sábado, 4 de mayo de 2013

La vuelta de Mark Owen en solitario

Quien me conozca, seguramente estará diciendo "ya estabas tardando en hablar de él". Pues sí, es inevitable. Es lo que tiene ser fan del mismo cantante durante 17 años (17 años, se dice pronto). Después de tantos años, hasta mi madre dice que es uno más de la familia.

Pues bien, el motivo para hablar hoy de él es que por fin se ha dignado a retomar su carrera en solitario (¡bien!). ¿Y por qué me alegro tanto? Sencillo. Seré muy fan de Take That por muy prefabricados que sean, y los adoro aunque a veces los mataría, pero Mark en solitario... Es otro mundo. Y a partir de ahora todos  los datos que voy a decir los digo tirando de memoria, así que si hay errata, es de agradecer que se me diga.

Cuando me hice fan de Take That ya estando separados seguí a tres de sus miembros en sus carreras en solitario (a saber: Mark Owen, Robbie Williams y Gary Barlow), sin perder la esperanza de que antes o después volverían a reunirse como banda. Mientras que Robbie tiró por una rama más rockera y Gary se mantuvo en lo melódico que provenía de Take That, Mark sorprendió a todo el mundo, dejándose greñas y pasando de niño bueno y tierno a sonriente hippie-grunge. Y la música... Rara. Para las adolescentes que éramos en aquel 1996 todo lo que hicieran nos parecía perfecto, pero ahora mirando hacia atrás, es cuando sé que Green Man, su primer disco, era raro de narices. Era una fumada muy grande; Green Man sin ir más lejos, el título ya lo dice todo, o Are You With Me, que leyendo la letra y con eso del campo de amapolas puedes encontrar mucha ambigüedad en la traducción. Sin embargo aún hoy algunas canciones las salvo de la hoguera, tales como Clementine, Ask him to, o I am what I am (la que salió como single, que nada tiene que ver con la versión del álbum). El disco tuvo su bombazo, siendo número 1 en España y en no sé cuántos países más. Pero la burbuja pronto explotó y a Mark se lo tragó la tierra.

Mis esperanzas de volver a ver a Take That juntos iban disminuyendo conforme pasaban los años, y allá por el 2003, un día sonó en la radio Four Minute Warning, decían que era de Mark Owen. Recuerdo el no pestañear, no creer lo que la locutora decía, y el quedarme de piedra al reconocer su voz. Por aquel entonces ya había empezado a moverme por el mundo de Internet, así que después de grabar la canción en cassette como solía hacer en el 96, me fui al cybercafé a investigar, y encontré que Mark había resultado ganador en una especie de Gran Hermano de famosos en Inglaterra. Él seguía vistiendo con ropas algo hippies pero con mejor pelo y esa sonrisa que cualquier markiana reconoceríamos entre un millón. Los años en el anonimato le habían sentado de lujo. Y así fue cómo me enteré de que la discográfica del Green Man le había echado, y que para poder promocionarse para un segundo disco que tenía en mente, se había metido en ese programa. Sí, bueno... El dinero iba para una causa benéfica, y oficialmente para eso había decidido entrar en la casa del Celebrity Big Brother. Pero para mí la razón fue la primera. Cuando salió de la casa, al poco publicó In Your Own Time, donde retomaba esa vena pop de las que solían sonar tanto en las radios de aquel entonces. Era un disco muy comercial, ni por asomo se parecía al primero, que era tan trascendental y místico. El segundo exprimía lo romántico (el tema por excelencia, Alone Without You, pero también destacaría Close To The Edge o If You Weren't Leaving Me) y en inferior cantidad temas más autobiográficos, como Pieces Of Heaven, balada deprimente donde las haya pero con el mensaje de que no hay que rendirse por muy mal que vayan las cosas.

Por suerte, no sólo lo cantaba sino que también se lo aplicaba. Le echaron de esa segunda discográfica por las pocas ventas del disco. ¿Qué esperaban, si la promoción había sido escasa, casi nula? Sí, bueno, el tour por las salas indies del momento en Inglaterra estuvo bien, pero no puedes vender un concierto si no vendes previamente el álbum. Bueno, puntualizo: no lo vendes si no eres ya previamente archiconocido y tienes un grupo de millones de fans detrás que sabes que, independientemente de cómo suene el disco, comprarán la entrada al concierto. El tema es que mucha gente, muchísima, se enteró del disco y de la gira a toro pasado, y por el boca a boca. En aquel entonces la mayoría de la gente no disponía de ordenadores en sus casas y el único sitio por donde te podías enterar de algo era en el foro de la web oficial. Pero si no actualizan la web, la gente no entra al foro. Tan simple como eso. Es decir, desde mi punto de vista, tuvieron delante de las narices una fuente de ingresos no de la ostia pero sí buena, y no le supieron sacar provecho.

Así que, fastidiado de que su segundo contrato no saliera según lo esperado, se lió la manta a la cabeza y a finales del 2004 creó su propio sello discográfico, Sedna Records, con el que autoeditó su tercer album, How The Mighty Fall, y para mi humilde opinión, uno de los mejores discos que he escuchado en la vida. Temas como They Do, el rockero Wasting Away o el contagioso I Believe In The Boogie hacen que merezca la pena. Al año siguiente, con la web ya actualizada y mayor actividad en el foro que seguía siendo fuente de información constante, se dedicó a promocionarlo por las radios inglesas y alemanas, para más tarde dar una gira europea que lo traería a España. Como suele pasar, de lo de España nos enteramos cuatro gatos, pero al menos las fans aportamos nuestro granito de arena comprando el single en cantidades inimaginables para que subiera las ventas en nuestro país. Yo aún guardo como unos cinco singles, más o menos. Y cuando pisó por segunda vez España en solitario (desde el 96 no había vuelto), las entradas para verle en la Moby Dick de Madrid se agotaron, en parte porque decidieron reducir el aforo.

Pero tan pronto terminó el tour, en diciembre de 2005 saltó la noticia: Take That volvían a reunirse. Así que la carrera en solitario de Mark había terminado. Recuerdo el rebote que cogí, no era justo, en ese momento cuando parecía que iba a remontar, que la crítica incluso empezaba a fijarse en él en el buen sentido, que la gira había conseguido a traer más gente de fuera del fenómeno Take That, ahora iba y decía que se iba a reunir con la banda. A tomar por saco todo. Pero bueno, como ciertas cosas en las mejores familias, se le termina "perdonando". Y es que es difícil cabrearte por mucho tiempo con un cantante si sigue haciendo música que te gusta. No digo que no me gustara lo que vino después, todos los viajes y aventuras con los tours de Take That son inolvidables e inmejorables, pero como aquel 2005 entre Mark, Keane y Budapest, entre Alicante, Madrid y Barcelona, no he vivido nada igual.

Y ahora, ocho años después, vuelve a retomar su carrera en solitario mientras Take That está de descanso. No sé qué cable se le habrá cruzado pero ha decidido que era el momento y lo ha hecho. Él es así. Supongo que ahora que Take That vuelven a ser famosos, puede tener mayor éxito en solitario, y además, como suelo bromear con algunas thatters, querrá cambiar los azulejos del baño y no le llegará la pasta. La verdad es que me gustaría pensar que todo lo que se organizó el año pasado por su 40 cumpleaños (subasta benéfica incluida) ha tenido algo que ver para que se diera cuenta de que las boogiebelievers seguíamos esperando que volviera a tocar en salas pequeñas y él solo con sus chicos de siempre.

La pregunta es: ¿cuajará esta vez? El single, Stars, la verdad es que no suena mal, pero a mí no me termina de convencer. El disco sale en junio, aunque ya hay por ahí una preview y me convence bastante más, aunque ahora el estilo es quizá demasiado electrónico para mi gusto, a ratos me suena tanto al Progress de Take That que no sé qué esperar. Ya haré una crítica en condiciones cuando me llegue el CD, porque sí, ya lo he reservado, y sí, me estoy pensando en ir a verle a Reino Unido, aunque me asombre y me indigne que quiera vender las entradas antes que el disco. Cosas de fans, ni yo misma me entiendo.

Fanologista - parte 2: las groupies y las bands aid

Fanologista es un término que me inventé hace ya algunos años. Desde el 2005 fui más consciente de palabras como "fandom", "fénomeno fan", groupies, stalkers, etc. Y me pareció interesante la idea de crear una entrada del blog que por aquel entonces usaba (MySpace) donde hablara de los tipos y "especies" que me había encontrado a lo largo de aquellos conciertos y viajes, desde España hasta Suiza pasando por Reino Unido, of course. Es curioso cuánta especie de fan hay por ahí suelta.

Aún hoy en día me asombra las semejanzas y diferencias que hay entre fans. Ahora mismo están de moda las Directioners y las Believers (fans de One Direction y Justin Bieber), pero no dejo de ver lo mucho que se parecen a algunas takies (fans de Take That. En inglés, thatters) que conocí hace casi 18 años. Así que cuando hablan de enfrentamientos entre directioners, believers y takies, simplemente me parto de la risa (pero declaro que aún sigo manteniendo cierto odio contra los Back Street Boys de cuando tenía doce años ¬¬ ).

En esa primera entrada, tirando de varias fuentes, describí lo que para mí era una fan, una teen-fan (o fanteen como dicen ahora, qué más da), stalkers y supporters (otro término, co-inventado con una amiga, Raquel). Traduje la entrada (en MySpace sólo escribo en inglés) y la trasladé a mi otro blog, el genérico:




Años más tarde, releyendo ese mismo texto, fue como surgió la idea de crear este blog exponiendo mis puntos de vista y mis experiencias como fan y observadora de otras fans y de gente que rodea a los músicos en general.

Pero al grano. Hoy, tras dar por perdidos todos mis apuntes y documentación que había encontrado, empecé de nuevo desde cero, y por fin terminaré de exponer las diferencias entre fans, groupies y band aids, términos que a mi parecer no deben confundirse bajo ningún concepto.

Podría decirse que son tribus urbanas, pero como sucede con las mismas, puedes pertenecer a varias de ellas al mismo tiempo. Básicamente, la diferencia reside en la distancia entre el que hace la música y el que la escucha. Como ya dije, una fan se caracteriza más por las actividades y las relaciones con otras fans que por tener una relación cercana al grupo o cantante (para ello están las groupies y las band aids). Cierto es que las actividades de las fans en algunos casos conllevan a ayudarles, pero la recompensa suele ser más para las propias fans que hacia el artista, el cual ni llega a saber de esas ayudas "no oficiales".

Hoy en día la mayoría de gente confunde el término "fan" con "groupie", y ya por ir a un par de conciertos de la misma banda te llaman groupie. Pues no. Nada tiene que ver. Cierto es que no descarto la posibilidad que las groupies nacieron de las fans, o viceversa, pues hasta donde he conseguido averiguar, la idea de "groupie" surge en los 60, época en la que también surgió el "fenómeno fan". Incluso dentro del término, yo diferencio varias clases de groupie a lo largo de la historia.


Pamela Des Barres
Para empezar tenemos a las primeras groupies, aquellas que surgieron entre lo 60-70, y las que a mi parecer tienen el signifcado de una verdadera groupie puesto que son el origen. Se caracterizaban por ser adolescentes que acompañaban a los músicos, incluso en los 70 surgieron las denominadas baby groupies, pues rondaban entre los 12 y 17 años de edad. Y por acompañar me refiero a que convivían con ellos mientras iban de gira, les facilitaban los que ellos pidieran ya fuera drogas, sexo o una niñera para los hijos del artista. A veces eran incluso musas, hay numerosas canciones compuestas para y por ellas. Iban cambiando de banda o cantante según les rotara o cuando veían que el cantante perdía interés en ella y se fijaba en otra. Simplemente cambiaban de grupo y arreglado, todo de buen rollo. De esa forma ellas consiguieron tener su propia popularidad, independiente de con quién durmieran. Además, a pesar de en su gran mayoría ser consumidoras de estupefacientes, tenían las ideas muy claras de cuál era su papel, sabían cuando tenían que desaparecer para dejar paso a nuevas groupies, lo tenían asumido como una evolución y lo veían lógico y normal. 


Sid Vicious y Nancy Spungen
Entre mediados de los 70 y principios de los 80 surgen otro tipo de groupies, perdiendo esa característica entre mística y personal assistant, convirtiéndose en sólo la amante o incluso a veces esposa del artista. En esta época también coqueteaban con las drogas, pero de manera menos sutil ya que las drogas que consumían eran más duras, y además eran también muy dadas a beber. De cierta manera todo se volvió más salvaje, tenían una personalidad más directa e hiriente, y preferían no compararse con sus antecesoras y por supuesto, que no las confundieran con simples fans. Ellas estaban muy por encima de eso. Además, les encantaba jactarse de sus "conquistas".


Y así fue como la cosa degeneró en las groupies de los 90, chicas ya no tan jóvenes sino de edad más acorde al artista, con carrera a medio hacer como actrices o modelos, cuyo único objetivo es estar en las mejores fiestas, acostarse con todo famoso que se preste y por supuesto, que él lo pague todo. Y si además, eso les ayuda con sus objetivos profesionales, mejor que mejor. Intentan en vano convencer que han vuelto a los orígenes de las groupies de los 70, que hay algo más allá del sexo, pero cuando sus relaciones no duran más allá de una noche, la excusa pierde credibilidad.


Pero no se puede generalizar del todo, hay groupies que van con el grupo por fama, pero también las he visto que les acompañan porque las fiestas son geniales y las bebidas y drogas son gratis, y otras realmente van con ellos porque empezaron como fan, pasando por ser la groupie detrás del escenario y hoy en día es feliz esposa que le acompaña en todas las giras. Esposas listas donde las haya.



Y bueno, al comienzo de la entrada he mencionado a las bands aids, de las que es muy difícil encontrar información, y toda la que encuentras proviene de la película Almost Famous/Casi Famosos (foto de la derecha). En la película se entremezcla el término de groupie de los 60 que ya he explicado con el de band aid, pero en su momento no me convenció y hoy en día menos. Band aid, aparte de tirita en inglés, literalmente significa "ayuda de la banda", y tomando esa traducción se puede aplicar a un grupo de personas que suelen tener una relación estrecha con el artista, pero centrado en lo profesional sin dejar de lado el colegueo.


A las bands aids les gusta la música en general, y sus estudios y su vida profesional suelen estar encaminadas a la industria musical (periodistas, encargadas de redes sociales, otros músicos...). Cuando les gusta un grupo o cantante aprovechan y tiran de su experiencia y sus contactos para promocionarles por su cuenta, sin necesidad de que por ello las band aids obtengan una recompensa económica.

Anteriormente he mencionado que algunas fans se mueven en grupos para también promocionar al grupo, pero hago hincapié  la diferencia reside en la profesionalidad y en la relación con el artista. Las fans pueden ser muchas, y hacer mucho ruido, pero una band aid sabe a qué contacto hablarle del último grupo que le gusta, y sabe de qué hilo tirar para conseguir que la banda adquiera mayor popularidad. Y como es algo que interesa también a los artistas, mantienen un contacto constante con este tipo de personas. Los grupos adquieren publicidad gratis, y las band aids adquieren las ventajas de ser colega de las bandas (entradas gratis, pases VIP, etc.). Todos salen ganando.


jueves, 2 de mayo de 2013

Reikiavik


De izq. a dcha.: Javi (voces), Miguel (guitarra), Raúl (guitarra), Ernesto (batería)  e Isma (bajo)


Reikiavik es un grupo de Madrid que, como aquel quien dice, "están empezando". Afirmación que comparto en cierta medida, no del todo, pero de eso ya hablaré más tarde. Por otro lado, no soy de poner etiquetas, pero si tuviera que describrir su música, diría que se acercan más al rock que al pop, aunque constantemente están probando y lo mismo te saltan con una canción romanticona que con una electrónica y oscura.

Pero empecemos por el principio. Conocí a Reikiavik hace dos años, en el 2011, por uno de esos anuncios que salen en la parte derecha del Facebook. "Influencias de Oasis... Indie brit rock...", o algo así decía. "Y yo que me lo creo", pensé para mí misma. Oasis nunca han sido santo de mi devoción, no tengo ninguno de sus discos y podría decirse que ni siquiera he escuchado todas sus canciones, pero las pocas canciones que me gustan de ellos, no me gustan, me encantan. Además, los considero una parte importante de la historia musical de los noventa pues desde mi punto de vista hay un antes y un después de ellos. Y por eso mismo, y por la curiosidad y el hambre de música nueva, me metí en su página y escuché las pocas canciones que mostraba. Reconozco que tengo (o tenía hasta hace unos años, poco antes de conocer a Reikiavik) ciertos prejuicios contra la música cantada en castellano, pero cuando todo lo que escuchas en ese idioma es una bazofia, se tiende a generalizar. Por suerte para mí, les di una oportunidad y me decidí a escucharlos. Lo que en aquel momento se me estaba pasando por la cabeza era "¿cómo pueden osar compararse a Oasis? Y encima, a saber por esos títulos, cantan en español". La cosa no pintaba bien.


Las canciones que mostraban eran la primera demo. Creo recordar que la primera que escuché fue Cristal, una canción con ritmo constante y letra extraña. Seré sincera, en ese momento no me gustó nada de nada. Luego estaban Satélites, canción con la que es fácil identificarse, Partículas De Mí que ya me convenció un poco más en la parte del estribillo que cambia el ritmo, y Luna, que llamó mi atención por la historia que la letra contaba, y frases como "el final de tu vida no está escrito en ningún guión" o la imagen de "Luna no ríe, Luna ya no baila y queda una melodía ahora desgastada" encendieron una chispa de creatividad en mi mente, dándome múltiples ideas para posibles relatos y algunos montajes de vídeos. "Ché, pues no suenan mal, me molan...".

Pero entre esas primeras canciones, la que me enganchó y me dejó con ojos y boca bien abiertos fue Primavera Del 90. De una primera oída ya me cautivó completamente, en gran parte por ese toque nostálgico mezclado con la energía de las guitarras. Y luego, lo que me gusta de mis canciones favoritas, el rasgo común entre ellas, el subidón del final, de esos que notas cómo va subiendo y en el último estribillo el cantante aumenta el volumen de su voz para ponerle más empeño y pasión. Han pasado ya dos años y, a pesar de todo, es una canción que me anima, me ayuda a reiniciar y a coger fuerzas para seguir adelante.



Al poco de aficionarme a a su música, supe que ese verano darían un concierto en un local, y entre lo barato de la entrada, que regalaban CD's y las ganas de comprobar cómo sonaban en directo, allí nos plantamos mi partenaire y yo. El lugar era un pub normal, me recordaba mucho a los de El Barrio, en Alicante: pequeño, más parecido a un piso de protección oficial que a un pub, con poca luz y la música sonando bastante alta. Cogimos nuestra consumición incluida en la entrada y nos colocamos a la derecha del escenario (extrañas costumbres/manías que tengo sin darme cuenta). Ahora mismo no recuerdo si alguien más tocó aquella noche, ni qué canciones tocaron y cuáles no (soy malísima para recordar los setlists), sólo me acuerdo de que empezaron con Cristal. Sí que recuerdo que quedé impresionada, y mucho, primero por la diferencia de cómo sonaban las canciones en directo, muchísimo mejor, con mayor fuerza, y en concreto Cristal en vivo para mí no tenía nada que ver con la demo. Y en segundo lugar, en plan anécdota, porque cuando empiezas a escuchar a una banda, te "inventas" el aspecto que tendrán, y mi intuición acertó en todos menos en uno, en el cantante, que no me imaginaba para nada que tuviera ese aspecto o estilo entre grunge y rockero de los 80. Después del concierto se dedicaron a repartir CD's de la demo, que hoy guardo como oro en paño ya que es el único donde está Primavera del 90.

Después de aquel día empecé a prestarles atención por el Facebook, comprobando que no sólo eran apariencia y cuatro canciones sin más, sino que no paraban quietos un segundo: cuando no estaban organizando el próximo evento, promocionaban sus canciones, componían nuevas... Y así fue como fui a más conciertos, escuchando bandas nuevas para mí, conociendo no sólo de oídas más sitios de la noche madrileña, y ante todo corroborando que lo de aquella noche de junio no era casualidad y que Reikiavik no sólo mejoraban muchísimo en directo, sino también en el tiempo, comprobando que cada vez tenían mejores cosas que ofrecer y que cada vez sonaban mejor.

De hecho, después de esa primera demo, en el 2012 sacaron el EP Instantes (como siempre, gratuito y hecho por ellos mismos), donde yo me quedo con Habitación de Juegos, una canción de las lentas pero con ritmo, y por supuesto, el temazo que para mí les puede dar ese pequeño empujón para hacerse notar, porque no he oído nada igual. Salto Mortal. Guitarras por doquier, una de ellas con el ritmillo que se te mete dentro de la cabeza, contagioso a más no poder, al igual que la letra, sencilla, directa, un estribillo fácil de recordar. Son de esas canciones con las que es imposible no moverse. Y en busca de opiniones más objetivas, he ido pasando la canción a gente que no les conoce de nada, y a todo el mundo le ha gustado. De hecho, una conversación que empezó con "¿de quién son todos esos conciertos a los que vas?" pasó por un "me recuerdan a The Smiths." o "¿Qué guitarras usan?" y acabó en un comentario que nunca olvidaré, más que nada porque no me lo esperaba: "Están bien, la suerte/desgracia es que les hace falta un Alan Parsons que les dé un toquecito comercial a sus canciones. Pero la frescura que tienen es muy buena". Yo ahí lo dejo, por mi parte puedo decir que no he escuchado mucho a Alan Parsons, y que las comparaciones son odiosas, pero a veces inevitables.

Pero parece ser que la suerte de momento les roza pero no les toca. Pero ellos siguen trabajando, grabando nuevos temas, participando en concursos... Currándoselo como no se lo he visto currar a otros que están en el estrellato. Y además, prueban con estilos nuevos. Ahora por ejemplo se han puesto algo más sentimentales y tienen temas como "Aquellas Calles" o "Acróbata" de los que te hacen suspirar. Eso sí, experimentar pero sin perder esos rasgos que tanto les caracterizan. Y para seguir subiendo, se han decidido a lanzar su primer LP, pero esta vez necesitan financiación externa así que han hecho un crowdfunding que están a punto de conseguir.



Como decía al principio, Reikiavik para mí no acaban de empezar, llevan casi tres años como banda, más todos los años anteriores en los que pertenecieron a otros grupos, y la experiencia es un grado como se suele decir. Puede ser una opinión cargada de subjetividad, y no me canso de decirlo, pero yo pienso que estos chicos prometen, y creo firmemente que en algún momento, ojalá que pronto, se les reconozca sus ganas y su trabajo. La verdad es que en estos dos años se han convertido en una de mis bandas favoritas, y al igual que mis otros cantantes favoritos, me da rabia pensar en que un material de tal calidad se quede en el tintero. Tan sólo hace falta "un punto de suerte", como dice el propio Javi.


El por qué de este blog


Hoy me ha dado por pensar e intentar recordar por qué empecé este blog, y de hecho he comprobado que no hice ninguna introducción cuando lo abrí en el 2011, directamente empecé a hablar del momento en que me convertí en fan. Pero creo que todo comenzó al escribir aquella entrada de "Fanologist" en mi blog de MySpace, allá por el... ¿2008? Una entrada a medio acabar y que pronto, o al menos eso espero, terminaré. De momento la tengo bastante avanzada, en borradores, pero en fin...

La verdad es que el blog de MySpace fue el primer blog que me tomé medio en serio, supongo que en parte porque era más abierto y, por tanto, menos anónimo. Además MySpace fue la primera red en acercar los mundos del cantante y del público. Y como red social de música que era, lo que escribí, era todo música. Y lo de medio en serio, yo nunca me tomo un blog/red social/foro muy en serio, quiera o no, en el sentido de que antes o después termino dedicándome a otra cosa, va por rachas como se suele decir. Siempre vuelvo, pero lo mismo tardo en escribir en los blogs semanas o meses, o incluso años.

Aún hoy se puede acceder a algunas entradas de aquel primer blog sin necesidad de logearse. Pero si tienes cuenta de MySpace se ven todas (casi 25, wow!). Lo que no se salvaron fueron los comentarios cuando cambiaron el formato de la web, lo cual fastidia mucho sobre todo cuando escribes una reseña de un disco y el propio cantante te comenta. En ese momento hubiera arrancado la cabeza a Tom, creador y por aquel entonces aún director de MySpace, a mordiscos.

Sé que en algún momento volveré a abandonar este blog, pero de momento, y mientras dure la inspiración y las ganas, lo mantengo. He estado leyendo muchos blogs musicales últimamente, algunos muy buenos, pero no es lo que busco para éste. Es sólo pura diversión. Un sitio donde poner mis experiencias, locuras, aventuras y desventuras como fan. Un lugar donde poner a caldo al cantante de turno cuando haga algo que me saque de mis casillas. Un hueco donde poder expresar mi punto de vista y mis opiniones, un punto de vista totalmente alejado del modo músico-profesional. Porque no soy profesional. Ni pretendo serlo, ni ya quiero serlo, una se hace mayor para esas cosas y llegué un poco tarde. Si hubiera nacido como unos seis años más tarde (y con mayor autoconfianza), quizás otro gallo cantaría, nunca mejor dicho.

No espero que este blog llegue a mucha gente, probablemente llegará a mi gente cuando les apetezca leer parrafadas que escribo cuando me da la vena, pero quería poner por escrito las causas de por qué un blog así, en plan "AVISO: cualquier opinión aquí expresada es sincera, personal y totalmente subjetiva." Significando ello que lo que a mí me gustaría es que el resto de gente compartiera de igual manera sus puntos de vista, ya sean afines o no a los míos. Mucho se luchó por la libertad de expresión, hay que aprovecharla pero eso sí, sin faltar al respeto. Hay maneras de decir las cosas, y maneras.

miércoles, 10 de abril de 2013

Día de concierto - 2


 Queda una hora para la apertura de puertas.


Gente en pie, carcajadas de puro nervio, empujones cada vez menos sutiles. Empiezan a formarse cadenas humanas en plan barrera contra las que quieren adelantar. Te aferras entre dos amigas de tu grupo y os intercambiáis miradas alentadoras que os valentonen contra lo que se avecina.

Si ya habéis estado en un concierto de este estilo, ya sabéis a qué me refiero. Se abrirán las puertas, seguratas dando voces y bloqueando el paso, intentando imponerse en vano. Detrás tuya el gentío empujando como si hubiera un incendio, mientras intentas no perder el equilibrio por los escalones ni perder de vista a tu grupo. Como la integridad de una es lo primero, te fijas en los escalones y para cuando llegas a la pista, tus amigas se han evaporado. Tan sólo vez a gente corriendo, y tú corriendo con ellos. Esquivando a los de seguridad como si fuera un partido de rugby, te aceleras al ver a tu amiga gritando tu nombre (grito desgarrador donde los haya), aferrada a una valla, saludándote con una mano sin quitar ojo al de al lado no vaya a ser que se aproveche. Corres junto a ella, pasáis lista, lamentáis las bajas en vuestro grupo, pero a veces hay que perder para ganar. Intentáis localizarlas, os alegráis cuando las veis en otro trozo de valla. Lo habéis conseguido. Ahora tan sólo queda aguantar así unas... ¿3 horas? Porque entre que la gente entre, se coloque, publicidad por allí, publicidad por allá, que si un telonero, que si otro, ¡(e incluso un tercero!), más otra pausa la leche de larga antes del artista principal. Para entonces ha vuelto a suceder lo mismo que afuera: de tener una explanada donde poder sentarte e incluso recostarte, acabas encajonada casi de perfil entre tu amiga y una desconocida que te clava el codo en las costillas. No siempre a propósito. Pero la mayoría de los casos sí.

Y lo peor está por venir. El momento de la salida (triunfal o cutre salchichera, depende del artista y de la gira) provoca un efecto automático en toda la peña que tienes detrás. Se abalanzan hacia delante como si el escenario principal estuviera a 2 metros en vez de a 200. Desde mi propia experiencia, diré que esto suele suceder en un 95% de los casos en España y el 5% restante en Reino Unido. Spain is different. Me río cuando el artista jovencillo de turno dice que las fans españolas son muy pasionales, forma educada de decir: sabemos lo que hacéis y que estáis dispuestas a matar por una primera fila, y eso acojona. ¡Haber cogido susto, chatos!




Cuando los ves salir, ya te metes en otro mundo, donde cualquiera que ose romper esa burbuja, sea amiga o no, puede ser decapitada de un mordisco. En un primer momento no te crees que sean de carne y hueso, y que los tienes ahí enfrente. A 200 metros, pero ahí, respirando el aire que respiras (o al menos intentas). Luego ya ves más allá: ves a los bailarines, la decoración, la ropa que llevan, los efectos especiales,... Y empiezas a echar fotos a mansalva, como si no hubiera mañana. Fotos a 200 metros con cámara digital de zoom más bien penoso. Ahora en frío es cuando dices: es una tontería hacer fotos, no van a salir con esas condiciones. Pero te digo yo que con toda la emoción te olvidas de hasta cómo se hacen las fotos, y luego al verlas verás un pie de alguien que no sabes si es del técnico que pasaba por ahí o de tu artista. Sin embargo, cuando ya se es un poco más mayor, el primer subidón sigue estando ahí pero es más corto, y en plan maruja total continúas con tu amiga hablando de tal o cual bailarín, o el favorcillo que le haríais al técnico mientras no le quitas ojo al artista que está con la típica charla de bienvenida (gracias por venir, sois el mejor público, bla, bla, bla...).

Después, pues lo normal, el grupo de turno empieza con las canciones de su último álbum, empolladas por ti con ahínco para destrozarlas, pero bueno, entre más de 5.000 espectadores desafinando, al final parece que suena bien y todo. Luego están las canciones de los primeros discos o las clásicas y más significativas, donde las que más se emocionan suelen ser las que siguen a la banda desde más atrás en el tiempo. Y para terminar, una canción que supone, a veces, el apoteosis de todo el evento.




Y en cuanto te descuidas, te das cuenta, c'est fini! Se acabó. Te quedas con cara de tonta y sonrisa de gilipollas como cuando te despiertas al caer de la cama tras un sueño idílico. Lo normal tras tremenda guerra que supone acudir a un concierto de estas dimensiones y características, es caer en coma en la primera cosa donde te acurruques, sea un coche, una colchoneta o una cama. Lo que sea, cualquier cosa te sirve para dormir.

sábado, 17 de marzo de 2012

Día de concierto - 1



Llegó el gran día. No importa dónde, ni cómo, ni siquiera si has dormido la última noche. Hoy sólo existe una palabra, una idea, un concepto, un tema de conversación, un sueño: el concierto. No crees que haya llegado el día, si hace apenas unos meses andabas de un lado para otro buscando vuelos, descargando planos, y gastándote una millonada en teléfono móvil.

Pero ha llegado. Hoy es el gran día. Tienes lo imprescindible: algo de beber y algo de picar para las largas horas de espera en cola, unas cuantas capas de ropa si es invierno, el dinero, el móvil, la entrada, importantísima, el billete de vuelta al hotel, y la cámara de fotos para inmortalizar cada momento, y el escondite donde la vas a meter para cuando abran las puertas. Está todo planeado. Quedan 10 horas para la apertura de puertas.


Pero lo más importante, la entrada. Es lo primero que confirmas que está dentro de tu bolso, y que revisas cada cinco minutos no vaya a ser que le salgan patitas y prefiera irse de turismo a estar en el concierto. Y revisas la hora de apertura de puertas, y miras tu reloj, y observas cada movimiento de los guardias que empiezan a multiplicarse, y la gente de tu alrededor que comienza a armar escándalo, y estás atenta a los rumores sobre avistamientos de monovolúmenes con cristales tintados (“¿Serán ellos?”, “Los han visto en tal sitio”, “Ya han salido del hotel”, “¡Ya están ensayando!”), y algo se palpa en el ambiente. Cada vez más tensión, cada vez más risas nerviosas, más miradas con mensajes ocultos, más movimientos sospechosos de los de seguridad y de la tía que se te intenta colar, y gente que se levante y echa a correr en dirección a la parte trasera del recinto, y móviles sonando por doquier, y el pesado que hace reventa, y las que retocan a última hora la pancarta a todo correr. Puro estrés. Y quedan 5 horas para la apertura de puertas.

Las piernas te duelen, tienes el trasero plano de estar tanto tiempo sentada, el calor del sol es asfixiante, y la cabeza te marcha a mil por hora. Decides levantarte y dar una vuelta con alguien, para ver los alrededores y estirar las piernas. Y para probar a ver si suena la flauta y los ves. Obviamente no lo dices, pero lo piensas. Ahí vas tú, armada con tu cámara, haciendo fotos de todo por puro aburrimiento. Haces fotos al estadio desde todos los ángulos posibles, haces fotos a esa columna extraña cuya función no consigues ni imaginar, haces fotos a las piedras, a las flores, a tu acompañante haciendo el ganso, autofotos haciendo el ganso también, fotos de los dos haciendo el ganso al mismo tiempo, a la posible entrada por la que ha pasado o pasará la banda, a los camiones que traen y montan el escenario, al macizo que descarga cosas de él, a la posible puerta por la que te dan ganas de colarte, a esa misteriosa furgoneta oscura con cristales tintados… Y aún quedan 4 horas para la apertura de puertas.


 Vuelves a tu sitio, percatándote de que la gente ha empezado a levantarse. No hay nada que indique que vayan a prepararnos para entrar. Como siempre, te pones en lo peor. De pie lo tienen más fácil para colarse, seguro que es eso. Así que corres rauda a tu sitio, ese hueco que tenías para sentarte con las piernas estiradas y medio recostada ahora se ha convertido en un metro por un metro donde malamente te sientas con las piernas encogidas. Resoplas. La gente que está de pie a tu alrededor te da sombra, pero al estar más cerca, te da más calor, y eso si tienes la suerte de que no te pisen. Total, tú también acabas poniéndote de pie. Observas tu reloj, por si posees un poder oculto de telequinesis para que las agujas se muevan más rápido. Relees la entrada, por si acaso la entrada, como ente vivo que es, ha cambiado la hora de apertura. Te entretienes con el logo que brilla en un color u otro según le dé el sol, criticas el diseño del trozo de papel para bien o para mal, tu grupo y tú habláis sobre las diferencias entre las entradas o exponéis vuestras teorías sobre esos números extraños que hay en los laterales de las mismas, evitáis a toda costa prestar atención a las anotaciones agoreras que hay en la parte trasera del papel, no vaya a ser que se gafe el concierto. Se acaba todo el entretenimiento que se os ocurre. Y quedan 2 horas para la apertura de puertas.

Unos ruidos metálicos provocan un silencio que dura un segundo, seguido de un alboroto generalizado. Las miradas severas de los seguratas intentan convencer de que más vale no darles problemas. Pobres ingenuos. No saben lo que les espera. Recoges todo corriendo, colocas la cámara de fotos en su escondite por si las moscas, agarras bien fuerte tu entrada y empiezas a sacar los dientes a cualquiera que haga movimientos sospechosos contra ti o contra alguno de tus acompañantes. Comienzas a ponerte en posición, planeas la estrategia de entrada al estadio al milímetro como si estuvieras en la III Guerra Mundial, todo tu grupo tiene que llegar a primera fila sin desintegrarse. Si no es el primero al que vas, sabes que es una tarea muy difícil, pero no imposible. Dais las últimas instrucciones: "cuidado con los escalones", "no os separéis", "agarraos bien y expandiros todo lo que podáis en la valla" y demás señas. Los seguratas han terminado de poner las vallas y de intentar formar filas para facilitar la entrada. Y queda una hora para la apertura...

viernes, 16 de marzo de 2012

Preparación


Tienes la entrada. Tienes la compañía. La maleta, casi a punto. No importa que queden meses. Pero los días vuelan, hay que ponerse en marcha, y quedan muchas cosas que organizar.

Primer paso: vuelos.
Si el grupo/cantante es internacional, y con las ofertas de viaje de hoy en día, las aerolíneas de bajo coste son las más rentables, sobre todo si piensas ir a varias ciudades durante la gira. España suele ser de los últimos países que los artistas internacionales visitan, si tienes la suerte de que vengan (en el caso de Take That, los hechos lo demuestran: primera visita con el Beautiful World, y da gracias), así que las opciones acaban siendo países cercanos como Francia o Italia, o Reino Unido donde la cantidad de conciertos es mayor. Pero también hay muy buenas ofertas para Alemania o Centroeuropa, con lo cual todo depende de los deseos o la economía.

Y ahora llega lo bueno. Ya tienes la ciudad, y rápidamente el aeropuerto, pero combinar a tu amiga de Galicia, con tu amiga de Andalucía y tú que vives en Aragón, es bastante complicado, y sobre todo cuando a cierta edad hay mayoría de gente trabajando que estudiando, complicándolo todo aún más. En lo que tardan en elegir día de salida, las tarifas varían de manera inesperada, incluso se han dado casos en el mismo día. Pero al final, con un poco de paciencia, conseguís los billetes.

Aparte de los aviones, hay gente que opta por combinaciones más baratas pero con su parte mala, es frecuente que el trayecto hasta destino sea extenso. La comodidad en estos casos tiene que ser un factor importante a tener en cuenta, pues son muchas horas en comparación con el avión. Los trenes hacia el extranjero tienen precios exorbitados pero son cómodos y con suficientes facilidades para amenizar el trayecto. Los autocares son la opción más barata, y la más incómoda. No puedes moverte de tu asiento excepto en las paradas programadas, y los asientos no se distancian demasiado entre ellos, así que si tienes las piernas largas, es totalmente desaconsejable. Además un viaje al extranjero en autobús no suele durar menos de 24 horas (a no ser que vivas muy al norte). Los más aventureros van en coche, propio o alquilado, teniendo más libertad de movimiento tanto durante el trayecto como en la ciudad de destino. Pero claro, antes hay que enterarse de los códigos de circulación de las zonas por las que vayas a pasar, y el eterno problema de aparcamiento.

Segundo paso: hoteles (o sucedáneos)
Más vale malo conocido… como dice el refrán.

Hay una gran variedad de hoteles, tenemos desde hoteles de 5 (o más) estrellas, aquellos que interesan a dos tipos de fans: uno, las groupies de turno; dos, las pijas que no pueden dormir en un sitio cualquiera. Muchas veces (fíjate qué coincidencia) ambos tipos se encuentran en la misma persona. Luego está la gente que ha ahorrado lo bastante porque ese viaje es fuera de lo normal, es más especial de lo que suele ser. Son hoteles de esos que tienes quien te lleve la maleta a la habitación, te dan un detallito de bienvenida, y te saludan SIEMPRE que te los cruzas. La educación ante todo, no sólo en los saludos, sino también en la manera de expresarse y de gesticular. No me extrañaría que estuvieran obligados a hacer un curso de protocolo si no lo han hecho previamente. Y es que un hotel de tal categoría no puede tener fallos. Te puede gustar más o menos el estilo barroco de las paredes tapizadas y suelos enmoquetados a lo Luis XVI, o el diseño cubista de la fachada que te desorienta y que si no fuera por el maletero de la puerta, no sabrías por dónde entrar, pero tienes que buscar bien los fallos, o tener la mala suerte de haberte metido en un hotel de muchas estrellas pero desde hace un siglo.

Pero el resto de los mortales somos más prácticos. Necesitamos una cama donde dormir y una ducha. Ya está. Vas de concierto, vas a pasarte horas haciendo cola, tras el concierto estás reventado y sólo piensas en dormir, y si te queda tiempo libre, normalmente lo utilizas para hacer turismo.

Si vas con un grupo numeroso, los albergues para mochileros salen bastante bien de precio. Los precios son más bajos cuanto más gente metas en una habitación, y la mayoría de veces incluye desayuno o al menos una cocina que los huéspedes pueden usar. Lo malo es compartir el baño con toda la planta, no apto para quisquillosos/escrupulosos, pero si buscas bien, hay alberges que cuidan mucho de la limpieza en las zonas comunes.

Si vais un grupo de entre 3 y 5 personas, yo siempre aconsejo coger un hostal, o un bed&breakfast en el caso de Reino Unido, ante todo si la idea de compartir habitación con desconocidos no os convence. Estos hostales suelen ser dos o tres edificios de viviendas colindantes, todas ellas reformadas para alojar a visitantes. Cierto es que hoy en día encontrar un hostal cuya reforma haya ocurrido hace poco es raro. Pero, como en el caso de los albergues, la calidad de las instalaciones depende de cada edificio, no de la cantidad de estrellas o de los comentarios que encuentres por Internet. Los fallos de estos sitios suelen ser camas viejas, paredes desconchadas, alguna que otra cosa rota como lámparas, cajones, etc., cosas que yo personalmente considero se pueden pasar por alto. Luego hay fallos más graves como puertas que no cierran bien, problemas de insectos, etc. Pero irse de gira y descubrir sitios nuevos conllevan sus riesgos.

Otra opción, menos usual y más cara, son los apartahoteles. Son apartamentos para 1 o 2 personas, menos frecuentes para 3 o 4. No he encontrado ninguno para 5 personas de momento. Te ofrecen la comodidad de estar como en tu casa, cocinar tú mismo pues ya vienen equipados con todos los utensilios: cubiertos, vajilla, cazos y sartenes. Por contraparte, y al igual que en tu casa, te tienes que encargar de la limpieza. En estos alojamientos, el precio de la habitación depende de la duración de la estancia. Si por ejemplo vas a aprovechar el viaje y vas a estar de turismo durante la semana del concierto o más tiempo, es una opción a contemplar, pues suele haber descuentos bastante interesantes a partir del quinto día aproximadamente. Además, hacer la compra en un supermercado sale más rentable que comer en restaurantes, sean o no de comida rápida.

Una vez comprados los billetes, y reservado el hotel, ya empiezan otros tipos de compras (¡si es que todo es gasto!). Hay que tener en cuenta el gasto de transporte desde el aeropuerto hasta el hotel; luego, si no va incluido, el que usas para moverte por la ciudad o para llegar al estadio que, al igual que el aeropuerto, no está cerca del centro de la ciudad. Esto muchas veces puedes gestionarlo a través de Internet, a veces con algunos descuentos, de tal manera que los títulos de transporte los tienes previamente al viaje, para mayor organización y agilidad a la hora de moverte por la ciudad. Llegas y no tienes que desperdiciar tiempo haciendo colas interminables o intentando explicarte en un idioma extranjero nada más llegar.

Todo eso en cuanto a gasto que tienes a 6 meses de la fecha clave. Luego una vez allí hay que contar con dinero para comida, dinero para merchandising, dinero para souvenirs, dinero para imprevistos, etc.

Y es que nadie dijo que ser fan fuera barato.