En conciertos normalmente acústicos se suelen oír las conversaciones como si estuvieras en el bar de la esquina, cosa bastante molesta para la gente que va a ver al artista, o incluso para el artista mismo, además de la tremenda falta de respeto hacia él y su trabajo. Nadie obliga a nadie a ir a un concierto, si vas es porque quieres, porque para eso has pagado la entrada. O quizás te la hayan regalado, o hayas sido arrastrado hasta allí, o quizás vayas a regañadientes porque te toque currar en esa actuación, pero ni siquiera en ese caso el cantante tiene la culpa. Demostrar que no te gusta su música charlando con quien te corresponda en la conversación es una gran falta de educación desde mi punto de vista.

También hay lugares en Reino Unido, como cafeterías o pequeños pubs donde tienen dos zonas: una que es la zona bar por decirlo así, y otra la zona de actuaciones en vivo. Está bien montado, de tal manera que si el concierto gratuito de esa tarde/noche no te mola, te vas a la barra y a la zona de mesas a hablar con tus amiguetes. Sería lo lógico en locales habilitados de tal manera, ¿no? Pues resulta que no, e ingleses que pasaban por allí, entran en la zona del concierto, y a la segunda canción ya tiene que mandar silencio el propio cantante. Vergonzoso. Y en cuanto en España, sería una buena idea tener locales dispuestos así, y ya hay alguno como Costello Club en Madrid, pero se repite lo mismo: gente en la zona que no corresponde hablando más alto que el artista cantando.

En el artículo se menciona la idea de cuanto más cara la entrada, menos público ruidoso. No había caído en ello hasta ahora, y es cierto en parte. Por un lado, cuando te cuesta más esfuerzo, económico o trabajoso (como escribir un mail para conciertos por invitación, no por venta de entradas), la gente es más respetuosa. En teatros, auditorios, estadios, donde la entrada suele ser de precio elevado, poco importa que andes hablando con el de al lado, pues la sonorización impide que tu voz se alce entre tantísima gente. Si además el grupo canta rock o algún tipo de música potente, parece que las voces pasan más desapercibidas, incluso en espacios pequeños.



Pero en mi caso, por muy "ruidosos" que sean, si alguien me da conversación en un concierto en un sitio pequeño, seguramente le mire feo. No mentiré, yo he hablado en conciertos, normalmente sobre la actuación (que si se ha equivocado de estrofa, que qué ha dicho, que si han cambiado el ritmo con respecto al disco...), pero si es un concierto acústico, en un sitio pequeño, recurro al móvil para comunicarme con alguien, en plan notitas que te pasabas en clase con tu compañero de pupitre. Pero en vez de pasar un trozo de papel, paso el móvil.

Sin embargo, en los conciertos que he ido a Reino Unido para ver a artistas con miles de seguidores, y cuyas entradas no bajan de 60€, el público permanece en silencio durante la canción, y aplauden y gritan cuando corresponde, y lo más importante para mí, escuchan al artista cuando habla. A mí me gusta eso, más que nada porque me cuesta entender lo que dice, y seguramente sea interesante para mí lo que vaya a anunciar. Algunos artistas prefieren el público español porque no hacen más que gritar y animar sin pausa, pero eso de gritar por gritar no va conmigo.

Pero en el mencionado artículo mezclan dos cosas que desde mi punto de vista nada tienen que ver. Además de la gente que habla sin cesar, están los smartphones y por tanto, las redes sociales. En ese aspecto soy más de la opinión de Guille Mostaza ("están comunicando a otra gente lo que está pasando en la actuación, cosa que suele pasar si lo están disfrutando."). No veo ningún problema en alguien usando su Smartphone, si bien como dice también Don The Tiger: "Hay gente que es especialista en que la vida les pase por delante y ni les roce.". Si vas a ver el concierto en todo momento a través de una pantalla, para eso tienes YouTube, pero tú mismo, tú te estás perdiendo lo mejor de la música en directo, que es el directo en sí.

Pero lo que yo no llego a entender es por qué tanta crítica al uso de los teléfonos alzados en conciertos. ¿Acaso nos hemos olvidado de aquellas pancartas que llevábamos en nuestra adolescencia fan y que impedían ver al de atrás? O las cámaras de fotos, no tan discretas como las actuales, y tan aparatosas que molestabas a los de tu alrededor mientras la sacabas, echabas las fotos y la volvías a guardar. O la típica chica de baja estatura aupada por su amigo el alto, con lo cual tenías ante ti un ser de casi 3 metros que no te dejaba ver ni la sombra del cantante.

Otra cosa son los que van y vienen, y no paran quietos durante el concierto, tomando fotos y notas de lo que observan, bloggeros y periodistas que más de una vez se han topado con alguien a quien no le ha sentado nada bien tanto movimiento y han generado, y volvemos al inicio, un ruido molesto y ajeno al concierto. Bloggeros y periodistas hay como en todo, de muchos tipos. Los hay que piden permiso, los hay que no. Bien por los primeros. Pero una cosa que echo en falta de los conciertos multitudinarios es esos fotógrafos a los que les ceden un pequeño espacio entre escenario y público para poder sacar todas las fotografías que quieran y puedan  moverse con soltura durante sólo los 2 primeros temas. Sí, suelen jorobar a los de la primera fila, pero sólo son unos minutos. No es lo mismo que estar yendo y viniendo durante la hora y media/dos horas que dure la actuación.

Pero oye, que de igual manera que está establecido que en los conciertos de estadios está prohibida la reproducción fotográfica o de vídeo (es decir, prohibidas las cámaras) yo no veo mal que quieran prohibir los móviles. De hecho, si lo que molesta es que publiquen en las redes sociales que están viendo a tal o cual artista, que pongan un inhibidor de frecuencias. Si tan sólo prohíben, me joderá no poder hacer fotos para recordar el concierto, ya sea con cámara o móvil, pero si prohíben algo, que lo hagan de verdad. Es decir, que prohíban las cámaras y no los móviles, o viceversa, no me parece bien, menos si no ponen medios ni órdenes estrictas. Eso de prohibir cámaras profesionales pero no de bolsillo o smartphones que tienen casi mayor resolución que una profesional, no lo veo lógico. De igual manera no veo justo que prohíban coger fotos y luego una vez dentro todo el mundo las haga y los de seguridad no hagan nada para evitarlo. De hecho, de todos los conciertos a los que he ido, sólo hay dos en los que realmente se preocuparon de que nadie hiciera fotos ni vídeos: uno, el de James Blunt en un teatro en Málaga, y otro de Take That en Londres en un estadio.

En resumen, todo se reduce a lo mismo: la cultura y el respeto. De qué vale quejarse de gente que te molesta en un concierto si no les llamas la atención. O si estás más pendiente de dónde publica el de al lado, si en FourSquare o en Twitter, que del concierto. El artista lo podrá hacer mejor o peor, pero se merece cierto respeto, y si no te gusta, ya sabes dónde está la salida.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Rivalidades entre fans

Con motivo del concierto de los BackStreet Boys (BSB) que dieron anoche, me ha dado por pensar en esos odios infundados no entre bandas, eso es otro tema, sino entre las fans de los grupos. Cualquiera que me conozca sabe la tirria que les tengo desde que salieron a la luz, es decir, tras separarse Take That (TT). No me caen bien, algunos de los miembros peor que otros, pero ¿por qué? Yo qué sé. Hace ya tanto tiempo...

Pienso que quizá parte de la culpa de este odio venga por la prensa, siempre comparando, y más cuando coincide en el tiempo el fin de una banda y el resurgir de una nueva. Más si una es de Reino Unido y otra de EE.UU. Si a una adolescente se te ocurre decirle, aún con el dolor de la separación reciente, que los que acaban de llegar son los nuevos [inserte banda disuelta aquí], no esperes que la reacción sea pacífica. Cierto es que algunas se convirtieron fans de los nuevos sin dejar de serlo de los viejos. Olé por ellas, yo no pude.

Pero lo intenté, juro que lo intenté. Y aquí seguramente radica la verdadera causa de tanta manía hacia los BSB: me "quitaron" a mis amigas. La etapa adolescente es bastante dura ya de por sí sola, más si vas viendo que a tus amigas ya no les gusta la misma música, que desemboca en no poder compartir tu pasión. Para más inri, van y pasan a ser fans de la otra banda. La empiezas a escuchar, a conocerla, pero no te termina de convencer, con lo cual terminas siendo una marginada que "no está a la onda". Y como tus amigas son como son, no se callan una y no piensan antes de hablar (¿qué adolescente lo hace?), empiezan las púas, las críticas e insultos sobre los que hacía un año habían sido sus ídolos. Yo tampoco me callaba, y así empezamos un toma y daca de insultos sobre ellos, y al tiempo, la gota que colmó el vaso y rompió nuestra amistad. Drama total volumen I, con portazo incluido.

Cualquiera puede pensar que eso no eran amigas, que las amigas se respetan, pero para mí sí lo fueron porque a pesar de todo ese odio hacia TT, a pesar de lo mucho que les insultaron, a pesar de que nunca olvidaré que desearon la muerte de Robbie Williams por sobredosis, siempre recordaré pequeños detalles, algo tontos, que tuvieron conmigo: varios regalos sobre el grupo, algún recorte de una revista, e incluso un robo en unos grandes almacenes para conseguirme un póster, una de las mejores anécdotas de aquella etapa. Además, cosas de la vida, tras aquello volvimos a hacer las paces y tan amigas hasta que perdimos el contacto al coger distintos caminos.

Ya han pasado muchos años de aquello, pero la espinita sigue ahí. A ellas no les guardo rencor alguno, pero no olvido. En cuanto al odio sobre BSB, es como algo latente, está ahí dentro, escondido, pero surge en cuanto leo alguna entrevista y no estoy nada de acuerdo con lo que dicen. Y vuelve a salir esa adolescente al grito de "Mentirosos! Falsos! Qué falsos sois!". Pero luego pienso en la gente que conozco, personas encantadoras que han resultado ser fans de BSB, y veo lo emocionadas que están cuando se acerca la fecha del concierto, el nerviosismo de preparar todo para ese día, el orgullo que da ver que hablan de ellos en los medios, el subidón de adrenalina cuando tocan su canción favorita, la completa e inmensa felicidad cuando les conocen en persona... Y el odio se disipa, y me alegro que BSB existan porque hacen feliz a gente que me cae bien.

Porque es cuando me doy cuenta que, sin importar la banda, cuando una es fan, los sentimientos son idénticos, a todas nos hacen felices y nos ilusionan las mismas cosas, y es que, en el fondo, todas somos iguales.

domingo, 16 de febrero de 2014

A.M.

Una de las cosas buenas del mundo cibernético es la cantidad de música que tienes al alcance, ya sea para escuchar ese disco que te ha recomendado alguien, para ver qué tal es ese disco cuya portada te ha llamado la atención en el Fnac, o bien, como me suele pasar de vez en cuando, esas redes que parten de los temas que tú eliges y luego te pone automáticamente lo que consideran "del mismo estilo". En este último caso, buenas sorpresas te puedes llevar para bien o para mal. A menudo me sucede lo último, así que lo bueno siempre lo recuerdo. Como el  disco If You Leave, de Daughter, que descubrí por una playlist de YouTube hace unos meses.

Pero el primer artista que me viene a la cabeza, quizá por ser el primero que descubrí de esta manera, es Ana Muñoz. O Apunto Emepunto. O "mi Damien Rice, pero en chica y en español", pero eso lo explicaré más adelante. La cosa fue así: me hice una cuenta en SoundCloud porque había algunos temas de una banda que sólo estaban en esa red. Poco después descubrí que otros grupos que me gustaban también tenían cuenta allí. Y al igual que Facebook en un principio fue para reencontrarse con amigos del colegio/instituto, en SoundCloud volví a reencontrarme tras 5 años con bandas que seguí en MySpace, lo cual me alegró enormemente. Y escuchando un tema de Damien Rice, y saltando a otro (porque el hombre no tiene perfil pero sí muchos seguidores), se me fue la pinza y lo dejé puesto pensando, ingenua de mí, que seguiría la playlist que había de él. Pues no.

Sabía que Rice tenía temas extraños, y que mucha de su discografía no la conocía, pero ya al tercer tema que me chirriaba en el oído, me dio por mirar qué leches estaba escuchando. Un grupo, o cantante, que no conocía de nada. Cara de póquer y como la canción no me gustaba, pasé. Me empezaron a salir artistas españoles, pero ninguno me sonaba hasta que di con Zahara. Había escuchado alguna que otra canción, no estaba mal, así que lo dejé. Empezaron a sonar voces femeninas hasta que di con una canción que hizo "clic" en mi cabeza. Un dúo: ella empezaba con una guitarra acústica, una voz dulce y singular sin duda, y luego la de él, que tras tantas canciones con voz femenina marcaba la diferencia. Dos voces y una guitarra, no más. Apunto Emepunto era el artista. Me metí en el perfil, esperando escucharles a los dos de nuevo, pero no. Era sólo ella, una tal Ana Muñoz de Zaragoza, un nombre tan cotidiano para una voz tan extraordinaria. Me puse a escuchar las cuatro canciones que tenía, y directamente me tumbé en la cama (bless you, smartphones), en repeat los cuatro temas, durante... No sé cuánto tiempo. Sólo sé que cada vez me relajaba más y más, y cada vez Que Me Desamor con ese toque final de caja de música me gustaba más y más. Y pensé en Damien Rice, porque hasta ese día era el único que conseguía relajarme tantísimo. Y que era una pena que sólo fueran cuatro temas, ¡quería más!

Pero las investigaciones no fueron fructíferas. Una cuenta de Twitter vacía (y yo con cara de WTF?), y una web sobre poesía. Y un "Me gustan las manzanas". Pero no había más información sobre su música y esos cuatro temas a los que me había enganchado en esas semanas. Snif...

Pero la casualidad se puso de mi parte. En verano un amigo me vino un día hablando de una tal Ana que iba a tocar en un sitio, La Paca, para presentar un libro de poemas, y me aconsejó ir. Y dos días antes, el mismo que había provocado que entrara al SoundCloud, me comentó que asistiría a esa misma presentación/actuación. Y el sonido de las piezas del puzzle al encajar. Tanto tiempo escuchándola como Apunto Emepunto, que no caí en el "A.M.", es decir, Ana Muñoz, el nombre que había en SoundCloud pero que tan pronto había olvidado.

¿Sería ella? Tendría que serlo, pero como ya me sucedió con Damien Rice, ni sabía cómo era, pero yo me planté allí igualmente. Decían que iba a tocar, así que no podía desperdiciar la oportunidad de escuchar los temas en directo, no fuera a ser que no volviera a tener esa oportunidad, ya que parecía que se dedicaba a la poesía más que a la música. Cantó unos cuantos temas, y sí, era ella, sin duda. Y además tocó la canción que más me gustaba. Pero además de cantar empezó a hablar y descubrí que además de una voz preciosa, tenía un humor de lo más ingenioso.

Y de aquel día lleno de casualidades surgieron más actuaciones, y más casualidades, y más noticias. Y las que quedan que esperaré ansiosa :)


lunes, 25 de noviembre de 2013

Una canción

Una canción puede ser un éxito, un hit, un temazo, temón, etc. Hay canciones para reír, para llorar, para ser feliz, para estar de bajón, para concentrarse, para bailar, para dormir, para no dormir, para enamorar, para odiar, para pensar...

Clock Face es una de "mis" canciones, es el ejemplo más claro de la canción correcta en el momento oportuno. Llegó a mí por azar, un desconocido de una discográfica la repartía a la salida de un concierto en Barcelona. Casi no fui a ese concierto por no tener quién me llevara, pero el destino se puso de mi parte, o más bien mi padre quien debió pensar que ya tenía edad para irme de concierto a otra ciudad.

Aquella época no era mi mejor momento, estaba perdida, me había dado de bruces con la realidad y mis ilusiones de tener un título universitario se habían evaporado con amargor, primero con el periodismo que no pude estudiar y luego con Filología del que estudié un par de años. Pero ése era "mi plan": estudiar y luego marcharme de Alicante. Y no había plan b, ya no sabía qué hacer con mi vida.


Aquel concierto de un grupo que empezaba, Keane, fue ya de por sí distinto. Conocer a los mismísimos cantantes era un privilegio para unos pocos en aquel entonces. Que yo fuera sola al concierto era otra nueva cosa a vivir. Muchas experiencias nuevas y gratificantes en una misma noche. Y con mi sonrisa de idiota-postconcierto alguien con una camiseta donde se leía "Sinnamon Records" me paró y me dio un single, en cuya portada se podía ver un molino y un campo a contraluz. Se llamaban Budapest. Jamás había oído hablar de ellos. Mi padre me recogió según lo acordado, y al montarnos en el coche, lo primero que hice fue poner el cd. Empezaba suave pero luego adquiría tal ritmo que me cautivó. Y atravesar Barcelona de noche, desierta a aquellas horas, con esa banda sonora de fondo, es uno de los mejores recuerdos que tengo.

Lo poco que entendí de la letra aquella misma noche me caló, era imposible no identificarme con lineas como “if I don't know then who else will” o “please be a phase that's all”. Más tarde, el propio cantante explicó el mensaje de la canción: trata sobre lo que nos está establecido por la sociedad, la moral o lo que sea. Todo el mundo tiene la idea implantada de que lo que hay que hacer en la vida al llegar a cierta edad es estudiar para tener un buen trabajo, casarse, tener familia, (“if I don't hear then I'll assume that everybody's singing the same old tune”) y el conflicto, las dudas, la presión que supone cuando tus deseos son otros (“is it the time to draw a line?”/“it doesn't feel natural feels too slow”/“it feels so wrong the pressure's on, I can't ignore it any longer”). La canción trata de negarse en rotundo a seguir el plan establecido (“I spike myself, I kick and scream”/“I will not learn the words”), a hacer lo que uno crea conveniente con su propio tiempo de vida (“I turn my clock to face against the wall”).

La canción no cambió mi vida, pero me ayudó a verla desde otra perspectiva. Si la Universidad y el plan no habían salido bien, es que no eran para mí. Al tiempo de empezar a convertirme en una seguidora de Budapest, dejé la universidad mientras seguía trabajando de niñera, ahorrando dinero básicamente para música, en concreto, para posibles conciertos de Budapest, aunque luego me lo gasté casi todo en "mi primera" gira. Mi cantante favorito de la adolescencia iba a pasar por mi país después de 9 años con sólo dos fechas, y no me lo pensé. Me iba a Barcelona y luego a Madrid. Mi primer viaje por mi cuenta, y con escala. Acojonada se quedaba corto, pero las ganas de cumplir mi sueño y el saber que esa oportunidad no volvería podían con todo. Fue un viaje que jamás olvidaré, por la gente que conocí, lo mucho que pude aprender a desenvolverme y en el que me di cuenta de cómo un simple concierto me hacía tan sumamente feliz.

Pero para seguir yendo a conciertos y viajar necesitaba dinero, más de lo que ganaba, así que necesitaba tener algunos estudios para conseguir un trabajo estable, y siguiendo el consejo de mi madre me metí a estudiar un ciclo de formación profesional de Secretariado Internacional. Tenía dos idiomas, informática y era corto. Perfecto. Parecía que las cosas se iban aclarando, no sabía a qué dedicarme pero quería ir a conciertos, y así lo conseguí.

Un par de años después ya había estado en Barcelona, Madrid, Málaga, Zurich, Manchester y Londres en varias ocasiones, y todo por conciertos. Y todo comenzó por aquella canción que me dio fuerzas a seguir intentando buscar mi camino. No sé si será el correcto, pero me gusta y soy feliz así. Porque un concierto no es sólo ver a alguien cantando y bailando, es la gente que conoces, fijarte en cómo está organizado el espectáculo, las diferentes salas o estadios y la diferencia de sonido entre ellas, las charlas con las bandas, la gente entregándose a la música como si no hubiera mañana, los comentarios e intercambios de opiniones sobre lo bien o lo mal que ha estado... Cada concierto es un mundo, una experiencia única e irrepetible.

Ahora cada vez que escucho Clock Face me hace pensar en lo lejos que he llegado, en los sueños que he cumplido, y que por muy perdidos que estemos, siempre hay que hacer cosas que nos hagan felices, fuera de clasicismos e ideas preconcebidas.

....only my expectant eyes looking for diamonds in the sky, the only one looking for this prize....

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Listos que no saben distinguir entre groupie y fan

Hoy me ha cabreado mucho, muchísimo, como suele suceder cada vez que lo veo, algunos comentarios en tono despectivo hacia las fans vía Twitter. Me importa un carajo que nos tachen de histéricas, infantiles, etc. Pero que digan que somos groupies por ahí NO paso.

Cada cual es como es, y por mi propia experiencia, como fan que soy y habiendo conocido a un montón de fans, puedo decir que no todas las fans son iguales. Tampoco hay dos personas iguales. Que generalicen con esto no me importa, es más, lo veo totalmente normal: siempre se hacen notar más las histéricas y el pato lo pagan las que son más tranquilas. Pero que usen y hablen de fans con el nombre de "groupie" me parece de lo más... ¿Estúpido? ¿Ignorante? ¿Imbécil? Y lo peor no es que se lo oiga a otras fans, lo peor es que cada vez lo leo más por las redes sociales de perfiles de profesionales de la música: desde bloggers hasta periodistas ¡e incluso músicos! Podrán tocar la guitarra de puta madre (olé por ellos, envidian me dan), podrán distinguir un buen disco de uno malo (me parece bien, para eso les pagan -a algunos-), podrán saber quién va a estar en el candelero y quién se va a ostiar en el mundillo... Pero decir que las fans somos groupies es símbolo de su ignorancia, y pone de manifiesto, una vez más, cuánto desprecio hay hacia las fans.

Porque groupie, señores, no es lo mismo que fan. Ya escribí sobre los orígenes de las groupies, y mi opinión y preferencia al usar ese término.

Las groupies se rigen por las modas, el famoseo y por el simple hecho de si eres músico o no. Tiran los tejos a diestro y siniestro, sin cortarse un pelo y si además les siguen el juego y encima les invitan a todo, mejor que mejor. Rara vez se compran un disco, en todo caso se lo compran cuando es un súperventas para luego tenerlo olvidado en una estantería. Ésas, señores, ÉSAS son las groupies. Las fans son las que, independientemente de si su artista favorito esté de moda o no, de si el disco sea una bazofia o sea el mejor de su carrera, las fans lo compran. Sí o sí. No se rigen por modas, no pugnan por acostarse con el cantante... Podrán tener infinidaaaaaaad de fantasías sexuales con sus cantantes favoritos, pero a la hora de tenerlo delante no se lanzan a su cuello como hacen las groupies. Si es una fan de las histéricas, se abrazará a él como mucho, pero otras se quedarán como estatuas de hielo, y otras actuarán con total normalidad e incluso entablan una conversación como adultos. Y todas son fans por igual. Pero ninguna se irá a la cama con él.

Pero veámoslo desde el punto comercial, que a fin y al cabo, la pela es la pela, y es lo que cuenta hoy en día. El dinero en muchos casos es lo que hace que un grupo siga o no adelante. Hasta ahí de acuerdo, ¿no? Señores, ¿no se han dado cuenta de que una fan es una fuente constante de dinero para los músicos? Una fan comprará todos los discos, e incluso más de una y de dos copias, irá a todos los conciertos, y arrastrará consigo a todo ser que pueda convencer, comprará merchandising hasta para su abuela, se gastará MILLONADAS a lo largo de su vida por un artista que nunca la recordará. ¿Por qué no quieren verlo desde ese punto?

Me gustaría pensar que, de esa manera, se respetaría un poco más al mundo fan. Pero siempre es más fácil despreciar y poner verde a alguien en lugar de investigar, aprender y conocer. Y luego se lamentarán de que la música en este país esté como esté. Así no se va a solucionar nada.



Como consejo: si te cruzas con una panda de histéricas, no dejes que agoten tu paciencia y al final acabes poniéndote a su nivel montándoles el pollo como si fueras su progenitor, pero haz que se calmen con buen rollo. Ponte en su lugar. Tampoco es tan difícil. ;)